«Al principio constatas que es un mundo de hombres, pero te haces más puñetera que ellos»

María Jesús abraza a un conejo en su explotación de Nieva. / El Norte

La empresaria segoviana María Jesús Martín, que critica el exceso de trabas administrativas y las políticas de precios, recibirá mañana el premio Orgullo Rural

C. B. E.Segovia

La constancia, la lucha por la igualdad en el masculinizado sector primario, la valentía o su batalla por conseguir unos precios justos en la cadena productiva de la cunicultura son solo algunos de los méritos que el premio Orgullo Rural 2017 le concede a la segoviana María Jesús Martín Sanz. Natural de Aldeanueva del Codonal, esta empresaria ganadera se mudó a Nieva, donde desde hace aproximadamente dieciocho años gestiona su explotación para la cría de conejos. No fue fácil empezar, tampoco lo ha sido llegar hasta aquí, y el futuro arroja muchas más sombras e incertidumbres que luces y esperanza.

María Jesús tiene por norma no rendirse, no bajar los brazos, anticiparse a los problemas y ser cumplidora. «Cuando me han necesitado, siempre he procurado estar ahí», comenta la cunicultora. Son otros de los muchos valores que van implícitos en la distinción que le concede la Fundación de Estudios Rurales, institución surgida en el seno del sindicato agrario Unión de Pequeños Agricultores (UPA), en el que además la segoviana es responsable provincial del área de Mujeres Rurales e Igualdad.

La Fundación Estudios Rurales ensalza su perseverancia para hacerle acreedora de unos de los premios Orgullo Rural de este año. ¿Hasta qué punto esa constancia se ha hecho imprescindible en la supervivencia de las explotaciones agrarias y ganaderas?

–El trabajo cada vez es más complicado, cada vez nos lo ponen más difícil. Todo es papeleo con la administración. Hay muchas trabas y pegas para cualquier proyecto, ya sea para empezar un negocio o ampliar una granja, por ejemplo. Yo sé que el ‘no’ lo tengo, pero si sale algo trato que me lo aprueben.

¿Son suficientes las ayudas que perciben los profesionales que, como usted, viven del campo?

–Dicen que dan ayudas, pero no es cierto. Yo estoy de alta desde el año 1999 y abrí la granja unos meses después y casi no puedo abrirla. Hay muchas más trabas que ayudas; pero yo no pido tanto ayudas como que mi producto valga lo que tiene que valer. El proceso de producción en la cunicultura es más largo que en otras actividades. Desde que nace un conejo han de pasar ocho meses.

Aunque es luchadora y presume de ser optimista, veo que no le gusta el panorama.

–Los sectores primarios están mal. En mi caso, la cunicultura está muy tocada. Yo tenía mil madres y ahora tengo 700 porque tuve que cerrar una de las granjas. Había que hacer reformas y decidí cerrarla a la espera de que la situación mejorase, pero está siendo posible. Llevo dos años seguidos muy bajos, que no salen las cuentas. Sabes que en la cunicultura siempre hay unos meses peores, pero luego remonta hacia julio, agosto, septiembre y octubre para luego volver a bajar; pero ahora ni eso.

«No quiero que mis hijos sufran lo que sufro yo, aunque a mí me encante mi trabajo»

No entiendo a los que dicen que vendiendo a 1,55 euros el kilo se salvan los gastos. Yo hago números y cábalas y me sale que hay que vender a 1,85 como mínimo. De seguir así, te planteas otras cosas y mientras tanto ves cómo van cayendo cunicultores.

¿Entre esas drásticas soluciones también contempla el cierre?

–Solo el mero hecho de plantearme cerrar hace que se me caiga el alma al suelo. Después de cerrar la granja que tenía, que además era la primera que trabajé, me costó meses volver a entrar por la pena inmensa que me daba.

Repartir los huevos en cestas

¿Y alguna solución intermedia en lo que pasa la tormenta?

–Este año había plantado unos viñedos, por eso que se dice de no tener todos los huevos en la misma cesta. Pero, como dice mi hermana, me han crecido los enanos sin tener circo. Aunque había puesto protectores, las condiciones meteorológicas me lo han arrasado todo. El calor me lo ha achicharrado, luego vinieron las heladas, ahora el granizo... Además, se quemó el pinar de la zona. Está siendo un año horrible. También tengo unas tierras, pero no se ha cosechado porque no merece la pena.

¿El hecho se ser mujer en un entorno rural y masculinizado, ha sido una traba más en su trabajo?

–No soy una persona que suela achantarse por las cosas. Es verdad que cuando entras, al principio, constatas que es un mundo de hombres. Con el tiempo vas aprendiendo e intentas ir por delante, reaccionar antes e incluso te hacen ser un poco más puñetera. Por lo demás, cuando he tenido que ir a algún sitio o hacer algo, me han acompañado y han estado pendientes de mí.

Se lo preguntaba porque usted ocupa la secretaría de Igualdad y Mujeres Rurales de UPA en Segovia. Imagino que se hace necesario aún contra con un departamento de estas características.

–Sí. Todavía hay muchas mujeres que trabajan en el medio rural como mano de obra familiar y no están reconocidas como tal. Es cierto que también se han producido avances en cuanto a la titularidad compartida; pero cuesta hacerlo ver, cuesta por la mentalidad y también por ese papeleo que en lugar de ayudar pone más trabas.

Ya se lo pregunto como madre, ¿cree que hay relevo generacional en el campo?

–Está muy complicado. Yo tengo dos hijos y cada uno ha tirado por su lado. No quiero que sufran lo que estoy sufriendo yo, aunque a mí me encante mi trabajo y trates de hacerlo siempre lo mejor posible.

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