Regalo de Navidad en familia

Un momento de la actuación. /El Norte
Un momento de la actuación. / El Norte

El Juan Bravo registró una de las mejores taquillas desde su reapertura

A. V.Segovia

CRÓNICA

24/12/2017

Lo normal, después de la hora y media de concierto con aumentativo que se tocaron ayer los Travellin’ Brothers en el teatro Juan Bravo de la Diputación, es que los vinilos puestos a la venta a la salida del recinto se agotasen -como así ocurrió- en cuestión de minutos. Lo espectacular habría sido poder llevarse a los ocho músicos a casa y que, al menos durante la Navidad, siempre que alguien quisiera escuchar su ‘Christmas special’, tuviera la ocasión de disfrutar de su directo. Habrá que conformarse con haber tenido un regalo anticipado de Navidad en forma de concierto y haberlo disfrutado en familia; la que quedó comprobado que forman ellos sobre el escenario, y las que se pudieron encontrar entre las butacas del teatro.

Y es que el concierto de los ‘hermanos viajeros’ fue un auténtico regalo. Parece pecado que la entrada al recital únicamente costase nueve euros. Nueve euros. Los solos de guitarra de Aitor Cañibano, la voz de Jon Careaga, las manos de Mikel Azpiroz sobre el Hammond o sobre el piano de cola, la majestuosidad de Alain Sancho al saxo… Nueve euros. Habría sido complicado ponerle un precio justo al concierto, pero es bonito imaginar que la cultura lo sabrá amortizar en el futuro; el día en que el gran número de niños presentes entre los espectadores recuerden que unas navidades sus padres o sus abuelos les regalaron, un día antes de que Papá Noel les dejase una pistola de plástico, un muñeco inexpresivo o un juego de mesa, un concierto en el que pudieron ver lo que supone la complicidad entre los músicos de una banda, lo que es aconsejable que sea un cantante, además de una buena voz, lo grandioso que son el jazz y el blues en directo o lo distintos que suenan un bajo eléctrico y un contrabajo.

Para ser justos con los espectadores, es preciso decir que el público entendió el regalo desde la taquilla. El teatro Juan Bravo registró una de las mejores entradas desde su reapertura, y una vez dentro los asistentes acompañaron con palmas –y, además, palmas al compás; misión complicada en Segovia- antes de que se lo pidieran, siguieron el juego a Careaga cada vez que bajó a cantar entre butacas, cantaron e hicieron coros cuando fueron invitados a hacerlo, e incluso no opusieron ningún tipo de resistencia cuando se les demandó que hicieran el baile del pollo. Bueno, algún gallina despistado sí que hubo en ese momento.

El concierto tuvo momentos de ese tipo de magia que sólo se crea con la varita de la música, como cuando Alain Sancho se puso en el centro del escenario y, cerrando los ojos transportó a los presentes con su saxo de las notas suaves del ‘Adeste fideles’ a la fuerza de una canción ambiental, como cuando el mismo Alain Sancho apareció por el patio de butacas incorporándose a la capella de Jon Careaga, o como cuando éste pidió a los espectadores que cantaran cada “what a wonderful world” en su versión del tema de Louis Armstrong.

Imaginar por qué hace dos años los Travellin’ Brothers fueron nombrados la mejor banda de blues de Europa fue sencillo a partir de las primeras canciones y se fue confirmando a raíz de momentos como éstos. A veces no sólo basta con tener a los mejores músicos sobre el escenario; a veces lo importante es que esos mismos músicos se comporten como hermanos sobre las tablas. Que dé la sensación de que la música corre de la misma manera por su sangre.

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