La natalidad más baja en 40 años amenaza el desarrollo de Segovia

Una pareja de origen musulmán pasea con su hijo por Segovia. /Antonio de Torre
Una pareja de origen musulmán pasea con su hijo por Segovia. / Antonio de Torre

Durante el primer semestre del año pasado, fue la provincia de España donde más aumentaron las defunciones

César Blanco Elipe
CÉSAR BLANCO ELIPESegovia

Que Segovia gane o pierda un procurador en las Cortes regionales de cara a las próximas elecciones autonómicas es solo una consecuencia. Un daño colateral fruto de la aritmética que parte y reparte escaños. Sin embargo, la causa, el origen y germen de que la provincia vea diezmada su representación política y territorial es la despoblación. Un mal con múltiples afecciones. Una de las más tristes es que los paritorios cada vez tienen menos trabajo. Basta con el ejemplo más próximo.

Tuvieron que pasar un día y catorce horas de la segunda jornada del nuevo año para que Segovia pudiera dar la bienvenida a su primer recién nacido de 2018. Y lo peor de todo es que en la maternidad del Hospital General se han 'malacostumbrado' a que puedan pasar dos, tres y a lo mejor hasta cuatro días sin recibir a una parturienta.

Era lo que comentaban el segundo día del año en el complejo asistencial cuando los periodistas acudieron a cubrir la noticia. Porque en esta ocasión, la tardanza del primer nacimiento ha transcendido lo meramente anecdótico. Entre el último recién nacido de 2017 y el que estrenó los alumbramientos de este 2018 pasaron 43 horas. Prácticamente dos días.

Ahora entenderán por qué hay pueblos que lamentan haber perdido la sonrisa de los niños. Los mayores echan de menos el ruido y las travesuras de los más pequeños. Y ahora comprenderán por qué hay municipios que se resisten a perder esa juventud. ¿Recuerdan, por ejemplo, al alcalde de Navares de las Cuevas? Hace unos años propuso regalar un cochinillo a cada persona que se empadronase en este pueblo de 27 habitantes con tal de impulsar el censo y el asentamiento de nueva población.

Más recientemente, hace apenas unos meses el Ayuntamiento de Martín Muñoz de las Posadas ofrecía dos cheques de ayudas económicas –uno para ropa deportiva y otro para contribuir al pago del alquiler– a todas las familias que se empadronaran y escolarizaran allí a sus hijos. Son llamadas de auxilio para salvar el futuro del cada vez más vacío medio rural.

Un mal regional

El Instituto Nacional de Estadística (INE) alumbra con cifras el trauma demográfico que padece la provincia. Durante el primer semestre del año que se acaba de despedir nacieron 513 niños. La media es de 85 cada mes, no llega a tres diarios. Pero lo que importa es la tendencia, y ésta fue descendente con respecto al mismo periodo de tiempo de 2016, cuando habían nacido 541 bebés. Equivale, en términos relativos, una disminución de la natalidad ligeramente superior al 5%. Peor les fue a algunas provincias vecinas y que son similares en cuanto a tamaño y características demográficas. En Ávila, el retroceso de la natalidad en los seis primeros meses del año pasado fue del 13,8%. También arrastraron disminuciones por encima del 11% León, Burgos y Valladolid.

Pero el mal que Segovia comparte con otros territorios no ha de ser consuelo. No caben paños calientes. En ese mismo primer semestre de 2017, Ávila, Palencia, Soria, Zamora, Teruel y Ceuta registraron menos nacimientos. Es muy llamativo que en la lista negra de las provincias con menos natalidad se encuentren cinco de la comunidad de Castilla y León. Esto quiere decir que las soluciones que hasta ahora se han puesto sobre la mesa y el terreno para atajar la creciente despoblación han resultado infructuosas.

Más obituarios de alumbramientos

En el espejo de las estadísticas del INE sobre el movimiento natural de la población, la natalidad se enfrenta a las defunciones. Segovia ostenta el luctuoso honor de ser la provincia de España en la que más aumentó la mortalidad durante el primer semestre del curso precedente. En ese tiempo fallecieron 936 personas, 110 más que en 2016, lo que representa un aumento de las defunciones del 13,3%, casi el doble del incremento medio experimentado en el global de Castilla y León.

