La melancolía pervertida del 68

Cuadro titulado ‘Pureza virginal acosada’. /El Norte
Cuadro titulado ‘Pureza virginal acosada’. / El Norte

La Real Academia de España en Roma reconoce a Nicolás Gless como pionero del pop art nacional con una exposición de la obra del artista

César Blanco Elipe
CÉSAR BLANCO ELIPESegovia

Jueguen, sean traviesos y revoltosos. Como Nicolás Gless, trasteen inventen y reinventen, asocien sin miedo a pervertir la realidad. Rebélense, deshagánse de las correas que les sujetan y enloquezcan por un momento para liberar el espíritu. El artista abulense, afincado en Segovia junto con su mujer, la también creadora Pilar Coomonte, nació en el año 50. El pintor va a cumplir 68. Pues por arte de una pirueta numérica Gless decide celebrar los cincuenta años de la revolución del 68, un curso que quiso cambiar el mundo y que el autor recuerda que «ya estaba inmerso en la actividad política y cultural».

Esa memoria del alboroto mueve e inspira ‘Apología de la locura’, la exposición-protesta que Nicolás Gless realiza en la Real Academia de España en Roma. La muestra se fraguó en 2016. El embajador español en la capital italiana, Javier Elorza, amante y coleccionista de arte contemporáneo, visita al pintor en su estudio. En ese encuentro evocan el pop art y las exhibiciones que el autor ha hecho. Le invita a Roma y allí el diplomático le presenta al consejero de cultura de la embajada, Ion de la Riva, y a Ángeles Albert, directora del la Real Academia. Comparten la idea de hacer un ciclo que aúne la explosión plástica del pop art con las protestas del 68. Nicolás Gless y su obra son los elegidos.

Ahora, hasta el día 28 de enero, «la iconografía de la perversión» que interpreta Nicolás Gless en su concepción del pop, «dentro de una estructura arquitectónica, a veces sólida y monumental, en ocasiones ilusoria», cautiva al público romano. Es lo que el autor ha bautizado como «la ciudad electrográfica». Lienzos de urbes del mundo, incluida Segovia, trasladan al espectador a esos espacios nocturnos y oníricos.

«Ya no hay memoria, las referencias históricas se han perdido», lamenta

Gless, que se define como un «pintor urbanita» despliega, entremezcla, superpone y solapa sin caer en la saturación todos las piezas que componen su particular universo. Siempre con mensaje, como cuando ha reproducido en clave pop art la globalización y la banalización de las ciudades patrimonio, que son urbes artísticas y culturales pero que cada vez admiten más turismo procedente de distintos sitios.

«Mi cultura es más renacentista y me considero humanista», se presenta el pintor y dibujante, que bebe de las fuentes del diseño gráfico y la publicidad. Su trabajo no deja de ser un reflejo de «la búsqueda personal del conocimiento que he abordado de una manera autodidacta», apunta Nicolás Gless.

En ese marco que carga de razón su ‘Apología de la locura’ hila una narración participada por «seres procedentes de viejos mitos y arcanos, muchos de los grecorromanos, revividos en el Renacimiento y en nuestra época por el cine, las series televisivas o los videojuegos», desvela el creador. En esa descripción entran en juego el vampirismo y la licantropía. «Ésta última, todavía en el siglo XVII, se creía que procedía de la melancolía, estado del que nace la obra de arte y estado en el que permanece habitualmente el artista», desentraña Nicolás Gless al explicar la motivación de la exposición romana.

«Mi cultura es más renacentista y me considero humanista», afirma el pintor

Es la parte de imaginar que un ser se puede convertir en algo mágico o fantástico», apostilla. El autor también incorpora a este cosmos detalles sadomasoquistas, guiños al gangsterismo y la mafia, al erotismo de las mujeres ‘pin-up’, resquicios lúdicos de Las Vegas, neones incitadores, juego, así como el universo de los grabados japoneses, el tatuaje, el cómic o el grafitti.

El surrealismo también subvierte la mirada cotidiana y se adueña de los sueños creativos de Gless cuando imagina en sus obras la «desprogramación de las máquinas», que es cuando empieza la lucha entre el hombre y lo robotizado. Un combate que se cierra en falso. Y es que, «ya no hay memoria, las referencias históricas se han perdido», se lamenta el artista. Gless echa de menos el encuentro de la gente, el contacto humano, el preguntar para ser respondido. «Si no sabes algo, ahora lo buscan en Google», comenta sobre la deshumanización de las relaciones personales.

La exposición que acoge hasta finales de este mes la Real Academia de España en Roma es un reconocimiento a Nicolás Gless como pionero del pop art en España, un marchamo que ya acuñó hace unos años el fallecido escritor, músico y periodista Moncho Alpuente, con el que el pintor colaboró, precisamente en el año 1968, en la revista universitaria ‘Anue’.

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