Medio centenar de pueblos ya no tienen niños menores de 5 años

Unos niños montan el bicicleta por una calle de Aldeanueva de la Serrezuela. /El Norte
Unos niños montan el bicicleta por una calle de Aldeanueva de la Serrezuela. / El Norte

La provincia de Segovia sufre la tasa bruta de natalidad más baja desde los años setenta

César Blanco Elipe
CÉSAR BLANCO ELIPESegovia

«Tenemos un niño en el pueblo y es que nos lo comemos», dice con todo el cariño el alcalde de Torreadrada, Luis Puebla. Su localidad es una de las 52 que salpican la dispersa geografía provincia que ya no tienen vecinos menores de cinco años, según los datos del padrón continuo que publica periódicamente el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Es decir, en uno de cada cuatro de los 209 municipios que conforman el mapa de Segovia no hay niños en edad de empezar la andadura escolar. La consecuencia es inevitable: los cierres de escuelas rurales que se han sucedido en los últimos tiempos.

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En solo siete años se han cerrado en la provincia quince centros y decenas de unidades. «La situación es muy triste, y cuando servicios como colegios, centros de salud o transporte desaparecen en un pueblo, la población se desplaza a núcleos cada vez mayores o a la ciudad», aseguraba al inicio del curso académico que encara ahora su recta final la portavoz del sindicato de Trabajadoras y Trabajadores de la Enseñanza de Castilla y León (STECyL), Christina Fulconis.

Requisitos más flexibles

Uno de los últimos colegios en cerrar sus puertas fue el de Garcillán, que este ejercicio ya no pudo abrir sus aulas por no cumplir con el mínimo de cuatro alumnos que exige la normativa regional. No pudo ser, a pesar de los esfuerzos de última hora del Ayuntamiento que preside la alcaldesa Ascensión Arribas por facilitar la matriculación a través de la oferta de condiciones especiales como ayudas para material escolar o comedor gratis.

De momento, para el curso que viene el consejero de Educación de la Junta, Fernando Rey, ha anunciado recientemente que la Administración autonómica «mantendrá las escuelas del medio rural con tres alumnos bajo ciertas condiciones».

En los últimos siete años la falta de las matrículas he llevado a clausurar quince colegios

Es un intento de flexibilizar la regla de mínimos que certificaba la apertura o el cierre de estos centros docentes. Entre esos requisitos que sopesa la Junta de Castilla y León está el hecho de que haya al menos tres alumnos matriculados con asistencia regular a clase. Asimismo, se valorará que los datos de empadronamiento del municipio de turno deduzcan un incremento en la escolarización para el siguiente ejercicio escolar, que el ayuntamiento solicite el mantenimiento de la unidad y que los progenitores prefieran inscribir a sus hijos en dicha clase.

La tenacidad de Navares de las Cuevas

Algunos consistorios han tratado de frenar el martillo pilón del envejecimiento y de la despoblación creciente mediante incentivos que no han terminado de fraguar como hubieran querido sus impulsores. ¿Recuerdan, por ejemplo, al alcalde de Navares de las Cuevas? Hace unos años propuso regalar un cochinillo a cada persona que se empadronase en este pueblo de 27 habitantes con tal de impulsar el censo y el asentamiento de nueva población.

Entre los ejercicios 2012 y 2017 hay 193 ayuntamientos que han reducido su padrón

Hubo un atisbo de luz cuando tres familias decidieron fijar su residencia en el pueblo, «pero han durado poco y se han terminado yendo, y eso que había dos hijos míos». Vicente Robisco asume que si no hay apoyo institucional, esa voluntad de luchar contra la despoblación queda reducida a agua de borrajas.

Pero el regidor no se rinde. Hace cuatro años celebraba el nacimiento de Samuel, el primer bebé inscrito en el padrón del pueblo en 46 años. Y para mayor felicidad, su nieto. Sin embargo, la joven familia abandonó Navares de las Cuevas. Ahora, el Ayuntamiento ofrece ventajas fiscales para quienes decidan establecer su residencia y empadronarse en el municipio.

Edad media de 45 años

Los guarismos demográficos fotografían cómo las poblaciones envejecen, y ello a pesar de que la provincia no es de las más ancianas de la región, con una edad media que supera ligeramente los 45 años. En las calles de estas aldeas ya no corretean los chiquillos. Los mayores echan de menos el ruido y las travesuras de los más pequeños de los hogares. Los parques infantiles han quedado casi como testimonio inerte de que antaño hubo quien disfrutaba con ellos todo el año. Columpios, balancines y toboganes esperan a que lleguen las vacaciones de verano para volver a sentirse útiles.

De vuelta al esclarecedor INE, que cuantifica esa sensación desazonadora ante la hemorragia demográfica, las estadísticas ponen de manifiesto cómo los pueblos no solo envejecen, sino que también asisten impotentes a la reducción de sus padrones. Prácticamente uno de cada tres municipios segovianos no llega a los cien habitantes. Según el organismo oficial, 76 términos de los 209 existentes bajan del centenar de empadronados. Esos mismos números revelan la supervivencia de treinta términos con menos de cincuenta vecinos.

En muchos de ellos echan de menos la algarabía de los niños en sus calles y plazas. Otra muesca en la culata del fenómeno de la despoblación se la cobran los 193 ayuntamientos que en cinco años, entre 2012 y 2017, han sufrido bajas de habitantes en sus censos, incluido el de la capital o algunos de los grandes núcleos como El Real Sitio de San Ildefonso, Cuéllar, El Espinar, Nava de la Asunción, Coca, Cantalejo o Carbonero el Mayor.

Saldo vegetativo negativo

Mientras los datos sobre defunciones que maneja el INE se mantienen más o menos estables en torno a las 1.600 y 1.800 anuales desde principios de este siglo, los números que marcan la evolución de los nacimientos dibujan una línea descendente, con sus excepciones en forma de picos y repuntes. Por ejemplo, si se enfoca el retrovisor de la comparación hacia 1975, nunca había habido tan pocos alumbramientos en Segovia como en 2016. A lo largo de esos cuarenta años nunca se había bajado de los 1.150 recién nacidos, y hace dos años hubo 1.141, a tenor del INE.

En 2016, la diferencia entre defunciones y nacimientos fue de 543 a favor de los óbitos

Esta caída de los alumbramientos justifica que la tasa bruta de natalidad que registra la provincia sea la menor de cuantas ha ido contabilizando el Instituto nacional de Estadística en sus series históricas a lo largo de los últimos cuatro decenios. Desde los años setenta nunca ha habido menos nacimientos por cada mil habitantes (7,3 al término del año 2016, último ejercicio completo).

Además, dicho ejercicio cerró con 1.684 defunciones. Es decir, el fiel del saldo vegetativo que revela la diferencia entre nacimientos y fallecimientos se decantó por los decesos. Hubo 543 óbitos más.

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