La extraordinaria historia de ‘El hombre pez’

José Antonio Abella posa en la Casa de la Lectura con su libro antes de la presentación. /Tanarro
José Antonio Abella posa en la Casa de la Lectura con su libro antes de la presentación. / Tanarro

José Antonio Abella aborda en su última novela la aventura de un muchacho que se lanzó a la ría de Bilbao y emergió en el golfo de Cádiz cinco años después

Á. G. Segovia

En el año 1679, unos pescadores gaditanos capturaron a un hombre desnudo que nadaba en alta mar con un grupo de delfines. Llevado ante el Santo Oficio, el extraño individuo marino fue interrogado y exorcizado, pero nada se consiguió saber de su vida. De sus labios solo brotó una palabra: «Liérganes». Pronto averiguaron los inquisidores que, cinco años atrás, un muchacho de aquella hermosa villa cántabra que aprendía el oficio de carpintero en Bilbao y era un excelente nadador se había lanzado a la ría del Nervión dejándose arrastrar por el mar, de donde ya no regresaría. De la aventura marina de Francisco de la Vega y de su posterior captura en el golfo de Cádiz trata esta novela, la última de José Antonio Abella, escritor y médico burgalés afincado en Segovia, que ayer presentó ‘El hombre pez’ (Valnera) en la Casa de la Lectura acompañado de Carlos Álvaro, periodista de El Norte de Castilla.

«La novela trata sobre la vida de del célebre hombre pez de Liérganes (Cantabria), Francisco de la Vega. Podemos considerarla una novela histórica, muy documentada, pero a la vez amena. Cantabria, Bilbao y Cádiz son el escenario de muchas de sus páginas», explica el autor. La peripecia de Francisco de la Vega, desaparecido en la ría de Bilbao y encontrado en el golfo de Cádiz cinco años después, es el motivo que Abella toma para levantar una magnífica novela, dotada de una prosa muy cuidada, repleta de evocaciones clásicas, que transporta al lector a la España del Siglo de Oro.

«No conocí esta historia, ni conocía Liérganes, hasta 2013, cuando llegó a mis manos una primera edición del tomo sexto del ‘Theatro Crítico Universal’ del padre Feijoo. Cuando leí el discurso que Feijoo dedica al hombre pez de Liérganes quedé fascinado por el protagonista. Su peripecia vital, «tan exorbitante del regular orden de las cosas», como dice el propio padre Feijoo, no puede dejar a nadie indiferente», asegura el autor, galardonado en 2014 con el Premio de la Crítica de Castilla y León por la novela ‘La sonrisa robada’.

Tras leer al padre Feijoo, José Antonio Abella tuvo muy claro que delante de él tenía una novela por hacer, pues ya abundaban los artículos, entradas de blogs o capítulos sobre el hombre pez. Entre la documentación que ha consultado, el único libro monográfico dedicado por completo al hombre pez de Liérganes lo publicó José María Herrán Valdivieso en el año 1877. También el doctor Gregorio Marañón le dedicó un estudio en 1934. «De todas formas, no se trataba de repetir lo ya contado, sino de añadir datos nuevos y algún matiz. En la historia de Francisco de la Vega estaban todos los ingredientes para una novela perfecta. Lo raro es que nadie la hubiera escrito todavía», subraya el autor, convencido de que estamos ante un pasaje real. «Feijoo es un representante del espíritu de la Ilustración en España y si hay algo que caracteriza su pensamiento es la lucha contra la superstición y la ignorancia. A él mismo le costaba creer tan fabulosa historia, pero todas las indagaciones que hizo llevaban a la misma respuesta: la historia era inverosímil, pero cierta. De Francisco de la Vega, su protagonista, no solo tenemos la partida de nacimiento, sino el testimonio de muchas personas que lo conocieron». Efectivamente, la historia es inverosímil, pero la verosimilitud es una de las grandes virtudes de la novela de Abella.

De esta obra del autor de ‘Yuda’, destaca el rico lenguaje empleado. «El lenguaje es el gran desafío de toda obra literaria. A mí se me hace insufrible la lectura de cualquier libro que no respete esa premisa, lo que no significa caer en la trampa de las florituras lingüísticas. Todo lo contrario: en la literatura, como en la vida, la belleza y la sencillez suelen ir de la mano».

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