El conflicto del Sáhara acampa en el centro de Segovia

Grupo de gente dentro de la jaima situada en la avenida del Acueducto durante este fin de semana. / Antonio Tanarro

Catorce niños saharauis disfrutan del verano en Segovia dentro del programa Vacaciones en Paz

LAURA MARTÍNEZ Segovia

Como cada verano desde hace cinco años, este sábado ha quedado instalada la jaima de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui en la céntrica avenida del Acueducto de Segovia. Su intención es la de llamar la atención sobrela situación que lleva viviendo este pueblo desde hace casi cuarenta y dos años. Su presidente, Javier Moratalla, señala que «alrededor de 200.000 saharauis que van a los campamentos y otros 150.000 que viven en el Sáhara Occidental son los que sufren las consecuencias después de que Marruecos ocupase este territorio, que suponía la provincia número cincuenta y tres del territorio español».

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Administrativamente, era España quien gobernaba el Sáhara y en el momento en que sucedió el asedio marroquí, ocurrió la muerte de Franco y el asunto quedó inconcluso. De la misma manera se encuentra hoy en día. Antaño, «Naciones Unidas, apretó un poco para que España formalizase la descolonización de ese territorio», afirma Moratalla, pero la cuestión se quedó en agua de borrajas.

Intento de sensibilizar

El objetivo de la jaima es simular una de las tiendas que se encuentran en los campamentos de refugiados de saharauis. Los organizadores no pretenden que la gente lleve comida o ropa, que la aceptarían gustosamente, sino que su deseo es calar en la opinión pública y hacer un llamamiento a las instituciones de la comunidad autónoma para que se unan a la causa y, de esta manera, poder ejercer la presión necesaria y conseguir un referendum para que los saharauis puedan elegir su futuro libremente.

«Los niños que nos acompañan son del programa de Vacaciones en Paz que nuestra asociación lleva trayendo a Segovia veinte años», apunta el presidente. Y es que ya son alrededor de 400 los menores que en estos veinte años de historia del proyecto han disfrutado del verano con sus familias de acogida segovianas. Desde principios de este mes, son seis niñas y ocho niños los que pasan su estío en paz, alejados del conflicto y de las penurias de los campamentos. «Desconectan de aquel ambiente, conocen otra cultura y también aprovechan para hacerse chequeos médicos», afirma el delegado saharaui de Castilla y León, Mohamed Labat.

Se trata de unas jornadas de convivencia con las familias de acogida y los niños, «que son nuestros pequeños embajadores en Segovia», añade el delegado. «Los segovianos ayudan, siempre hemos tenido familias de sobra para la acogida de niños saharauis, lo que demuestra que la ciudadanía segoviana tiene un comportamiento bastante humanitario», sentencia Javier Moratalla.

Presos políticos

Aprovechando el acto, otra de las reivindicaciones de la jaima es la liberación de los presos políticos del campamento Gdeim Izik, en el Sáhara Occidental. Según relata el presidente de la asociación, en 2010 se concentraron a las afueras de El Ayoun un grupo de ciudadanos saharauis pidiendo derechos y mejoras sociales. Llegaron a montar unas 20.000 tiendas que fueron desmanteladas una noche a manos de las fuerzas marroquíes, quienes acusaban a los protestantes de haber acabado con la vida de once policías.

«Cosa que es incierta porque nunca se presentaron cadáveres ni pruebas. Además fueron juzgados por un tribunal militar cuando no tienen competencia en este caso y ahora están condenados a cadena perpetua», asevera Moratalla. Según Amnistía Internacional y Human Rights, este juicio no tiene «nada de legal»; pero, de momento, no hay nadie que ponga veto a Marruecos.

La situación en los campos de refugiados del Sahara es crítica

«Situar la jaima en esta transitada calle de Segovia, es una manera de llamar a la ciudadanía y de informar que llevan 42 años viviendo como refugiados en mitad del desierto y de la necesidad de ayuda humanitaria que se requiere. Allí no se puede trabajar ni producir ni nada. Son condiciones infrahumanas, en las que llevan viviendo ya 3 o 4 generaciones», dijo Javier Moratalla, presidente de la Asociación.

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