El renacer de la resina

Javier Rincón, uno de los pocos resineros históricos que siguen en activo en la provincia de Segovia. /Eva Esteban
Javier Rincón, uno de los pocos resineros históricos que siguen en activo en la provincia de Segovia. / Eva Esteban

El sector está recuperando sus mejores cifras de producción mientras que el número de trabajadores que se dedican a ello es cada vez más elevado

EVA ESTEBAN Coca

Ahora ya no hay duda. El auge de la resina ya no es transitorio, la crisis ha devuelto a los resineros a los pinares. Como resultado, la extracción de pinos, abandonada durante décadas, alcanza cifras cada vez mejores. A poco menos de un mes del cierre de recogida de la resina, la campaña presenta muy buenas perspectivas dentro de la industria: «Esperemos que la evolución y el crecimiento continúen», señala el director de fábrica de Luresa Resinas S.L., Miguel Ángel Esteban. «Que siga así durante mucho tiempo. Tenemos que seguir viviendo de esto al menos veinte años más», sentencia un grupo de vigorosos resineros a punto de comenzar la jornada laboral.

El sector de la resina ha sido durante más de un siglo una de las ocupaciones que más importancia ha tenido tanto para generar empleo como para la conservación del medio rural. A lo largo del siglo XX, la mitad de las provincias españolas ya se dedicaban a la extracción del pino. En Castilla y León, sólo Palencia y Zamora se mantuvieron al margen.

«Antes se vivía bien de la resina. Ahora sacamos lo justo para llegar a fin de mes», sentencia Javier Rincón, uno de los pocos jornaleros en activo en la provincia de Segovia desde los años sesenta. Esta década es considerada la de máximo esplendor de la resinación; fue uno de los momentos clave para la evolución y desarrollo de la actividad, alcanzando cifras memorables en fabricación y elaboración –entre cuarenta y cincuenta mil toneladas– y en ocupación, empleando a más de nueve mil personas. Sin embargo, desde hace algunos años, se ha visto inmerso en una profunda crisis, principalmente tras la penetración en el mercado de grandes potencias como China o Brasil, que hacían imposible la competitividad por los reducidos precios a los que ofertaban la colofonia.

Pero el sector no solo es primordial e influyente por el número de trabajos que genera, sino que también es una herramienta de conservación de los pinares. El Pinus pinaster, caracterizado por su elevada altura –entre 20 y 35 metros– y su copa desigual y abierta, es la única especie productora de resina en la actualidad. Presente en todas las regiones de Castilla y León, ocupa un 5% de la superficie total de la región, es decir, en torno a 400.000 hectáreas. El mar de Tierra de Pinares que constituye el pino resinero tiene gran variedad de funciones, y de ello son conscientes dentro del sector forestal: «La labor que ejercen los resineros es fundamental, aunque su trabajo quede en un segundo plano. Ayudan a la salubridad y conservación del pino y favorecen la presencia de animales autóctonos o evitan incendios», concluye Esther Tejedor Chicote, técnico especialista en Gestión de Recursos Naturales y Paisajísticos.

«Antes se vivía bien de la resina; ahora sacamos lo justo para llegar a fin de mes»

Los propios resineros son conocedores de la multifuncionalidad que generan en los bosques pero, a pesar de ello, muchos deciden desentenderse por la laboriosidad del trabajo. «Nos toca hacer hincapié para que muchos no abandonen, puesto que es un trabajo duro y las condiciones tampoco son buenas», dice Francisca Jurado Loriente, presidenta de la Asociación Nacional de Resineros, una entidad sin ánimo de lucro constituida en el año 2013 «por las condiciones inviables de la resinación» y con el objetivo de «lograr mejoras y derechos para los trabajadores».

La campaña usual comienza en el mes de marzo y finaliza a mediados de noviembre. Siete intensos meses en los que los resineros trabajan durante largas horas: «Somos autónomos y no tenemos un horario fijo. Lo más duro es que es un trabajo a tiempo parcial y, además, llevamos dos años en los que nos bajan el precio del barril de miera», lamenta Rincón. En el caso de este derivado, cada kilogramo obtenido se remunera con un euro, por lo que de cada barrica estándar de 200 kilogramos se generan 200 euros. Por su parte, en el caso de los derivados como la colofonia o el aguarrás, «al requerir el valor añadido de la modificación y la mano de obra, se paga en torno al 1,12 euros el kilo», asegura Esteban.

En la actualidad hay muchos más pinos que resinar que obreros dispuestos a ello. Sin embargo, muchos se han enfundado el mono de trabajo y han desempolvado las herramientas de trabajo. El bosque vuelve a reinar; los resineros han recuperado su oficio, especialmente tras el estallido de la crisis económica en el año 2008. La ocupación dentro del sector ha sufrido altibajos pronunciados tanto a nivel regional como nacional. Desde el año 2010, la ocupación dentro del sector se ha multiplicado por tres, tal y como afirman fuentes de la Consejería de Fomento y Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León. Ha salido reforzado en favor de otros como la construcción, uno de los grandes perjudicados por la crisis. «En los últimos años hemos notado como hemos visto como profesionales de otros sectores se dedican a la extracción de resina», dice Esteban. «En la actualidad tenemos trescientos resineros trabajando para nosotros, y las expectativas son muy buenas», concluye.

En la actualidad, hay muchos más pinos que resinar que obreros dispuestos a ello

La transformación y crecimiento que el sector ha experimentado en los últimos años es perceptible sólo con observar los datos de producción. Si bien en 2010 se elaboraron dos mil toneladas de resina, en 2016 la fabricación ya se había reproducido por seis. Todo ello sin tener en cuenta la producción de los derivados y modificados de la misma como la colofonia y el aguarrás, que el año pasado llegó a las catorce mil toneladas. En producción de miera, hemos crecido durante los últimos siete años, principalmente por la crisis. «En derivados nos mantenemos estables, aunque creciendo poco a poco», asegura el director de fábrica de Luresa Resinas.

En Castilla y León, actualmente, hay cuatro destiladoras de miera: una en Soria y tres en Segovia, de las cuales una se encuentra en la fábrica Resinas Naturales de Cuéllar, creada en el año 2010, y dos en Coca. En esta última localidad se sitúa una de las empresas más importantes de transformación de resina en España: Luresa Resinas S.L., antigua Unión Resinera Española, una empresa fundada en 1898 que llegó a ser una de las más representativas a nivel nacional durante el siglo pasado. Fue adquirida en el año 2013 por la organización Resinas de Brasil, que cuenta con dos fábricas en España y siete en Brasil.

Del total de producción de miera obtenido en España, más del 50% se produce en Luresa: «Somos un referente a nivel nacional», apostilla Esteban. En la actualidad, son la única factoría de modificados existente en el país: «El año pasado llegamos a producir más de la mitad del total de derivados a nivel nacional», continúa.

El mundo está pegado a la resina. Lejos de convertirse en una tendencia pasajera, el auge del sector se está consolidando. Los jornaleros vuelven al bosque, ese que tantas alegrías y penas a partes iguales les ha otorgado. Mientras llore el árbol, reirá el resinero.

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