«Por ahora no se espera una regulación en España sobre la maternidad subrogada»

Mariano Casado, médico forense y profesor de Medicina Legal en la Universidad de Extremadura. /El Norte
Mariano Casado, médico forense y profesor de Medicina Legal en la Universidad de Extremadura. / El Norte

El doctor Mariano Casado Blanco afirma que el médico «debe compatibilizar sus convicciones con su obligación»

A. V. Segovia

El doctor Mariano Casado Blanco es médico forense y profesor de Medicina Legal en la Universidad de Extremadura. En febrero de 2016 fue galardonado con el III Premio Nacional de Derecho Sanitario junto a Juan Calixto Galán, y desde hace unos meses forma parte de la Comisión Central de Deontología de la Organización Médica Colegial. En el próximo Congreso Nacional de Deontología Médica que se celebrará en Segovia compartirá mesa redonda con Agustín Zamarrón, en un debate sobre la objeción de conciencia.

–¿Es la objeción de conciencia el tema más subjetivo entre todos los que se van a abordar en Segovia?

–Bueno, es un tema realmente complejo y con muchas aristas, y constituye uno de los dilemas más importantes frente al que se encuentra el médico cuando tiene que combinar sus propias creencias –que tiene derecho de creer y defender– y los supuestos sobrevenidos por las normas legales y circunstanciales de nuestra sociedad. No lo calificaría de tema subjetivo, sino todo lo contrario; piense en la aplicación de la objeción en temas como interrupción voluntaria del embarazo, transfusiones de sangre, sedación al final de la vida, gestación subrogada… Sí problemático; sobre todo teniendo en cuenta que la conciencia es una instancia que aparece directamente ligada a la razón. La conciencia es una voz interior que pretende señalar el camino de la acción, siempre tras la correspondiente deliberación personal, con lo dado por el orden de la razón. Y eso, simplemente se constituye en ley moral. En el ámbito médico, la objeción de conciencia es una exigencia de la prioridad del médico frente a la norma jurídica, de su propia libertad y de su responsabilidad frente al bien.

–¿Hasta qué punto medicina y creencias deben encontrarse en un espacio común?

–Si aplicamos esto al binomio creencias y proceso salud-enfermedad, es evidente que constituyen un espacio común. Si analiza someramente la situación socio-sanitaria actual, se podrá dar cuenta de que los primeros lugares lo ocupan enfermedades en las que la propia conducta humana desempeña un importante papel de protagonista tanto en su aparición como en su evolución. Por tanto, todo hace indicar que el hombre se ha convertido además en un elemento perjudicial para sí mismo, pasando así a constituir un mayor interés para la medicina.

–Aborto o maternidad homosexual son algunos de los asuntos que a menudo se ven envueltos en debates sobre la objeción de conciencia. ¿Cuál sería el porcentaje aproximado de médicos en España que tiene una misma postura sobre el asunto?

–Plantea dos supuestos que darían mucho para poderle contestar. Por un lado, la ley de interrupción voluntaria del embarazo permite la objeción de conciencia del médico, pero aunque se reconozca este derecho del médico, igualmente se reconoce el derecho de la mujer a poder hacer uso del mismo para interrumpir su gestación. De esta manera, los médicos deben hacer compatibles sus convicciones morales con la obligación profesional de atender a los ciudadanos que requieren determinadas prestaciones legalmente establecidas. Por lo que respecta a la denominada maternidad subrogada, hay que indicar que no existe regulación legal alguna en nuestro país, ni se espera por ahora, por tanto no se plantea la objeción de conciencia cuando no existe tal regulación, y que además en España está prohibida por ley.

–Usted es forense y deduzco que se encuentra con casos de violencia de género, salpicados también de violencia y agresiones sexuales. ¿Hasta qué punto resulta complicada la comprensión, por parte de la sociedad, de la objeción de conciencia en estos casos?

–Es evidente que no cabe la posibilidad de manifestar una objeción de conciencia, y además ¿objeción a qué? La obligación que tiene aquí el médico es el preguntar, detectar y actuar ante los casos de violencia de género. Bien es cierto que se plantean dilemas con respecto a la actuación; si esta ha de ser urgente o por el contrario se puede demorar, siempre en base a los hechos y circunstancias del caso.

–¿Qué otros casos habituales se dan en los que el médico se adhiera a este derecho? Porque normalmente la sociedad lo asocia casi siempre al aborto.

–Cualquier circunstancia podría ser generadora de manifestar una determinada objeción, aunque esta no habría que confundirla con pseudo objeciones o incluso con objeciones de ciencia, que para nada son ni cumplen los criterios de una verdadera objeción de conciencia. Podría indicarle la objeción en la asignación de cometidos, la objeción a revelar más información de la necesaria en procesos judiciales, objeción a colaborar en demandas indebidas, objeción a intervenir en huelgas de hambre, objeción al traspaso de datos a bancos digitalizados, objeción ante la dispensa de anticonceptivos y contraceptivos, objeción a la esterilización de incapaces…

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