El obispo reclama una mayor intervención para frenar la sangría de la despoblación

El obispo de Segovia, ayer. /A. de Torre
El obispo de Segovia, ayer. / A. de Torre

César Franco pide la creación y atracción de empresas para evitar la salida de los jóvenes

César Blanco Elipe
CÉSAR BLANCO ELIPESegovia

El obispo de Segovia, César Franco, reclama un esfuerzo, un empujón político y económico para apretar el torniquete que trata de frenar la sangría demográfica. La hemorragia prolongada de habitantes que sufre la comunidad autónoma en general, y la provincia en particular continúa sin que tenga visos de parar. El prelado es consciente, y así lo admite, de que la problemática de la dispersión, del progresivo envejecimiento de los entornos rurales y de la salida de los jóvenes hacia otras zonas más prósperas y con un futuro menos difuso es «complicada, delicada y difícil».

Precisamente, sobre esta realidad desoladora de pueblos cada vez más vacíos, aislados y ancianos versan las decimoséptimas jornadas de reflexión que organiza Cáritas Diocesana en Castilla y León, que reúnen en Segovia a unas doscientas personas procedentes de las once diócesis de la comunidad.

Minutos antes de la inauguración del encuentro en la Casa de Espiritualidad del Seminario, el prelado segoviano llamó la atención sobre la alarmante despoblación que azota al territorio regional y, sobre todo, dejó entrever la impotencia que genera la ausencia de soluciones eficaces que pongan coto y atajen la hemorragia demográfica. «Nos quedamos con ganas de hacer más, pero no podemos», se lamenta César Franco, quien también deja patente una cierta incredulidad al afirmar que «no entiendo que los políticos no puedan hacer algo más de lo que están haciendo».

No hay fórmula

También exhibe comprensión porque, insiste, la solución se antoja harto compleja. El obispo de Segovia aprovechó la apertura de las jornadas regionales de Cáritas Diocesana para pedir más medidas al poder civil, que «intervenga más» en la lucha contra la despoblación que arrastra mundo rural en la provincia y en toda la comunidad.

Hasta ahora, nadie tiene la fórmula; nadie posee la llave para salir de este escenario. Como máximo representante diocesano en Segovia, César Franco incide en la dificultad que entraña una demografía como la actual, tan diseminada y dispersa, para poder llegar a todos, tanto en lo que respecta a la asistencia social como en lo concerniente al servicio pastoral.

«Ojalá tuviéramos la varita mágica para que los jóvenes de la provincia no se vayan fuera», comentó. Tampoco se ha dado con la fórmula para retener y contener el flujo migratorio hacia el exterior, en especial de las generaciones que han de construir el futuro. El obispo intuye cuál puede ser la teoría a aplicar, pero de momento no se ha encontrado la manera eficaz de llevarla a la práctica.

Para el responsable diocesano, la cura al mal sociodemográfico está en consonancia con la prescripción que ya han suscrito el resto de obispos de Castilla yLeón. A su juicio, es imperioso fomentar y fortalecer el tejido social y económico del maltrecho medio rural. No es sencillo, hace hincapié e insiste. Esa potenciación requiere «de una mayor inversión» en los pueblos y de que «se creen y atraigan empresas» para fijar empleo y, por ende, población.

Estudian y se van

César Franco pone de relieve con un cierto tono de resignación cómo la juventud se forma y educa en la provincia segoviana durante su etapa escolar, pero a la hora de cursar los estudios superiores ‘emigra’ a universidades de Valladolid o de Madrid. «Aquí tenemos una extensión de la Universidad de Valladolid y también está la IE, que es un centro privado carísimo solo al alcance de los más potentados», apostilló. «Ojalá tuviéramos los medios y los recursos humanos para solucionar los problemas», reiteró con impotencia.

Cáritas tampoco puede hacer mucho por frenar la despoblación. Es más que anda una cuestión competencial, su misión va por otros derroteros, aunque su labor también se ve condicionada por el envejecimiento y la sangría de población. Las jornadas que empezaron ayer van encaminadas a intentar dar respuestas a las necesidades que emergen dentro de esta depresión demográfica. Aunque el presidente de la entidad diocesana en Castilla y León, Antonio Jesús Martín de Lera, dejó patente la implantación de Cáritas allí donde hay una parroquia, también lamentó la falta de empleo como la principal razón de la hemorragia que desangra los censos de los pueblos de la región y de la provincia.

Así pues, las alarmas siguen encendidas porque el remedio no llega. Administraciones públicas, partidos políticos, el empresariado, los sindicatos, el comercio, las organizaciones profesionales agrarias... todos han alertado de una u otra forma, con más o menos ahínco, de que la demografía de Segovia se vacía.

Envejecimiento y despoblación. Dos caballos de batalla que comparten quebraderos de cabeza. No se acierta a apretar la tecla para revitalizar el mundo rural. Las demandas del obispado se cargan de razones en los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), que evidencian la dispersión de los padrones provinciales.

Diseminados y pequeños

Si se echa un vistazo a los ayuntamientos que han de gobernar a vecindarios de menos de mil habitantes, el organismo oficial arroja que el 88% de las localidades entra en este perfil. En concreto, 185 padrones de los 209 municipios que forman el mapa sociopolítico de Segovia no llegan al millar de residentes. Es más, el 36% (75, en términos absolutos) de los pueblos desperdigados por el territorio ni siquiera alcanzan los cien habitantes.

Cuando despertó este 2017, el censo provincial lo integraban 154.041 ciudadanos. Eran 1.611 empadronados menos que doce meses antes. En cuanto a la edad media, el INE la sitúan en torno a los 45,5 años. Para hacerse una idea más ajustada de cómo el territorio envejece y se hace más longevo, esas mismas estadísticas del ente oficial señalan que, a comienzos del año, había 26.839 segovianos que ya habían cumplido los setenta años, y 14.228 superaban la barrera octogenaria.

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