El libro que permitió cambiar la forma de mirar al monte

Juan Andrés Saiz Garrido, ayer, con su libro. /Antonio de Torre
Juan Andrés Saiz Garrido, ayer, con su libro. / Antonio de Torre

El escritor Juan Andrés Saiz Garrido reedita ‘Los gabarreros de El Espinar’

Carlos Álvaro
CARLOS ÁLVAROSegovia

La reedición del libro ‘Los gabarreros de El Espinar’, de Juan Andrés Saiz Garrido, ha puesto la guinda a la vigésima edición de la Fiesta de los Gabarreros. Se trata de una revisión, en profundidad, del texto que Saiz Garrido publicó en 1996 y que tanto contribuyó a rescatar la memoria de un oficio tan digno como olvidado. En realidad, el autor llevaba años queriendo reeditar el libro que tantas alegrías le dio. «Han sido muchos los alcaldes y concejales que me ha alentado a ello, y también algunas entidades, como Segovia Sur y Parques Nacionales, pero la tarea que tenía delante me daba vértigo, porque era más fácil escribir y publicar algo nuevo que reeditar un libro tan complejo. El empujón definitivo me lo dio mi hijo Juan Andrés, a mediados del pasado diciembre», confiesa Saiz Garrido.

La segunda edición de ‘Los gabarreros’ (Alma Gabarrera Ediciones) viene armadísima. El autor ha revisado y corregido el texto anterior, ha incorporado todo lo que ha pasado desde entonces, especialmente lo relativo a la difusión del oficio de la leña que a tantas familias espinariegas dio de comer en el pasado, y ha incluido reflexiones que enriquecen la obra y la convierten en un verdadero tesoro para cualquier hijo de El Espinar que se precie de serlo. «En el fondo, escribir es podar, quitar lo que sobra. El libro está ilustrado con trescientas fotografías, pero son las que se han salvado en una criba de mil. También tiene ciento treinta páginas nuevas, que son las que quedan después de haber escrito antes muchas más», señala el autor.

Como en todo lo que hace, Saiz Garrido ha vuelto a poner toda la pasión del mundo en la edición de un libro muy especial. «Hace veintidós años todo fue mucho más fácil –recuerda–. Ahora me he sentido más presionado por la responsabilidad. Un padre no puede decepcionar a un hijo, claro, pero es que también hay mucha gente muy valiosa y comprometida que espera un buen libro. No valía el mismo o cualquiera. Tenía que darles lo mejor de mí, en fondo y en forma, y en poco tiempo. El esfuerzo ha merecido la pena».

La cubierta de ‘Los gabarreros de El Espinar’ está ilustrada con una extraordinaria fotografía de Pablo Saiz Lobo, hijo del autor. En ella aparecen las manos y el hacha del gabarrero Benedicto Muñoz. Se trata de una imagen con una fuerza increíble, que encierra parte de los secretos del oficio del monte. «Cuando salió el primer libro, mi hijo Pablo era muy joven, pero supongo que algo se le habrá pegado en casa en estos años, aunque él no se haya dado cuenta. ‘Los gabarreros’ le han permitido conocer a personas como Juan Pablo Ortega, Gonzalo Menéndez Pidal, Forges, Ignacio Sanz... Todo se pega. Cuando decidió qué portada quería hacer, vio fotografías, se fijó en las manos de Benedicto Muñoz y dijo: esas. Yo creo que la portada busca la épica. Ha sido una decisión arriesgada, pero a mí me enamora: unas manos y un hacha que abrazan un libro».

Una forma de vida

‘Los gabarreros’ es un libro documentadísimo que cuenta lo que a Juan Andrés Saiz Garrido le han contado los protagonistas del oficio. El tesoro que guarda reside precisamente en los testimonios que el autor recogió en su día. Esos testimonios son los que le han permitido reconstruir la historia de un oficio sacrificado y duro que encerraba toda una forma de vida, una cultura. «Algún amigo ha escrito, con mucha pasión, que este libro ha cambiado al pueblo. No es para tanto. Como mucho, ha cambiado la forma de mirar al monte y su cultura. Al quien le ha cambiado el libro es a mí, pues comencé a escribirlo hace veintidós años como periodista y al final me sentí escritor; pensé en describir un oficio olvidado y me encontré una cultura... Ahora he descubierto más cosas: que la gabarrería es un acto de amor y que la esencia de ese oficio está en el detalle, lo mismo que la literatura y el arte».

El libro, que vio la luz hace apenas dos semanas, vuela solo. Los espinariegos pueden adquirirlo en las librerías de El Espinar y San Rafael. «Espero que se cuele en las cocinas de las casas de mi pueblo, para que sea leído al calor de la lumbre y de la familia, una y otra vez, igual que el anterior».

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