Con la India en la retina y en el corazón

El empresario, días antes de su partida. / Antonio Tanarro

El empresario segoviano Chema Conde, propietario de varias ópticas, viaja este lunes al país asiático, en el que ejerce labores de voluntariado desde hace años

EVA ESTEBAN Segovia

Lleva media vida compaginando su vida profesional y personal en Segovia con el voluntariado en la India. Todos los años, «hace tantos que no recuerdo cuando empecé», el empresario de óptica José María Conde González viaja al país asiático para ejercer como voluntario y «cuidar a niñas que han sido abandonadas por sus familias y están muy desprotegidas». Chema Conde, como se le conoce en Segovia, cumple siempre una premisa en sus viajes solidarios: «Mantener la zona, pero cambiar de pueblo», y por tanto también de ONG. Este año, en colaboración con Voluntarios por el Mundo, una ONG fundada en 2011 y que tiene presencia en casi todos los continentes, su destino será Rajasthan.

Su viaje a la India, que comenzará este lunes y se desarrollará hasta el próximo 10 de septiembre, es uno de los momentos más esperados por Conde durante todo el año. Durante su estancia en el poblado suele seguir la misma dinámica y trata con dos grupos de chicas de diferentes edades: «Por la mañana acudimos a la guardería y estamos con un grupo de diez niñas de unos cuatro años», explica Conde. «Después de comer vamos a la escuela, donde está un grupo de quince chicas de entre ocho y doce años. Allí les damos información sobre cómo deben lavarse los dientes o los medios sanitarios que deben utilizar».

Este año le acompaña su mujer, Encarnación Llorente, que es enfermera y ha solicitado colaborar en algún hospital

Aunque no acude «bajo la etiqueta» de óptico, «cualquier persona puede ir y colaborar», puntualiza, siempre que detecta problemas oculares entre las niñas actúa: «Les llevamos a los hospitales a que les miren la vista y les pago la consulta, que allí supone un precio simbólico». Además, durante todo el año, no solo durante su permanencia en el país asiático, «mando productos a la ONG para que puedan utilizarlo las niñas; el año pasado llevamos unas 100 gafas».

Según relata el empresario segoviano, las condiciones en las que viven son muy duras. «Son niñas que han sido abandonadas por sus padres y viven en chabolas de paja con hojas de plataneros como cubiertas», explica. «Tienen agua corriente y generadores de luz, pero no es ninguna maravilla», continúa. Están tan infravaloradas y desamparadas que incluso «animales como las vacas, que son consideradas sagradas, están más protegidas que la mujer», afirma. A pesar de estas condiciones de vida, las jóvenes están «muy escolarizadas, y acuden al colegio con su uniforme», señala.

«Tenemos una misión, buscar a una mujer de 18 años que vive con sus dos hijos debajo de un puente y llevarle objetos básicos»

Las vacaciones de verano suelen ser sinónimo de sol, playa y familia para muchos, pero Chema Conde prefiere invertirlas conviviendo «con niñas desprotegidas que necesitan nuestra ayuda». El año pasado, su hija Ángela, de 28 años y licenciada en el doble grado de Derecho y Administración y Dirección de Empresas, le acompañó a Chennai, un estado al sur del país asiático. La experiencia fue «tan gratificante» que este año también acudirá su esposa, Encarnación Llorente. Trabaja como enfermera en el Hospital General de Segovia y, dados «sus amplios conocimientos sanitarios», «hemos solicitado que pueda ejercer en algún centro hospitalario de allí». Este año, cuenta el empresario, «tenemos una misión, que consiste en buscar a una mujer de 18 años que vive con sus dos hijos debajo de un puente y llevarle algunos objetos básicos». Conde siempre ha estado «muy comprometido con las obras sociales, incluso en Segovia». «He tenido a muchos niños apadrinados en la India, pero un día decidí que era mejor acudir allí y verles», añade.

Gastos

A pesar de que las ONGs no cubren ningún gasto de traslado, «únicamente, cuando llegas te dan una chabola pequeña con un palé en el suelo con una colchoneta», el desembolso económico no supone ningún inconveniente: «Cuando vas a sitios como este piensas que vas a dar y realmente recibes muchísimas más sonrisas y gratificación», explica el óptico segoviano. «Cuando te ven se te lanzan a los brazos, solo por eso ya merece la pena». El gasto más importante es el del billete de avión, «de unos 600 euros».

La vuelta a la realidad, después de «convivir con una cultura diferente y todo lo que supone, que se te queda impregnado en la retina», siempre cuesta: «Cuando vuelves te das cuenta de lo egoístas que somos. Vienes neutro y con una tranquilidad y un ritmo de vida que no es el mismo que aquí. Te hace cambiar muchísimo y te ayuda a valorar las cosas», asegura.

Conde, que ha viajado como voluntario a países como Perú, Bolivia o Nepal, abrió la primera de sus tres ópticas en la capital en 1982 y en la actualidad cuenta con una plantilla formada por nueve personas. «Damos gran importancia al servicio y la calidad del producto», afirma.

Fotos

Vídeos