«Si llego a estar al otro lado del mostrador, recibo el golpe del cuchillo»

Mercedes González (izquierda) y Marisa Yuste, en el mostrador de la tienda Quintanilla de la Calle Real,
Mercedes González (izquierda) y Marisa Yuste, en el mostrador de la tienda Quintanilla de la Calle Real, / Tanarro

La trabajadora y las dueñas de la tienda Quintanilla recuerdan la tensión vivida durante el intento de agresión a viandantes en la Calle Real

ENRIQUE YUSTESegovia

No se hablaba de otra cosa ayer en la Calle Real. Todas las conversaciones giraban alrededor del suceso ocurrido a última hora de la tarde del jueves. Turistas, vecinos y comerciantes del tramo final de la calle Cervantes intercambiaban sus impresiones y recordaban los momentos de tensión vividos cuando una mujer de 45 años rompió con su actitud agresiva el ambiente cordial y comercial que impera cada tarde en una de las calles más transitadas de Segovia.

Los corrillos de gente en las zonas donde se produjo el incidente fueron frecuentes durante toda la mañana, mientras los testigos del suceso señalaban y relataban lo ocurrido. Marisa Yuste y las hermanas Encarna y Marisa González, trabajadora y propietarias de la tienda Quintanilla, respectivamente, fueron las que más tuvieron que contar. Probablemente, fueron también las que más miedo pasaron ante el intento de agresión con un cuchillo por parte de una mujer que fue trasladada posteriormente a la Unidad de Psiquiatría del Hospital General de Segovia. Justo en la puerta de su establecimiento, cuando todavía había clientes en su interior, fue donde un policía nacional de paisano se encargó de reducir a la presunta agresora, que lanzó el cuchillo contra una estantería de la tienda. «Estaba atendiendo a una clienta y me asusté bastante. Si llego a estar al otro lado del mostrador, recibo el golpe del cuchillo. Me quedé en estado de shock», recuerda Marisa, quien reconoce que son habituales los ratos que pasa en la silla colocada justo delante de la zona por la que se arrojó el arma blanca.

Según su testimonio, la presunta agresora había dejado a la persona a la que cuidaba habitualmente en su domicilio. «Bajando la Calle Real se metió con un grupo de chicos normales y majos», cuenta Encarna. «No venía forcejeando con ellos porque no la tocaron. Iba dando voces todo el rato», relata la propietaria de Quintanilla, quien observó como a la altura de su establecimiento un policía nacional de paisano, que se encontraba de vacaciones, se identificó y procedió a la detención de la mujer, que portaba un cuchillo que había cogido segundos antes de un restaurante. «Al ver que había un policía y que la iban a coger fue cuando arrojó el cuchillo en la tienda. El policía actuó con mucha amabilidad y educación. Lo primero que hizo fue identificarse como tal, aunque la gente reaccionaba en contra y preguntaba qué le estaba haciendo a la mujer», asegura.

Una vez intervino el Policía Nacional la actitud de la mujer continuó siendo agresiva. «Su afán era entrar en la tienda. Nos hacía gestos y señas para que le devolviéramos el cuchillo», explican Encarna y Marisa, que recuerdan como hicieron falta hasta cinco agentes de la Policía para evitar que la agresora siguiera ocasionando problemas una vez fue introducida en el vehículo policial.

«Actitud amenazante»

También sufrió un buen susto José Luis Pérez Fuentes, propietario de la tienda Detalles, ubicada unos metros más arriba del lugar donde se redujo a la agresora. Él fue, además, quien alertó a la Policía Nacional tras contemplar desde su establecimiento la discusión de la presunta atacante con un joven. «La mujer tenía una actitud amenazante con un chico joven por un motivo que desconozco. Le instaba constantemente a que le pidiera perdón, pero el chico aseguraba que no había hecho nada. Yo le dije al chico que se fuera lo antes posible para evitar males mayores», recuerda José Luis, quien vio como la mujer golpeó por la espalda al joven. «Estaba muy violenta. Salió corriendo por detrás y le dijo que le iba a matar. Entró en el restaurante El Bernardino y salió detrás con un cuchillo», comenta.

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Fue en ese momento cuando José Luis decidió llamar a la Policía temiendo que el suceso pudiera acabar en tragedia. «Tardaron en unos segundos en llegar», afirma el propietario de Detalles, quien había llegado tan solo unos minutos antes a su establecimiento.

Reconoce que la situación causó miedo y preocupación entre la gente que en esos momentos paseaba por la Calle Real. «Cuando la vimos con el cuchillo tuvimos mucho más miedo, porque con un bofetón no pasa nada pero usar un cuchillo son palabras mayores y pudo ser una desgracia importante», asevera José Luis, quien no vio como la presunta agresora trataba de agredir con el arma blanca a otros viandantes. «Yo cuando la vi ya estaba dando voces. El chico no le decía nada. Por lo visto, tan solo la instó a que dejase de molestar al resto de la gente», concluyó.

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