La provincia de Segovia ha perdido 15 colegios rurales en siete años

Enseres recogidos en una de las aulas del colegio de Garcillán.
Enseres recogidos en una de las aulas del colegio de Garcillán. / Quique Yuste

Si no alcanza antes del miércoles los cuatro alumnos, este curso cerrará la escuela de Garcillán

CLAUDIA CARRASCALSegovia

Sobre la tendencia de población en el medio rural la mayoría es pesimista. Se certifica cada año con el cierre de decenas de servicios básicos esenciales en la provincia. La desaparición de colegios es, precisamente, uno de los termómetros que reflejan una población cada día más envejecida y un escaso relevo generacional en estos enclaves. En tan solo siete años se han cerrado en Segovia quince escuelas rurales y decenas de unidades en los demás centros. «La situación es muy triste, y cuando servicios como colegios, centros de salud o transporte desaparecen en un pueblo, la población se desplaza a núcleos cada vez mayores o a la ciudad», asegura la portavoz del sindicato de Trabajadoras y Trabajadores de la Enseñanza de Castilla y León (Stecyl), Christina Fulconis. Esta realidad preocupa seriamente al sindicato, que lleva décadas estudiando la evolución y buscando soluciones al cierre de centros en el medio rural.

Condiciones especiales para captar el cuarto escolar

Todavía queda un resquicio de esperanza hasta el miércoles, cuando se cierra el plazo de matrícula. Si logra un alumno más podrá seguir funcionando; si no, permanecerá cerrado, al menos este curso. Arribas lamenta que Educación ya tenga claro que no estrenará nuevo curso y que haya sacado gran parte del material del aula. Aunque insiste n que el Ayuntamiento, que es el propietario, no ha recibido ninguna comunicación oficial. Los padres de los tres alumnos que deseaban permanecer en Garcillán han firmado un escrito en el que expresan su voluntad de que continúe abierto el centro. Todos prefieren la comodidad de tener el colegio a la puerta de casa, aunque les ofrezcan servicio gratis de autocar hasta Valverde del Majano, a siete kilómetros.

El Consistorio tiene un especial interés en que el colegio siga vivo. La alcaldesa está recorriendo las casas del pueblo para tratar de convencer a las familias con niños de Infantil o Primaria para que dejen a sus hijos en este centro. Ofrece condiciones especiales como ayudas para material escolar o comedor gratis, pero es consciente de que a estas alturas ya no será fácil porque todos los menores están matriculados para este curso en otros. La alcaldesa tiene claro que esta situación perjudica seriamente a Garcillán porque en un pueblo sin colegio es mucho más difícil que se asienten parejas jóvenes con hijos. Indica que la pérdida de un servicio suele conllevar que desaparezcan otros; a su juicio «un paso más para la despoblación y para acabar con el medio rural y es en parte por la falta de implicación de los habitantes».

La portavoz de Stecyl, Christina Fulconis, se muestra preocupada por la desaparición de colegios en Castilla y León. En Segovia han pasado de 50, entre centros de Educación Infantil y Primaria y Centros Rurales Agrupados, en el curso 2010-2011 a los 35 existentes en la actualidad, pero confirma que la situación es todavía peor en las zonas rurales de Zamora o Salamanca. Para evitar esta sangría pide a la Junta de Castilla y León que haga un esfuerzo por mantener los servicios básicos para fijar población en los pueblos y, sobre todo, exige que se tome en serio la crítica situación de despoblación. Y recuerda que los buenos resultados obtenidos en el informe PISA se deben en gran parte a las bajas ratios de alumnos por profesor de las zonas rurales.

La gran extensión del medio rural hace que todavía tenga un importante peso en la comunidad, hasta el punto de que en la provincia de Segovia hay un total de diez institutos de Secundaria, los mismos que existen en la capital. En el caso de los colegios de Infantil y Primaria son 16 en la capital y el mismo número en la provincia, sin embargo, teniendo en cuenta los Centros Rurales Agrupados, otros 19, la cifra de centros educativos para este grupo de edad asciende a 35 en los 209 municipios de Segovia.

El último caso es el del colegio de Garcillán, a 17 kilómetros de Segovia. Siempre ha tenido escuela y, sin embargo, la única aula que quedaba abierta no recibirá a los alumnos tras las vacaciones de verano: al no llegar al mínimo estipulado de cuatro niños, la Consejería de Educación no permite su apertura. Un aula desmantelada, los pocos pupitres que quedan, vacíos, y columpios que no volverán a ser el centro de atención durante los recreos es el panorama del colegio de Garcillán este mes.

