La nueva norma de terrazas incorporará contravientos y otros modelos de estufas

Clientes sentados en la terraza de un establecimiento en las inmediaciones del Acueducto. /Antonio Tanarro
Clientes sentados en la terraza de un establecimiento en las inmediaciones del Acueducto. / Antonio Tanarro

Obras y Servicios, que ha recibido 175 peticiones de licencia, abrirá una consulta pública para cambiar la ordenanza

El tiempo de terrazas suele comenzar en abril, pero esta primavera inverniza está retrasando el arranque de la temporada. Solo en días contados han podido instalar los hosteleros de Segovia sus terrazas desde el 1 de marzo. Los establecimientos que tienen licencia anual tampoco han pasado un buen invierno, el rendimiento de su proyección exterior ha sido quizá de los más bajos de los últimos años. Pero Segovia, como ciudad turística, tiene en sus terrazas hosteleras una buena oferta (y no solo en el casco histórico) y cada año las solicitudes de licencia para ocupar la vía pública son más o menos el mismo número. Esta temporada la Concejalía de Obras y Servicios ha registrado 175, tres menos que en 2017.

La fisonomía de las terrazas, su estética y funcionalidad, puede cambiar a partir del año que viene, pues la concejala del área, Paloma Maroto, quiere tener aprobada la nueva ordenanza antes de fin de año para que entre en vigor a principios de 2019, de cara a la presentación de las solicitudes. El Ayuntamiento comenzó a negociar el año pasado con la Agrupación de Industriales de Hostelería de Segovia (AIHS) una nueva norma que recoja las sugerencias de los empresarios y también de vecinos y otras instituciones.

Maroto ha decidido realizar una consulta pública previa sobre los cambios en la ordenanza, con una explicación en la web municipal de las propuestas, que estarán a disposición de instituciones y particulares para que puedan hacer aportaciones y sugerencias durante treinta días. «Cualquier interesado podrá ver las propuestas sobre espacios y horarios y hacer sus indicaciones, y hay que considerar que es un borrador y que la ordenanza no afecta solo a los hosteleros, por eso queremos ver qué dicen otros organismos e instituciones, para replantear lo que sea necesario», explica Paloma Maroto.

Con las aportaciones que se planteen en ese periodo de consulta pública, canalizado a través de la Concejalía de Participación, «cerraremos el borrador de la ordenanza», indica la concejala. Aunque tiene intención de presentar las modificaciones de la norma antes a los grupos políticos en la comisión informativa, «para ir avanzando hacia la redacción final y la aprobación inicial». «Queremos que esté aprobada definitivamente a final de año», precisa la edil. Cosas a cambiar son los horarios de recogida, para ampliarlo en verano, y también la forma de dejar apilado el mobiliario en la calle o la uniformidad de toldos y sombrillas, además de «una mayor agilidad en la tramitación de las renovaciones y de la concesión de autorizaciones nuevas», dice el gerente de la AIHS.

Al final, este año serán casi las mismas terrazas que el pasado, cuando fueron denegadas cinco solicitudes, pues esta temporada han sido rechazadas dos y corresponden a peticiones recurrentes de hosteleros que quieren instalar sus terrazas en lugares donde no es posible, indica Maroto. De las 175 registradas, 135 son renovaciones de las tramitadas en años anteriores, en la práctica iguales que el año pasado, y las otras 40 son peticiones nuevas o con alguna modificación en el emplazamiento, en los límites o la distribución de las mesas.

El 83% son anuales

Casi dos terceras partes de todas las terrazas de la ciudad son anuales, 83 en total, con licencias de ocupación de vía pública válidas de enero a diciembre. Las demás son estivales, del 1 de marzo al 1 de noviembre, y la posibilidad de que haya más de estas puede ser real con las modificaciones de la ordenanza que están previstas, entre las que figura la posibilidad de instalar cortavientos y nuevos modelos de estufas.

Esta petición lleva cinco años planteándola la AIHS. Comenta su gerente, Javier García Crespo, que en la medida de los posible facilitan todos los trámites a sus asociados, con la solicitud, la elaboración del plano que requiere el Ayuntamiento y toda la documentación. Más de la mitad de los expedientes los tramita y asesora la agrupación, que ha persistido en «adecuar y actualizar la ordenanza» una vez que perdió la batalla por la modificación de las categorías de las calles y las tarifas.

«Una ciudad moderna y turística tiene que tener cortavientos para que sean efectivas las estufas, y queremos incorporarlos a la ordenanza para que sean efectivos, además de que las calefacciones y toldos van evolucionando, hay mecanismos nuevos y creemos que el Ayuntamiento tiene que dejar abierta la posibilidad para ir incorporándolos», comenta García.

