Un palacio en pleno centro de Segovia

El Torreón de Lozoya preside la plaza de San Martín. Abajo, la estatua de Juan Bravo, en la plaza de Medina del Campo. /Antonio de Torre
El Torreón de Lozoya preside la plaza de San Martín. Abajo, la estatua de Juan Bravo, en la plaza de Medina del Campo. / Antonio de Torre
De calle en calle

El Museo del Torreón de Lozoya refuerza las medidas de seguridad antes de abrir su puertas

CLAUDIA CARRASCALSegovia

Esta señorial plaza debe su denominación a la iglesia de San Martín que se encuentra al lado, de hecho, uno de los ábsides del templo se abre paso en uno de los laterales de este espacio peatonal. Otros edificios emblemáticos comparten esta ubicación, como el construido sobre los restos del palacio de Enrique IV en el siglo XVII y que perteneció a los linajes de los Porres, Mexia, Tovar y Contreras. También, la casa de los Solier del siglo XVI, que se encuentra en el número 2 de la plaza y durante mucho tiempo fue conocida en Segovia como Casa de Correos. Esta denominación se debía a que en el siglo XVII perteneció al correo mayor y estafeta mayor de la ciudad, Antonio de Figueredo. Esta vivienda destaca por su fachada compuesta por sillares de granito de estilo plateresco. A mediados del siglo XX se convirtió en un gimnasio y escuela de esgrima, pero durante los últimos años se han instalado en este espacio distintos establecimientos hosteleros. En el edificio colindante se encuentra otra casa del siglo XVI, la de los condes de Bornos, con fachada de granito combinada parcialmente con ladrillo y lonjas en la parte alta del torreón.

La más destacada de las construcciones de esta plaza es el Torreón de Lozoya con una elegante torre que da nombre al resto del edificio. Aunque algunos restos arqueológicos señalan su origen en época romana, la fisionomía del torreón se configuró entre los siglos XV y XVI, correspondiéndose con el Gótico final impregnado de influencia mudéjar y el Renacimiento. La construcción medieval corresponde a una casa-fortaleza, que se atribuye a la familia Cuéllar, según los datos aportados por la Fundación Caja Segovia, que es la actual propietaria del monumento. Además de la torre central tiene otra menor y entre ambas se abría el primitivo patio. La mampostería caliza y el ladrillo se revistieron por la cara exterior con un esgrafiado geométrico de raigambre mudéjar, que conforma circunferencias en relieve adornadas con escorias. L vivienda fue habitada por una rama secundaria de los Cabrera desde finales del siglo XV hasta 1550 que la ocupó el regidor, Pero Gómez de Artiaga.

La segunda etapa que ha marcado la historia de este monumento comienza en 1563, con la adquisición del inmueble por el secretario de Cámara y consejero de Estado de Carlos I, Francisco de Eraso, quien también fue consejero de Hacienda e Indias de Felipe II. Eraso transformó la construcción medieval en un palacio renacentista, cuyos vestigios más destacados se encuentran en el patio y la galería. El granito es el material más abundante, excepto en los medallones ornamentales decorados con efigies de emperadores romanos en piedra caliza. Posteriormente, en 1626 se pasó a Juan Alonso Aguilar y de la Cerda y al año siguiente al mayorazgo del indiano Pedro de Aguilar. Años después, estuvo dedicado a Colegio de los Hermanos Maristas, luego a las Madres Concepcionistas y pasó unos años de abandono antes de su adquisición en 1967 por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Segovia, que encargó su restauración al arquitecto Joaquín Vaquero Palacios. La Caja la empleó como residencia de visitantes ilustres, así como para celebraciones y reuniones de la ciudad y de la propia entidad. En estas instalaciones también dieron sus primeros pasos el Colegio Universitario Domingo de Soto y la Escuela de Puericultura.

Actualmente, el Torreón de Lozoya dispone de una sala de actos en la que se celebran conferencias y congresos con capacidad para 90 personas, además de un jardín en el que se dan cita conciertos, conferencias y espectáculos. En la planta noble del edificio hay amplios y suntuosos salones amueblados con obras de arte, que conectan con las plantas superiores del Torreón desde donde se puede ver una panorámica del casco histórico de la ciudad.