El cierre parece inminente y aunque su alcaldesa, Ascensión Arribas, no abandona la lucha reconoce que la situación «es complicada y desesperante». Por el momento solo hay tres familias que quieran matricular a sus hijos en esta sección, dependiente el Centro Rural Agrupado (CRA) Los Llanos de Valverde del Majano. Arribas lamenta las dificultades que pone Educación a los padres para acceder al centro, ya que desde junio se ha acercado alguna familia a preguntar por la posibilidad de apuntar a sus hijos y les han dicho que el colegio se clausuraba definitivamente. «Si hubiesen permitido inscribir a estos alumnos habría más de cuatro y el colegio seguiría abierto», dice.

Garcillán no es uno de esos pueblos azotados por la despoblación o al borde del abandono, tan típicos de Castilla, más bien al contrario. Su censo ha aumentado lenta y progresivamente en cerca de 150 personas desde 1991, hasta alcanzar los 500 habitantes que residen en la actualidad. Además, tiene una pequeña tienda, carnicería, restaurante y dos obradores de pan, uno que distribuye a pueblos de la zona, a Valladolid, Madrid y Segovia.

El desempleo tampoco es significativo. Según Arribas, tan solo hay algún parado joven o de más de 45 años. La vida en el pueblo ha cambiado significativamente en los últimos 20 años, y aunque llega gente nueva se está convirtiendo, cada vez más, en un pueblo dormitorio, en el que sus habitantes apenas hacen vida en las calles. Precisamente, este puede ser, según su alcaldesa, uno de los motivos por los que el colegio tenga que cerrar sus puertas a pesar de haber en el pueblo niños suficientes como para tener varias clases. Ahora hay 18 niños menores de cinco años y muchos más en edad escolar.

Calidad en los centros rurales

Algunos padres llevan a sus hijos a los centros de las cabeceras de comarca o a la ciudad por la ‘diferente’ calidad de la educación. «Creen que la categoría es inferior, pero para nada es así. La profesora que lleva impartiendo clase en este colegio desde hace años es magnífica, ha logrado hacerse con alumnos de todas las edades y está muy implicada, hasta el punto de que han creado una página web y con frecuencia se lleva a los niños a Segovia para explicarles temas como los estilos gótico y románico en directo», explica Arribas.

También destaca la mayor vigilancia y la dedicación a cada alumno y la posibilidad de realizar muchas más actividades que si fueran 30 niños en clase. Una opinión que también comparte el sindicato Stecyl que defiende, según Fulconis, la «calidad impresionante» de los colegios rurales, así como los beneficios que tiene para los alumnos compartir aula con niños más mayores que ellos.

Destaca así la voluntad y el esfuerzo del profesorado y el trabajo directo y personalizado con los estudiantes: «La única carencia que pueden tener si acuden a colegios con muy pocos alumnos es de tipo social, pero cuentan con los mismos recursos que en cualquier otro punto de la comunidad, y también acuden a los pueblos especialistas para atender cualquier tipo de necesidad concreta».

Garcillán llegó a tener hasta tres aulas y más de 30 alumnos hace menos 16 años y de él han salido físicos de prestigio, ingenieros y arquitectos reconocidos, abogados y médicos. Los niños que han estudiado en este centro nunca se han sentido en inferioridad al llegar a cursos superiores y la mayoría han hecho carreras destacadas, señala la alcaldesa.

También contó con servicio de comedor durante un año, pero se suprimió porque solo lo usaba una alumna. Algo parecido ocurrió con la guardería, que formaba parte del programa ‘Crecemos’ de la Junta , pero retiraron la subvención hace más de cuatro años por falta de alumnos, por lo que tuvo que cerrar, a pesar de que era un centro infantil nuevo y mucho más barato que los que suele haber en las ciudades.

Arribas afirma que ahora los padres piden que se reabra la instalación para atender a los más pequeños del municipio, pero ya es muy complicado puesto que el programa ‘Crecemos’ tiende a desaparecer, o al menos, a no aumentar. Por eso, mientras no salga otro pueblo de los que participan en el plan, Garcillán no tendría la opción de acceder de nuevo a la subvención y el Ayuntamiento no se puede permitir mantenerla sin ayudas, al menos, a un precio asequible para las familias, destaca.

Fotos

Vídeos