«En un pueblo, aunque viva poca gente, te sientes siempre acompañado»

María Guijarro posa en su despacho de Riaza. /El Norte
María Guijarro posa en su despacho de Riaza. / El Norte
Emprender en el pueblo

María Guijarro decidió que ya era hora de cumplir un anhelo de toda la vida: montar una asesoría laboral y fiscal en Riaza y volver a vivir a su pueblo de la infancia, Cascajares

RAFAEL DE ROJASSegovia

Tras una larga carrera profesional como asesora en Madrid, María Guijarro tenía muy claro que volver a su pueblo, Cascajares, iba a significar ganar calidad de vida. La asesoría que abrió junto a una socia hace un año en Riaza bajo el nombre Guijarro & Ruiz Asesores S.L. era una necesidad vital que iba a materializarse tarde o temprano. Sobre todo si tenemos en cuenta que llevaba años deseando emprender: «Lo tuve en mente desde que empecé a estudiar, a los 18 ó 20 años», dice.

María pasó su infancia y su adolescencia en Cascajares, una pequeña localidad a 15 kilómetros de Riaza a la que ahora ha regresado. «Aquí es donde viví hasta que me fui a estudiar a Madrid. Es una aldea chiquitita, con solo seis casas habitadas en invierno, pero con mucho encanto y mucha afluencia de gente en verano, en Semana Santa… Igual Cascajares no tiene nada de especial, pero cada uno a su pueblo siempre le encuentra algo. Es muy tranquilo y muy familiar, casi todo el pueblo somos familia. Y aunque no lo seamos hay un ambiente familiar y todo el mundo se ayuda. Si fallece alguien, estén donde estén, vienen. Te sientes muy acompañado», explica.

A sus 35 años, a María solo le quedan un puñado de asignaturas para licenciarse en Derecho, una carrera que está estudiando a distancia a través de la Uned. Antes de eso, ya completó un ciclo formativo de grado superior de Secretariado, una diplomatura en Relaciones Laborales, un máster en Asesoría fiscal, laboral y contable y diversos cursos complementarios, como uno de Retribución y Compensación en CEF.

A esta emprendedora segoviana le apasiona formarse: «Sí que es verdad que Derecho lo empecé un poco por placer, entre comillas, pero también por completar la formación y porque me venía muy bien para la asesoría. Todo está relacionado, pero, además, saber derecho también te ayuda en el día a día. Es lo típico que vas al banco a pedir un préstamo y al final tienes un montón de documentación que firmas sin leerla. Mucha gente no sabe interpretar lo que firma y es algo con lo que te tienes que enfrentar a diario», señala.

Después de pasar por un trabajo en recursos humanos y en el impasse entre empleo y empleo, María se preguntó una vez más «por qué no hacer para mí lo que hacía para otros». Ya tenía la experiencia y también una socia, Susana Ruiz, que estaba en el paro en ese momento. «Vi que ya era el momento. A lo mejor luego iba a ser más mayor o iba a tener otras necesidades», expone. De aquel impulso, terminaría naciendo la empresa en junio de 2016. María se ocuparía de los temas laborales y Susana de los fiscales.

A la asesoría, que comparte oficina en Riaza con un agente de la empresa de seguros Caser, se va a unir próximamente la hermana de María, Marta. La emprendedora define la sociedad como «un equipo joven, cercano, flexible y de confianza». «Somos una asesoría de nueva generación que ofrece un servicio de calidad, rápido y eficaz a particulares, autónomos y empresas. Trabajamos con el objetivo de reducir la carga fiscal de nuestros clientes y les proporcionamos las mejores herramientas para la toma de decisiones. Nuestros servicios aportan un asesoramiento integral y tratamos las diferentes áreas que rodean a todo negocio: fiscal, contable y laboral, además de la administración de fincas. Es decir, todas las obligaciones formales que las diferentes administraciones requieren a las empresas en el desarrollo de su actividad», define.

«En el día a día hay miles de casuísticas –expone María–. El particular viene con problemas como ‘me ha llegado una carta de Hacienda ¿qué significa?’ o ‘necesito que mi padre me deje dinero ¿cómo lo gestiono? Luego las empresas o autónomos quieren saber cómo contratar o qué bonificaciones tienen. Los temas laborales son los que más me gustan. Todo el mundo tiene contratos y necesita asesoramiento con temas como horarios o retenciones y me gusta ayudarles. Todo el mundo tiene que enfrentarse a ello alguna vez».

Al final, María consiguió sus objetivos principales con la empresa. «Quería un poco de libertad en la forma de organizarme, sin horarios rígidos ni directrices. Nada es de color de rosa, pero lo he conseguido: soy yo la que tomo las decisiones y la que organizo mi tiempo», dice. «Por lo general abrimos a las 9, con un horario de mañana de 9 a 2. Nuestro negocio funciona más o menos bajo cita, es raro que un cliente se presente sin avisar. Eso nos da muchísima libertad a la hora de gestionarnos y no nos limita a un horario. Por las tardes, aunque trabajamos, tienes la libertad de hacerlo en la oficina o en casa. Parte de nuestro trabajo se puede hacer a distancia y además hacemos visitas a domicilio», argumenta.

La ventaja de emprender en el pueblo es «que el tiempo te cunde muchísimo». «De Cascajares a Riaza tardo 12 minutos. Estoy siempre a las 9, sin atascos. En Madrid no podías estar segura de eso y si tenías que hacer una cosa te ocupaba toda la tarde». En un pueblo, «aunque viva poca gente, te sientes siempre acompañado, mientras que en Madrid, aunque haya tanta gente, te puedes sentir solo –expone–. En Cascajares no hay tiendas ni nada, pero realmente no lo necesitas, porque ganas un montón en calidad de vida».

Una de las ventajas que encontró María al poner en marcha la asesoría fue la de que al tratarse de un proyecto continuista de servicios no requería mucha formación adicional ni mucha inversión: «Solo un ordenador, unas estanterías y poco más. Era más una cuestión de conocimientos que otra cosa», dice. Al ser una sociedad, «tampoco teníamos acceso a muchas subvenciones, pero vimos la de nuevos emprendedores de la provincia de Segovia en el boletín de la Diputación y nos la han concedido ahora», indica.

Para abrir un negocio en la provincia recomienda «paciencia». «Es verdad que un negocio en un pueblo, si tiene razón de ser, puede salir adelante perfectamente, pero siempre hay que hacerlo con cabeza. Hay que tener en cuenta las necesidades que tienen en la zona. Por ejemplo, montar una tercera frutería en un pueblo pequeño igual no tiene sentido. Además hay que contar con la desconfianza inicial. En el pueblo la gente es un poco reticente a cambiar y probar al principio, pero si demuestras que eres eficiente tienes un cliente para toda la vida. Es una cuestión de confianza», concluye.

Fotos

Vídeos