Un estudio detecta graves pérdidas en la ornamentación del atrio de San Martín

Una de las partes del atrio que peor aspecto presenta la Iglesia de San Martín. /Antonio De Torre
Una de las partes del atrio que peor aspecto presenta la Iglesia de San Martín. / Antonio De Torre

La reparación de la cubierta es la necesidad más urgente que presenta el monumento

CLAUDIA CARRASCALSegovia

Una de las iglesias románicas más destacadas del corazón de Segovia, la de San Martín, será objeto de una de las próximas intervenciones de consolidación y restauración por parte de la Junta de Castilla y León en la ciudad. Esta iglesia, datada del siglo XII y situada en la plaza de San Martín, frente al Torreón de Lozoya, necesita una intervención integral en su parte exterior. Sin embargo, el atrio de este monumento es la principal prioridad del Servicio Territorial de Cultura de la Junta debido a su avanzado estado de deterioro.

Las decenas de restauraciones que se han llevado a cabo en la iglesia desde el siglo XIV son, en gran parte, responsables de su situación. En la fachada, pórticos, portadas y columnas se han realizado a lo largo de siete centurias numerosas sustituciones de piedra de diferentes calidades y mediante técnicas que difieren mucho de la original. También se han ido aplicando sucesivas capas de aparejos y de productos con la intención de proteger la piedra de las condiciones meteorológicas adversas y de la erosión. En algunas zonas, además, se han detectado hasta cinco capas superpuestas de resinas y otros productos. De hecho, en el primer revestimiento se ha encontrado en muchos puntos una pátina que empleaban para resaltar los volúmenes.

Los resultados de todas estas intervenciones que se han ejecutado a lo largo de los siglos han sido muy diferentes a los esperados y las consecuencias a largo plazo de la mayor parte han sido negativas debido a las secuelas que ha dejado en el monumento. Disgregaciones y descamaciones de la piedra original, o presencia de sales perjudiciales son las consecuencias más comunes.

Estas son algunas de las conclusiones a las que se ha llegado con el estudio previo de patologías que ha desarrollado el restaurador Carlos Sanz Velasco, a petición del Servicio Territorial de Cultura. El presupuesto de este análisis, que ha requerido la toma y análisis de muestras en el laboratorio, ha sido de 3.460,78 euros y está cofinanciado por Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) de la Unión Europea. El plazo de ejecución ha sido de 45 días y finalizó el pasado mes de noviembre.

La jefa del Servicio Territorial de Cultura, Ruth Llorente, explica que el objetivo de este informe de análisis del estado del atrio del monumento es el «diagnóstico de las necesidades para la posterior redacción y ejecución del proyecto». En concreto, consta de una memoria descriptiva de las características de la parroquia, el desglose de las patologías, una propuesta de las acciones necesarias y un compendio de documentación gráfica que apoya las hipótesis defendidas.

Por el momento, no se han fijado plazos y es que el comienzo de la elaboración del proyecto está supeditado a las negociaciones con la Diócesis de Segovia para determinar la cantidad que puede cofinanciar cada una de las partes. «En función de presupuesto que pueda destinarse a este programa de restauración se determinarán que aspectos pueden abordarse y cuáles no», indica Llorente. Eso sí, ya se ha fijado esta intervención como prioritaria por parte de la Junta de Castilla y León, a pesar de que no son necesarias actuaciones de emergencia porque no existe falta de estabilidad severa.

El paso más urgente sería el retejado del edificio, que incluiría la limpieza, mantenimiento y reparación de las tejas dañadas, así como la impermeabilización de la zona. «No tendría sentido comenzar a reparar y a proteger los capiteles si no se aborda primero el origen del problema», comenta la restauradora del Museo de Segovia, Cristina Gómez, que colabora con el proyecto.

Una de las principales causas de las afecciones que revela este informe es la humedad de la roca caliza que compone la iglesia. El objetivo era determinar como afecta la humedad a las estructuras y de donde procede, es decir, si se trata de capilaridad o agua que absorbe el monumento desde el suelo o se debe a infiltraciones del agua de lluvia. Para ello, se han tomado muestras de diferentes puntos de la piedra y las han analizado en el laboratorio.

