Y llegó Eva Perón

Eva Perón, en el Azoguejo. /El Norte
Eva Perón, en el Azoguejo. / El Norte

Un vestido de segoviana que costó 3.048,60 pesetas fue el regalo que le hicieron los segovianos

Carlos Álvaro
CARLOS ÁLVAROSegovia

El periodismo es muy dado a las efemérides, quizá porque tiene memoria y sabe guardar los recuerdos colectivos en la hemeroteca. Este año se han cumplido setenta primaveras de la visita de Eva Perón a Segovia y a La Granja de San Ildefonso, aunque también aquel 11 de junio de 1947 había estado en Ávila y en Medina del Campo, pues el régimen del general Franco preparó a la esposa del presidente de la República Argentina una apretadísima gira en la que apenas encontró respiro.

A las ocho de la tarde un aplauso atronador llegó desde el lado oriental del Acueducto y las campanas de todas las iglesias de Segovia sonaron al unísono. Del coche oficial descendió la mítica Eva Perón. Vestía traje de chaqueta blanco, falda por debajo de la rodilla, pamela y bolso a juego. Verdaderamente, tenía 'glamour'. Evita, como le decían sus descamisados de la Argentina, contaba entonces veintiocho años, aunque solo le restaban cinco de existencia, pues murió de cáncer en 1952, al poco de cumplir los treinta y tres.

El pueblo de Segovia tributó a la esposa del general Perón un caluroso recibimiento, aunque la señora se hizo esperar porque la comitiva llegó con mucho retraso, de tal manera que hubo que cambiar el programa sobre la marcha: si en un principio estaba previsto que Eva Perón recorriera a pie el trayecto que va desde el Azoguejo al Alcázar, al final solo fue posible un brevísimo recimiento junto al Acueducto.

La primera dama argentina, agasajada por una dictadura, la de Franco, aislada internacionalmente por su apoyo público a Hitler y a las potencias del Eje durante la II Guerra Mundial, fue recibida por las autoridades locales, el gobernador civil, Joaquín Pérez Villanueva; el alcalde de la ciudad, César Zubiaur; el presidente de la Diputación, Andrés Reguera, y el obispo, el omnipresente Daniel Llorente Federico. Un vestido de segoviana que costó 3.048,60 pesetas fue el regalo que la hizo la ciudad y la provincia.

Tras pasar revista a las tropas de la Academia de Artillería mientras sonaban los himnos nacionales de España y Argentina, la comitiva, en la que también iba Carmen Polo, la esposa del Generalísimo, se dirigió a La Granja de San Ildefonso, donde Evita tuvo ocasión de visitar alguna sala del Palacio Real y ver correr el agua de las fuentes. Todavía le restaba a la Perón pasar por Toledo, Madrid, Sevilla, Santiago, Gijón, Zaragoza y Barcelona.

Ella personificó mejor que nadie la ayuda argentina (350 millones de pesos para comprar carne y cereales) que ayudaría a paliar el hambre en España.

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