Así se hacen los roscones de la pastelería Acueducto

Varios clientes esperan su turno a las puertas de la pastelería Acueducto. / Antonio Tanarro

Colas en los establecimientos de la capital para adquirir tradicional bollo

Q. Y.Segovia

No ha habido pastelería en Segovia que durante las últimas horas no haya registrado largas colas de clientes en las entradas a sus establecimientos. Cientos de personas dispuestas a adquirir el producto estrella y típico para el día de Reyes, armadas de paciencia para esperar su turno durante varios minutos, incluso en la calle, a pesar de la constante lluvia que desde primera hora de la tarde moja las calles de Segovia.

El roscón de Reyes estará presente este sábado en la gran mayoría de hogares segovianos. Una tradición centenaria que endulza la mañana de cada 6 de enero después de la noche más mágica del año. Para que sea posible, las pastelerías de la capital y la provincia han vivido jornadas de una alta intensidad de trabajo, que ha alcanzado su punto álgido este viernes con la elaboración de miles de roscones.

Los segovianos disfrutarán de este dulce bollo gracias al trabajo de decenas de reposteros, que desde la madrugada de este viernes han trabajado durante una larga jornada para que no haya persona sin roscón. Azúcar, sal, huevo, harina, agua de azahar, naranja, limón, mantequilla, levadura y fruta escarchada. Y la tradicional sorpresa. Son los ingredientes que se necesitan para elaborar este tradicional dulce que no ha parado de salir de hornos como los de la pastelería Acueducto durante toda la jornada de este viernes.

Con tiendas en la calle Ezequiel González y Cervantes de la capital segoviana, esta pastelería es una de las favoritas para adquirir el roscón de Reyes. Desde las dos y media de la madrugada llevan sus resposteros con el horno a pleno rendimiento y así siguen hasta las nueve de la noche de este viernes. El proceso lo tienen más que aprendido tras la elaboración de miles de roscones en los que varia el tamaño (de 250 gramos a 2 kilos) y el relleno (crema, nata, trufa o vacíos).

Todo comienza con la elaboración de la masa. Es el primer paso y en el que se da forma al roscón. Tras introducir la sorpresa en su interior, se lleva a la fermentadora, donde permanece a una temperatura de 35 grados permitiendo que la levadura comience a crecer. Después llega el momento de pintar el roscón con el huevo y añadir el azúcar y las almendras. De ahí al horno, donde permanecerá cerca de media hora (dependiendo del tamaño) a 200 grados de temperatura.

Tras dejarlo enfriar durante 20 minutos, llega el momento de tirar de manga pastalera para rellenar el roscón con nata (el producto más demandado), crema o trufa. También se venden vacios, aunque cada vez es menos frecuente.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos