Las empresas de Valsaín afectadas por el incendio de agosto retoman poco a poco la actividad

Trabajadores en una nave del polígono Buenos Aires de Valsaín. /El Norte
Trabajadores en una nave del polígono Buenos Aires de Valsaín. / El Norte

El sector de la madera, que forman 150 industrias, pierde un 70% de los empleos en Segovia

CLAUDIA CARRASCALValsaín

Las dos empresas dedicadas a la madera del polígono Buenos Aires de Valsaín afectadas por el incendio que originó un fallo eléctrico el pasado 24 de agosto han recuperado su actividad, o al menos en parte. Porche y Jardines y la cooperativa Maderval sufrieron importantes daños materiales y estructurales, mientras que una tercera empresa, Hermanos Tapia, consiguió salvar la maquinaria más costosa y los desperfectos tan solo se produjeron en las ventanas de una nave que utilizan como almacén.

Un cortocircuito en una de las naves provocó este devastador incendio que calcinó parte de las propiedades de dichas industrias, aunque se saldó sin daños personales, ya que se originó pasadas once de la noche.

Hace aproximadamente un mes y medio que Maderval recuperó su actividad tras el parón de cerca de tres meses que sufrió a causa de los destrozos ocasionados por las llamas. Dedicada a la elaboración de envases y embalajes de madera Maderval perdió un importante número de maquinas de grandes dimensiones que empleaba para la transformación de la madera y sufrió desperfectos en las dependencias. Tras varios meses de trabajo intenso e inversiones considerables, pero sin el apoyo institucional, ha logrado salir a flote de nuevo.

Un poco más larga está siendo la labor para Porche y Jardines, desde donde aseguran que los daños fueron «tremendamente graves». El fuego produjo desperfectos en las estructuras de la nave y la maquinaria quedó completamente inservible. La intervención ha pasado por la remodelación de algunas paredes, renovación de estructuras de hierro y madera calcinadas, la limpieza de la instalación y la reposición progresiva del instrumental de trabajo y de las máquinas.

En estos momentos esta empresa familiar especializada en la fabricación de pérgolas, cenadores, vallados, garajes, piscinas o casetas de madera ha logrado recuperar entre el 50 y el 60% de su actividad, según sus propietarios. En estos momentos, ya atienden una parte de los pedidos nacionales e internacionales que reciben, pero esta inesperada situación ha sido muy perjudicial para su actividad, que perdura desde hace cuatro décadas.

«Poco a poco repondremos la maquinaria, pero es muy costosa, así que por el momento tratamos de atender los pedidos respondiendo a todos los criterios de calidad, pero trabajando como hace 40 años», comenta su propietaria. Tampoco esta empresa de cinco trabajadores ha recibido la ayuda que ofrecieron la consejera de Economía y Hacienda, Pilar del Olmo, y el responsable de Empleo, Carlos Fernández Carriedo, durante su reunión con los damnificados. Eso sí, no descartan solicitar próximamente alguna de las subvenciones o los préstamos con un interés del cero por ciento que entonces se pusieron sobre la mesa.

Porches y Jardines confía en dar otro impulso al negocio antes de febrero, mes en el que comienza su época fuerte y que se prolonga, aproximadamente, hasta agosto. El objetivo es que este desastre no suponga un obstáculo para la salida de la crisis que ya está experimentando la fábrica.

Pymes en la crisis

La caída de la construcción y del consumo han sentenciado al sector de la madera en Segovia, que ha pasado por unos años críticos. En estos momentos hay 150 pequeñas y medianas empresas dedicadas a la madera en la provincia. La mayoría son de dimensiones muy reducidas, de una o dos personas, mientras que apenas se mantienen tres con entre 40 y 50 empleados.

La mayoría de las industrias segovianas dedicadas a la transformación de esta materia prima han sabido sobrevivir al azote de la crisis y son «muy pocas» las que han tenido que cerrar sus puertas, según comenta presidente de la Agrupación Segoviana de Empresarios de la Madera (ASEM), Luis Comyn. Sin embargo, las consecuencias para todas ellas han sido importantes y han tenido que reducir sus plantillas hasta en un 70% en los diez últimos años.

La carpintería y el mueble han sido las especialidades más afectadas porque «la obra grande se fue convirtiendo en residual, la construcción nueva se estancó y el consumo de mueble de calidad se redujo drásticamente», explica. Una situación que ha provocado una caída de la actividad superior al 60%.

La confianza todavía no se ha recuperado en el mercado de la madera, que hasta la fecha a penas ha visto crecer su actividad y sus ingresos en la provincia. Eso sí, Comyn se muestra optimista y confiado en que durante el 2018 el panorama cambie y la situación permita a los empresarios recuperar la estabilidad y las buenas expectativas que caracterizaban a este oficio tradicional hace una década.

La venta de madera como biomasa para la producción de combustibles o para palets, embalajes o envases está resultado más beneficiosa y mantiene un volumen superior, pero el mundo del mueble, además, de la crisis tiene que afrontar las nuevas modas de grandes superficies como Ikea o Leroy Merlin. «Importan productos extranjeros a un coste muy bajo contra los que el sector tradicional no puede competir y han fomentado tendencias como la de los productos semi terminados los módulos para crear espacios al gusto y la afición por el bricolaje», puntualiza.

El mayor activo de las empresas madereras de Segovia es el empresario, «muy formado y que ha sabido ajustarse a la situación». No obstante, Comyn defiende la necesidad de mejorar el panorama fiscal y legal para garantizar el crecimiento de la industria.

En este sentido, asegura que no se trata solo de ofrecer más ayudas o inversiones sin retorno para el sector, sino más bien de «no poner obstáculos, generar facilidades para el desarrollo de la actividad, mejorar las condiciones de los autónomos, fomentar la innovación y retocar los impuestos».

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