San Frutos obra el prodigio con un canto a la convivencia

Miembros de la Asociación de Cocineros preparan y reparten las Sopas del Santo, en los actos de la noche del martes. /Antonio de Torre
Miembros de la Asociación de Cocineros preparan y reparten las Sopas del Santo, en los actos de la noche del martes. / Antonio de Torre

El 'milagro' del Paso de la Hoja revela a las puertas de la Catedral el mensaje 'Vive y deja vivir', de la ilustradora Lucía Huertas, antes de saborear las Sopas del Santo

C. B. E.Segovia

Mucha, muchísima gente, segovianos prácticamente todos y algún turista curioso atraído por la singular tradición, conquistaron la Plaza Mayor para hacer una nueva exhibición popular de pasión por la ciudad y fervorosa devoción por su patrón. La música del Nuevo Mester de Juglaría amenizó la liturgia, el ritual previo y la celebración posterior que se alargó hasta ya entrada la madrugada.

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Al llegar la medianoche, presidiendo la marabunta de gente arremolinada y apretada en torno a la verja de la seo, San Frutos obró el prodigio, el 'milagro' del paso de la hoja del portentoso libro. Aliviados. No será el fin del mundo, el volteo dejó aún páginas por escribir. La ilustración encomendada por la Venerable Cofradía que lleva el nombre del patrón segoviano,quedó al descubierto. La obra de Lucía Huertas, lanzaba un mensaje de conciliación, hermandad y convivencia en un tiempo que parece necesitar todas ellas como los pantanos y el campo añoran el agua: 'Vive y deja vivir', reza.

Y una vez admirado el 'milagro', la multitud se volvió a la Plaza Mayor para guardar cola. Una hilera enorme que empezaba a la puerta de la Casa Consistorial y que pudo dar la vuelta a la elipse en ocasiones. Tampoco importó demasiado la paciente espera porque el patrón bendijo una noche agradable en lo meteorológico. Los

Llegaba el aroma procedentes de los gozosos borbotones de las Sopas del Santo que se condimentaban al cuidado de los avezados 'chefs' y aguerridos sollastres encargados de su adecuado bullir. La costumbre, una vez más, manda y reza que «en la noche que precede el día del Santo Patrón acontece gran milagro entre canción y canción». Así fue. Las dulzainas y tamboriles se abrieron camino entre el bullicio de la Plaza Mayor que aguardaba en fila su cuenco de barro con las reconfortantes sopas típicas de San Frutos.

Un euro para la causa solidaria, mientas la Asociación de Cocineros marcaba el ritmo del caldo a pie de cacerolas, ollas y mesa donde los comensales recogían su ración. Se distribuyeron unas 2.700. Casi nada. Las sopas mostraron el camino más delicioso para animar el ambiente en la víspera de la fiesta patronal, a la que los componentes del Mester pusieron banda sonora con sus romances y jotas.

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