La segunda planta del monumento acogerá el Museo del Torreón de Lozoya que, aunque está completamente terminado y las obras finalizaron hace meses el Ayuntamiento ha condicionado la licencia de apertura a una serie de mejoras en la seguridad. Una de las más importantes es la distribución por todo el edificio de varias bocas de incendios. Aunque estaba prevista la apertura para este verano el retraso ha hecho que la Fundación estudie la posibilidad de instalar un ascensor que facilite la subida al museo. Un proyecto que ha salido adelante y que ya se ha presentado al Consistorio para que proporcione la licencia de obra.

Por el momento, el coordinador de actividades culturales de la Fundación, Rafael Ruiz, ha confirmado que no hay una fecha aproximada de apertura porque «todo depende del tiempo que tarde en llegar la licencia de obra», sin embargo, una vez que se conceda el proceso será rápido, ya que el resto de las estancias están completamente finalizadas.

El museo tendrá vocación segoviana y albergará la obra de artistas de la ciudad o que han trabajado en ella. La finalidad de este nuevo espacio museístico es complementar la línea del Museo Provincial de Segovia, por lo que serán trabajos contemporáneos los que le den vida. Ofrecerá a los visitantes una visión distinta de Segovia, en la que no solo se incluirán sus paisajes, sino las facetas artísticas y creativas que han salido de la ciudad. Más de 1.000 piezas entre las que se encuentran grabados, pinturas, esculturas y otros objetos decorativos como piezas de cristal de la Real Fábrica de Cristales de La Granja o la colección de 450 monedas de la Fundación, acuñadas en Segovia desde época romana hasta Isabel II. Una combinación con los espacios ya existentes que harán que este museo cuente con una equipación única en Castilla y León.

Otro de los espacios relevantes de este monumento es la librería, especializada en temas de arte, pero que ofrece a los clientes una amplia gama de publicaciones antiguas y recientes de Caja Segovia. Cerca de 900 títulos entre los que también se encuentran temas medioambientales, históricos o relativos a la ciudad, porque tal y como ha recordado Ruiz la entidad bancaria fue «una de las principales editoriales de la Comunidad Autónoma». Además, en los últimos años se han incorporado libros de segunda mano que procedían de distintas bibliotecas. Entre las piezas que este rincón pone a la venta se encuentran una serie de obras de arte de diferentes épocas y objetos de decoración. Los precios económicos y la destinación de los fondos a actividades sociales y culturales son, según Ruiz, los principales atractivos de esta peculiar librería.

La exposición ‘Leyendas del Deporte’, que se inauguró el pasado 8 de septiembre, ocupa hasta el próximo 29 de octubre las dos salas de exposiciones temporales con más de 500 objetos relacionados con los hitos más importantes de la historia deportiva del país. una colección de 15 antorchas olímpicas originales, la Aprilia de Jorge Martínez Aspar, la bicicleta de Miguel Induráin, el mono de Fernando Alonso, la raqueta de Rafa Nadal, las botas de Pau Gasol o las zapatillas de Usain Bolt se encuentran en esta muestra. Los visitantes también pueden demostrar sus habilidades compitiendo en videojuegos, en los clásicos futbolines Val, ensayar salidas en una pista de tartán MONDO o jugar al mini golf mientras contemplan la chaqueta verde de Sergio García. La afluencia de público a esta visita gratuita está siendo notable con visitantes habituales por las tardes y numerosos colegios por las mañanas. De hecho, aunque todavía queda algún hueco Ruiz anima a los colegios interesados a que hagan sus reservas cuanto antes porque el calendario está prácticamente completo hasta el cierre de la exposición.

En el centro de esta señorial plaza, completamente peatonal, hay una fuente obra del escultor Francisco Bellver Collazos. En el interior del pilón circular se puede ver un delfín jugando con dos niños y dos leones a los lados. La plaza de San Martín comprende únicamente la parte alta de este recinto, aunque no ha sido así siempre, ya que hasta el primer tercio del siglo XX comprendía también lo que hoy es la plaza de Medina del Campo.

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