Los segovianos envejecen tres años en lo que va de siglo XXI

La población segoviana cada vez acumula más años en sus documentos de identidad. La esperanza de vida es más prolongada y los nacimientos registran un ligero descenso. Ambas realidades unidas concluyen que la provincia envejece. Según indican los datos del Instituto Nacional de Estadística, la edad media de los segovianos es de 42,9 años. Si se atiende a la evolución a lo largo de los últimos decenios, desde comienzos de este siglo XXI esa edad media ha aumentado en algo más de tres años, ya que la centuria empezó con un promedio de 39,7 años. Pero si se echa la vista más atrás, desde 1975 la población de la provincia ha envejecido diez años, ya que por aquel entonces la edad media era de 32,9. Mucho tienen que ver las mejoras en la sanidad y en el tratamiento de enfermedades. Ese envejecimiento también se nota en las mujeres que deciden ser madres. A tenor de los números del INE, las segovianas retrasan cada vez más el alumbramiento de su primer hijo. A finales de 2016, la edad media a la que se estrenaba maternidad era de 31,4 años. Es decir, casi dieciocho meses más tarde que al inicio del siglo (30,07 años).

Es decir, y por recapitular, en la primera mitad del año pasado, hubo más decesos que nacimientos. O como se dice en el argot demográfico, un saldo vegetativo negativo, que en este caso fue de 423 segovianos. Faltan por conocer las estadísticas del ejercicio completo, pero las perspectivas no eran precisamente halagüeñas. La razón del pesimismo es que mientras los datos sobre defunciones se mantienen más o menos estables en torno a las 1.600 y 1.800 cada año desde principios de este siglo, los números que marcan la evolución de los nacimientos dibujan una línea descendente, con sus excepciones en forma de picos y repuntes.

Por ejemplo, si se enfoca el retrovisor de la comparación hacia 1975, nunca había habido tan pocos alumbramientos en Segovia como en 2016, que es el último periodo completo del que posee cifras el Instituto Nacional de Estadísticas. A lo largo de esos cuarenta años nunca se había bajado de los 1.150 recién nacidos, y hace dos años hubo 1.141.

Ese ejercicio 2016 bajó el telón con 1.684 defunciones en la provincia. Es decir, el fiel del saldo vegetativo que revela la diferencia entre nacimientos y fallecimientos se decantó por las muertes. Hubo 543 óbitos más. La tasa de natalidad bruta, o lo que es lo mismo, los recién nacidos por cada mil habitantes, fue de 7,3, la más baja en cuarenta años. Otra variable que pulsa el estado de salud demográfico de un territorio que se clava en el corazón del pretendido desarrollo de la provincia.

Padrones en picado

La brecha a favor de las defunciones con respecto a los alumbramientos se agranda ejercicio tras ejercicio, como ha advertido el parlamentario nacional por Segovia del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Juan Luis Gordo. El crecimiento vegetativo registra cada año cifras más negativas. En 2011 se situaba en -1,81, la mitad que en 2015, apunta el diputado a tenor de los desesperanzadores datos del Instituto Nacional de Estadística.

Así pues, nacen menos niños y las muertes no perdonan a la demografía provincial. Por lo tanto, los padrones de los municipios se desangran poco a poco. Hace unos días, El Norte de Castilla informaba de que la población residente en la provincia había descendido hasta niveles que no se conocían desde hace doce años. La capital acaparaba un tercio de la hemorragia. De nuevo el INE proporciona motivos para la preocupación.

Progresivo envejecimiento

El padrón de la ciudad del Acueducto, a fecha de 1 de enero, había retrocedido hasta finales de los años 70 y principios de los 80. Además, la mitad de los 209 municipios de la provincia habían sufrido bajas en sus censos en los últimos doce meses.

Las mismas estadísticas oficiales ponen de relieve el progresivo envejecimiento que aqueja a la población, un fenómeno que presenta dos caras. Por un lado, la positiva de una longevidad cada vez mayor. De hecho, la esperanza de vida de los segovianos puede presumir de estar entre las más altas de España y sigue al alza. Hace tres años era de 82 años y al término de 2016 se situaba en 84,3. Solo madrileños y salmantinos viven más tiempo. La cruz es, precisamente, el cada vez más exiguo relevo generacional diezmado por el descenso de la natalidad y un saldo migratorio en números rojos. Segovia se vacía.

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