Los expertos creen que el Acueducto es insensible a las vibraciones externas

El tramo del Acueducto reconstruido en la época medieval es el que más deteriorado está. /Antonio De Torre
El tramo del Acueducto reconstruido en la época medieval es el que más deteriorado está. / Antonio De Torre

El ingeniero del Cedex Ismael Carpintero asegura que el granito del monumento presenta «graves patologías»

CARLOS ÁLVAROSegovia

El agua de lluvia y la contaminación ambiental hacen muchísimo más daño al Acueducto que las vibraciones ocasionadas por los conciertos o las actividades que se desarrollan a escasos metros de los pilares. La conclusión no es nueva: los expertos que estudiaron el Acueducto a raíz de la restauración ejecutada durante los años noventa comprobaron a través de numerosos ensayos que el monumento romano es «bastante insensible» a las vibraciones externas. Lo recordó ayer Ismael Carpintero García, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y coordinador en el Área de Estudios y Auscultación de Estructuras del CEDEX, el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas que a partir de ahora se encargará de tutelar la conservación del Acueducto.

«El efecto de las vibraciones es mucho menor que el que producen la contaminación ambiental o los cambios bruscos de temperatura. En los años noventa se colocaron sensores y se midieron las vibraciones, incluso con camiones de gran tonelaje, y no se detectó prácticamente nada», puntualizó Ismael Carpintero, que ayer participó en la penúltima sesión de las II Jornadas Acueducto de Segovia junto al director del laboratorio central de Estructuras y Materiales del Cedex, José Manuel Gálligo.

La erosión más grandese encuentra en el tramo reconstruido en la época medieval

Para Carpintero, el Acueducto de Segovia es un monumento «estable» desde el punto de vista estructural, pero para poder combatirlas con garantías y ralentizar así el inevitable deterioro. «La degradación de materiales es el principal problema al que nos enfrentamos. El Acueducto ha estado siempre expuesto a las inclemencias del tiempo y se ha venido deteriorando desde el primer momento, pero esa degradación se ha visto especialmente acelerada a lo largo de las últimas décadas debido a la contaminación atmosférica. La lluvia de ahora contiene mucho más ácido que la de hace un siglo y eso se nota porque es muy perjudicial para el granito del Acueducto», aseguró.

Las principales patologías se concentran en el tramo monumental. Hay sillares fracturados por la propia degradación, así como una preocupante pérdida de relieve de las piedras. En el tramo medieval, por ejemplo, el mortero utilizado en la última reconstrucción se ha ido deshaciendo, de manera que las piedras han empezado a entrar en contacto, hay más huecos entre unas y otras y algunas se han desplazado.

¿Causas? Son de diversa índole. Según Carpintero, la contaminación ambiental, la humedad, los cambios bruscos de temperatura, la colonización biológica, el viento y la acción del hombre son las más agresivas. «El agua, por ejemplo, ha sido para el Acueducto su bendición y su condena, porque a través del agua le han llegado otros agentes agresivos, por ejemplo, el hielo que ocasionan las bajas temperaturas. La atmósfera actual contiene cantidades muy elevadas de dióxido de carbono. Las partículas en suspensión son las responsables de las costras negras que hay en la piedra. Las plantas que crecen, las aves que anidan tampoco favorecen la conservación del Acueducto. Y, en cuanto al hombre, el tráfico hizo mucho daño en su momento y fue un acierto retirarlo. Cuanto más lejos esté, mejor», explicó el experto.

Los tramos peor conservados están, precisamente, en la zona reconstruida en tiempos de los Reyes Católicos. «La explicación es sencilla. En este tramo se emplearon materiales de peor calidad, un granito más blando y esos morteros que se han ido degradando con el paso de los años. Es, sin duda, el área del Acueducto que peor está».

En su exposición, Ismael Carpintero recordó las intervenciones y restauraciones que se han realizado en el Acueducto a lo largo de la historia, empezando por las labores de limpieza y mantenimiento que siempre se han realizado, «porque si el Acueducto ha llegado así a nuestros días es porque ha tenido una función, la de transportar el agua. Y en el pasado, tenían que asegurar su funcionamiento. Esto obligó a hacer limpiezas periódicas y labores de mantenimiento», expuso el experto del Cedex.

«Las partículas en suspensión causan las costras negras que hay en la piedra»

Sucesivas reconstrucciones transformaron el primer tramo del monumento (el que sigue las calles Almira y Cañuelos), y en el siglo XIX se retiraron los edificios que el Acueducto mantuvo adheridos a sus pilares durante años, pero no fue hasta el siglo XX cuando se acometieron las primeras restauraciones modernas. La restauración de 1973 garantizó la solidez estructural del monumento (se inyectaron resinas y cemento en algunas juntas y se cosieron numerosos sillares con barras) y la de los años noventa atajó en gran medida el mal de la piedra.

«La restauración de los años setenta garantizó la solidez estructural del monumento»

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