«A pesar de que las mediciones se han efectuado en septiembre y octubre, meses que este año han estado marcados por la sequía, todo parece que se trata de infiltraciones», puntualiza Gómez. Por ello, el tejado será el «principal objetivo para evitar que siga entrando agua», continúa. El siguiente paso sería la intervención directa sobre los capiteles y fustes del atrio y de la portada occidental que, tal y como confirma la jefa del Servicio Territorial de Cultura, «arroja muestras de inestabilidad en las columnas». También existen pérdidas sustanciales de materia y la disgregación de la caliza se advierte en muchos otros puntos de capiteles, canecillos y basas. El elevado contenido en sales es otro de los motivos del deterioro de la pieza. Provienen del suelo, pero también de los diferentes materiales y resinas que se han empleado en las restauraciones efectuadas desde el siglo XVIII. Hay sulfatos, carbonatos y otros compuestos químicos, cada uno de los cuales requiere un proceso para su eliminación.

Intervenciones necesarias

La depuración de la piedra mediante la eliminación de sales es un proceso fundamental en este templo. La mayor parte de las sales presentes son solubles y con el agua de lluvia se desplazan por la piedra desgranándola en un material tan débil como la caliza. Además, cuando el agua se evapora y las sales recuperan su estado sólido, salen a la superficie y se adosan a la piedra.

La propuesta definitiva de proyecto requiere, según Gómez, un «estudio avanzado de los resultados obtenidos». Una de las intervenciones necesarias en este sentido sería la eliminación de las capas de sulfatos procedentes de los cementos empleados para la consolidación de la estructura. Posteriormente, habría que proceder a su sustitución por otro tipo de morteros menos perjudiciales como el compuesto por cal, arena y agua.

El retejado del edificio implica su limpieza, reparación y permeabilización

El estudio también contempla la reintegración de los capiteles perdidos con rocas de características idénticas a las empleadas para su construcción en el siglo XII. Para ello, lo más posible es que se recurra a la misma cantera de la que se extrajeron hace 900 años, la situada en el barrio incorporado de Zamarramala. En otros casos, la intervención será más sencilla y tan solo consistirá en la consolidación de los fustes.

Las fotografías detalle de cada capitel han permitido determinar todas y cada una de las fisuras y abrasiones que es necesario reparar. Además, han propiciado un estudio comparativo de los capiteles con imágenes que reflejan el estado de los mismos hace décadas y el actual. «El resultado es muy impactante y demuestra que la progresión del deterioro ha sido muy acelerada, hay zonas y ornamentos que se han perdido por completo. No obstante, si se actúa en un periodo razonable de un año aproximadamente todavía es posible frenar el desgaste y proteger y conservar el monumento», advierte la jefa del Servicio Territorial de Cultura. Además, esta actuación se considera «necesaria», ya que la última rehabilitación en la zona estudiada se ejecutó hace dieciséis años, en 2001, y solo afectó a los capiteles del pórtico norte.

Los capiteles en mal estado se restaurarán con piedra de similares características

Posiblemente, la intervención también incluirá aspectos como la limpieza exterior del edificio, de origen prerrománico y rodeado de galerías. Sin embargo, la atención se centrará en los capiteles de las columnas del atrio, ya que se trata de uno de los conjuntos más interesantes de la ciudad, afirma Gómez. La antigüedad de estas piezas, que en su mayoría datan de la fecha en la que se construyó el templo, además de su calidad técnica, es lo que las otorgan gran parte de su interés.

Los capiteles del atrio norte tienen un mayor valor arquitectónico e iconográfico y mantienen los materiales originales. Los temas más abundantes en esta zona son los vegetales, además de escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, guerreros combatiendo o citas bíblicas. La Última Cena, la Anunciación, la Virgen y San José dirigiéndose hacia Belén, el beso de Judas o la entrada de Jesús en Jerusalén son algunas de las imágenes representadas en estos arcos.

En la fachada del mediodía, que da a la calle Real, los capiteles son más modernos que los anteriores y se encuentran más restaurados. Además, los motivos son en su mayoría vegetales y animales.

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