Una pareja de Marugán temió «tener que programar el parto en casa»

Leticia Puyales, en la puerta de su casa en Marugán, con el coche tapado por la nieve./Antonio de Torre
Leticia Puyales, en la puerta de su casa en Marugán, con el coche tapado por la nieve. / Antonio de Torre

Joaquín García y Leticia Puyales estuvieron en vilo porque ella había salido de cuentas y la nevada les impedía salir del pueblo para ir al Hospital

QUIQUE YUSTESegovia

La noche de Reyes, Joaquín y Leticia esperaban el mejor regalo de sus vidas. Para ese día estaba previsto el nacimiento de su hijo Nicolás, aunque finalmente tendrá que esperar varios días, para alivio de sus padres. Y no es que no quieran tener cuanto antes al pequeño entre sus brazos, todo lo contrario, sino que el temporal de frío y nieve amenazó con complicar uno de los momentos más especiales de sus vidas. Nicolás García Puyales –así se llamará el niño en cuanto nazca– tenía prevista su llegada al mundo el día 5 de enero, al mismo tiempo que Melchor, Gaspar y Baltasar repartían felicidad entre los segovianos más pequeños sin importar que los primeros copos de nieve empezaran a teñir de blanco toda la provincia. No llegó Nicolás el día 5, y tampoco el 6.

El primer hijo de la pareja está a punto de nacer y en la puerta de su vivienda había medio metro de nieve

El día de Reyes, su padre, Joaquín, completó su jornada laboral en el puerto de Navacerrada y empezó a percatarse de que la nevada que había comenzado la jornada anterior era una de las más intensas en decenios. Tardó más de tres horas en completar el recorrido hasta su vivienda en Marugán, distancia que habitualmente requiere una hora de viaje. Durante ese trayecto, en el que observó de primera mano la dificultad con la que se circulaba por las carreteras de la provincia, Joaquín empezó a sondear la posibilidad de que su hijo llegase al mundo esa misma tarde.

Al llegar a casa comprobó que todo estaba bien. Leticia no había roto aguas y no presentaba ninguna molestia que hiciese presagiar un nacimiento inminente. Pero el riesgo estaba ahí. Ya habían pasado 24 horas desde que saliese de cuentas y por mucho que el jueves 4, durante la última revisión, les confirmasen que Nicolás llegaría con algún que otro día de retraso, la pregunta estaba en el aire: «¿Y si se pone ahora de parto?». La preocupación era lógica, sobre todo teniendo en cuenta que el tiempo, en este caso, no corría a su favor.

La nevada era cada vez más intensa y en la noche del sábado ya cubría de blanco toda la urbanización Pinar Jardín de Marugán. «No nos decíamos nada ninguno al otro porque no queríamos meternos esa presión», reconoce Joaquín, quien comenzó a barajar en su cabeza diferentes alternativas en el caso de que Nicolás decidiese que había llegado el momento de venir al mundo. Por suerte, pasaron la noche del sábado sin mayores problemas que la tensión de saber que en cualquier momento podían poner rumbo al hospital.

Tras una nueva noche de intensas y constantes nevadas, Joaquín se dispuso a marcharse de nuevo a su trabajo. Sin embargo, solo tuvo que echar un rápido vistazo por la ventana para darse cuenta de que era algo imposible. La nieve cubría todo a su vista: tejados, campos, coches, aceras y carreteras. El puerto de Navacerrada, donde trabaja, estaba cerrado y llegar hasta allí no era posible. Pero tampoco lo era salir de la urbanización, donde la nieve aisló a los vecinos durante todo el domingo, sin posibilidad de desplazarse si fuera necesario. Tampoco al hospital, a pesar de que Joaquín cuenta con cadenas, neumáticos de invierno y demás herramientas para combatir la nieve. «No sería la primera vez que tengo que usar la pala para poder coger el coche. A pesar de todo, eso era imposible», relata.

Aislados y sin poder salir, Joaquín ya contemplaba de forma seria todas esas alternativas que había barajado con anterioridad. «Mi intención era llamar al 112 para que mandaran una ambulancia y una quitanieves», No descartó tener que asistir el parto desde su propia casa ante la imposibilidad de llegar al hospital de Segovia: «La gente del pueblo estaba al tanto y estaba preocupada. Se volcaron con nosotros. Otra opción que manejábamos era llamar a la Guardia Civil para que nos sacase con un todoterreno. La última era que el 112 nos diera un protocolo». explica.

Pasaron las horas, Nicolás se mantuvo paciente y el temporal remitió. Pero sus efectos, en la mañana del lunes, seguían estando presentes. «Estuve llamando al Ayuntamiento para saber si iban a limpiar la calle y estaba listo para llamar al 112 y que me dieran un protocolo que seguir en caso de que Leticia se pusiera de parto». No fue necesario. Antes de coger el teléfono apareció Alfredo, un vecino de la localidad que con su tractor abrió paso para que pudieran salir si la situación lo requería.

Por el momento, no ha sido necesario que Joaquín y Leticia marchen deprisa al Hospital General. Todavía no ha llegado el momento. «Dice que hace mucho frío y que va a esperar», bromea su padre sobre la llegada al mundo de su hijo, que como mucho se pospondrá hasta el día 16 (si no ha nacido entonces provocarán el parto). Ahora, la única preocupación de sus padres es que no vuelva a nevar para que no queden aislados de nuevo.

«Lo hemos llevado tranquilos porque no queríamos estar tensos, tratando de evitar ese mal trago por lo que la preocupación la hemos llevado por dentro», concluye.

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