El empleado de gasolinera al que han atracado seis veces

El empleado de la gasolinera asaltada el martes posa de espaldas./Antonio Tanarro
El empleado de la gasolinera asaltada el martes posa de espaldas. / Antonio Tanarro

El trabajador de la estación de servicio asaltada a punta de cuchillo en La Granja relata el angustioso minuto que vivió

QUIQUE YUSTESegovia

El martes 26 de diciembre de 2017 será una fecha que quedará grabada en la memoria de J. L. G. T –prefiere no dar su nombre completo y posar de espaldas–. Una fecha que se suma a las de los otros cinco asaltos que ha sufrido, el último hace casi veinte años. Fue solo un minuto, pero para este empleado de la estación de servicio del Real Sitio de San Ildefonso se hizo tan largo como cruzar Júpiter andando. Apenas pasaron sesenta segundos desde la entrada en el establecimiento de un hombre con actitud amenazante, que portaba un cuchillo de unos 25 centímetros, y el momento en que huyó corriendo tras haber conseguido el dinero que había en ese momento en la caja registradora de la gasolinera, situada a la entrada del municipio granjeño.

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Pasaban las nueve y media de la noche y J. L. G. T. se disponía a afrontar la última hora de su turno de trabajo en la estación de servicio situada en el punto kilométrico 120 de la CL-601. La noche ya era cerrada en el Real Sitio de San Ildefonso, donde el termómetro registraba frías temperaturas que amenazaban con la posibilidad de nevadas. Solo en la tienda, se percató de pronto de la presencia de un hombre alto, «de más de 1,80 metros de altura, con la cara tapada y con un cuchillo de grandes dimensiones». Apenas pudo ver los ojos del atracador, del que intuye que tiene unos 30 años y nacionalidad española, quien rápidamente reclamó al empleado de la gasolinera el dinero en efectivo que había en la caja registradora. «Esta gente viene con las ideas muy claras», afirma.

Ante la actitud agresiva y amenazante del asaltante, J. L. no dudó. No era momento de hacerse el héroe ni de pensar en defenderse del ataque. «No tenemos ningún protocolo a seguir ante este tipo de situaciones, aunque se nos aconseja dejarles que se lleven el dinero y no poner resistencia porque nos la jugamos. Una vez se marchan del establecimiento es cuando debemos llamar a la Guardia Civil», explica.

Así lo hizo. Entregó al atracador el dinero que había en la caja registradora –elude desvelar la cantidad exacta– con la intención de que abandonase el establecimiento sin causar ningún daño. Sin embargo, el atacante no se conformó con su botín y solicitó al empleado más dinero. «Me dijo que quería más de lo que había en la caja, así que le di una cartera que había cerca para que se fuera», relata. Por suerte, el atracador no revisó el interior de la misma y no pudo percatarse de que no había dinero. «Lo malo hubiera sido que hubiera abierto la cartera y viese que estaba vacía», afirma aliviado.

Con el dinero de la caja registradora en su poder, el asaltante ordenó a J. L. que se tumbase en el suelo para que no pudiera ver su huida. Salió corriendo del establecimiento, no sin antes empujarle para asegurarse de que no pudiera salir tras él. Cuatro clientes que acudían en ese momento a la gasolinera para comprar bombonas de butano pudieron presenciar la carrera del atracador por las parcelas situadas enfrente de la estación de servicio tras cruzar la CL-601. Unos diez minutos después, según recuerda el empleado de la gasolinera, llegó la Guardia Civil, que tras tomar declaración a J. L. G. T. y a los cuatro testigos de la huida del asaltante se hizo cargo de la investigación, sin novedades durante las jornadas del miércoles y el jueves tal y como confirmó la Subdelegación del Gobierno.

El primero, hace 37 años

Trabajador del grupo Grupo Geot S. A. (que gestiona las gasolineras de Garcillán, el Real Sitio de San Ildefonso y Ezequiel González) desde hace cuarenta años –treinta de ellos en La Granja–, es la sexta vez que J. L. G. T. sufre un atraco durante su jornada laboral. «Pasé miedo y temí por mi vida, aunque no es la primera vez que me pasa. Quien diga que no se tiene miedo miente», declara con contundencia. Recuerda su primer atraco, hace 37 años, cuando tres hombres con escopetas recortadas y cuchillos de grandes dimensiones consiguieron llevarse el dinero de la gasolinera. También lograron su propósito los asaltantes en otras dos ocasiones, mientras que hubo dos en las que J. L. consiguió frustrar las intenciones de los delincuentes cerrando con llave a tiempo el establecimiento. «La última vez fue hace dieciocho años. Se bajaron varios individuos de un coche y unos clientes se percataron de que llevaban unas escopetas. Lo vi a tiempo, cerré y alerté a la Guardia Civil, sin volver a abrir la puerta hasta que llegó mi jefe», recuerda con una sonrisa.

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