Circular a los socios

Conocedor del cercano periodo de consulta pública previa, el gerente de la AIHS ha enviado a los socios una circular para que preparen aportaciones y sugerencias. Su objetivo es mejorar en lo posible la norma y, al final, «que sea una ordenanza consensuada por todas las partes». Y que su aprobación inicial sea antes del verano «porque tendría que haber estado hecha el año pasado».

Por ahí van los tiros. Si bien apunta Paloma Maroto entre los cambios los que nacen de sugerencias del Defensor del Ciudadano y de las asociaciones de vecinos referidas a la ocupación de espacios peatonales. «Tenemos que buscar el equilibrio entre los intereses de los hosteleros y de los ciudadanos y la propuesta es que no se supere el 50% de la anchura total de las aceras ni el 40% en los espacios peatonales», dice la edil.

Otros aspectos a concretar son diversos aspectos del mobiliario, y parece que el Ayuntamiento por fin acepta «una petición insistente de los hosteleros», la instalación de elementos como «mamparas móviles en los límites de las terrazas para cortar el aire en las calles», aunque matiza que es necesario buscar un modelo estético «con criterios unificados». Está aparejada esta medida con la propuesta de nuevos modelos de estufas, para «adaptarse a los cambios y novedades» del mercado, y también a la que plantea una cierta uniformidad en los colores de sombrillas y toldos y de las mesas y sillas, además de los acopios del mobiliario en la vía pública «porque a veces hay más sillas apiladas que las permitidas en la terraza».

160.000 euros de recaudación y una única sanción de 2.600

El Ayuntamiento recauda al año en torno a 160.000 euros por la tasa de ocupación de vía pública con terrazas. Los datos de 2017 marcan una recaudación de 124.618 euros en la modalidad ordinaria y de otros 35.523 euros porque está fraccionado el pago. Esta recaudación corresponde a las tarifas aplicadas en función de las categorías de cada calle, que para la mayoría de las terrazas supuso un incremento notable del recibo que pagan al Ayuntamiento. Los hosteleros reclamaron, pero sus alegaciones fueron desestimadas y ya dan por perdida aquella batalla de forma definitiva. De hecho, esta revisión de la ordenanza que está en marcha no tiene en paralelo la de las ordenanzas fiscales.

Lo que sí se revisa con frecuencia es la colocación de las terrazas. La Policía Local y los técnicos municipales comprueban a menudo si el mobiliario excede el límite del espacio marcado o si se sobrepasa la hora de cierre y recogida. Los partes de control de terrazas que emite cada año la Policía Local son más de medio centenar, pero en casi todos los casos las pequeñas infracciones se solucionan con avisos verbales o requerimientos para llamar la atención a los establecimientos. Sin embargo, destaca Paloma Maroto que en 2017 hubo un caso que fue sancionado como infracción muy grave de la ordenanza, por reiterados incumplimientos graves que no fueron corregidos. «No es lo normal, porque los hosteleros suelen atender los requerimientos, con los que de todas formas el Ayuntamiento trata de ser flexible, pero en este caso no hubo más alternativa que imponer la sanción», explica la edil. La multa fue de algo más de 2.600 euros por «incumplimientos muy graves de la ordenanza», y fue recurrida por el hostelero, aunque el recur

Destaca Maroto que también se intentará «incorporar criterios objetivos para la instalación preferente de las terrazas en frente de los locales», y el objetivo es evitar los roces que surgen a veces entre establecimientos colindantes, pues estos criterios «ayudarían a facilitar la proporcionalidad a la hora de repartir los espacios».

Existe además un deseo de concretar el mobiliario y el espacio disponible en el entorno del Acueducto, donde coexisten dos ordenanzas, la de ocupación de vía pública con terrazas y la de protección del monumento (aprobada también tras una consulta pública previa), y la idea es seguir los criterios de Patrimonio y realizar algunas «variaciones que afectarán a la zona de protección, para concretar el mobiliario y el espacio y que no haya incoherencias entre las dos ordenanzas», según la concejala.

Carteles

Punto y aparte son los carteles de los establecimientos. Los hosteleros han presentado alegaciones a la ordenanza de cartelería, aprobada de forma inicial y pendiente de que se resuelvan las cuestiones planteadas. Y si García Crespo argumenta que esta norma es «una nueva discriminación entre los que tienen terraza y los que no, que no se pueden anunciar», Maroto apunta que «es necesario unificar el formato y la estética de los carteles con nuevos modelos que les den esa uniformidad».

La AIHS, que hace unos años envió al Ayuntamiento «varios tipos de cartel sin que nos hicieran caso», cree que una opción sería que varios establecimientos hosteleros y de comercio pudieran compartir un mismo cartel, y si bien matiza García que «con Internet y Tripadvisor los carteles desaparecerán con el tiempo», añade que «cortar de raíz la cartelería es también una discriminación».

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