Al menos diez reclusos relacionados con el yihadismo cumplen condena en Segovia

Arriba, panorámica de las instalaciones carcelarias de Segovia, con la prisión y el Centro de Inserción Social. A la derecha, uno de los patios interiores habilitados entre módulos. /Antonio De Torre
Arriba, panorámica de las instalaciones carcelarias de Segovia, con la prisión y el Centro de Inserción Social. A la derecha, uno de los patios interiores habilitados entre módulos. / Antonio De Torre

El perfil de los presos que recalan en Perogordo ha cambiado hacia un interno más peligroso

CÉSAR BLANCO Segovia

«Caótico y penoso». Dos calificativos con los que los representantes de la Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias (Acaip) definen en actual panorama que sufren las cárceles en España. Ya no aguantan más tanta «precariedad» en la que han de desarrollar sus trabajos. Por eso, la organización ha iniciado unas movilizaciones a pie de calle para acercar sus problemas a la ciudadanía. Ayer, una mesa informativa y el reparto de chorizos envasados al vacío con la cara de Ángel Yuste, secretario general de Prisiones, estampada en los paquetes escenificaron la protesta a la entrada de la Subdelegación del Gobierno en Segovia. Estas concentraciones se han repetido a lo largo y ancho de la geografía española.

Los males laborales y de administración que aquejan al colectivo se acumulan desde hace cinco años. La escasez de personal o los deficientes medios con los que cuentan las plantillas son solo parte (eso si, importante) de la problemática. Segovia no es una excepción, a tenor de las reivindicaciones esgrimidas por Acaip. El centro de Perogordo también padece una gestión que ha llevado al sistema penitenciario «al borde del colapso», advierten los portavoces de Acaip.

La agrupación profesional insiste en que «el perfil de los internos ha cambiado». El retrato-robot de los que cumplen condena en la cárcel segoviana también ha modificado algunos rasgos. Mientras tanto, la estructura penitenciaria se queda anquilosada, las plantillas ven diezmados sus efectivos y las herramientas y recursos se quedan obsoletos, hace hincapié el delegado de Acaip en Segovia, Javier Albertos.

450 reos para 344 plazas

Aunque en los últimos dos meses «se ha suavizado», lo cierto es que la prisión de Perogordo vive inmersa «desde un año y medio en una gran tensión», asegura el representante de la organización. Desde mayo hasta ahora, la masificación de la cárcel ha bajado algún grado; aunque sus celdas siguen estando sobrepobladas, con la amenaza que entraña para la seguridad de los trabajadores y de los internos.

En esos dos últimos meses, la población reclusa ha disminuido en unos treinta o cuarenta reos. En la actualidad, Acaip cifra laN, subraya el delegado provincial. Albertos añade a la saturación el problema añadido de un perfil de interno «más peligroso». Y es que la cárcel de Segovia, además de padecer esta sobrepoblación, no está dentro de las prisiones catalogadas como de máxima seguridad.

En la clasificación que define a las diferentes instituciones penitenciarias, la prisión segoviana sí está incluida dentro de los centros capacitados para acoger a internos con problemas psiquiátricos. La Central Sindical Independiente coloca el foco de atención sobre este aspecto, ya que Perogordo «también alberga entre sus muros un porcentaje muy amplio de internos con patologías psiquiátricas».

Más riesgo de conflicto

Si bien los funcionarios son «conscientes de que la seguridad del centro no tiene nada que envidiar a la que poseen otros centros que nos rodean, como Aranjuez, Soto del Real o Extremera, sí que existe una diferencia en cuanto a la capacidad», subraya uno de los últimos estudios elaborados por la agrupación.

El portavoz segoviano explica que se trata de presos progresados de primer grado procedentes de otras cárceles que cumplen condena por delitos de violencia extrema. Asimismo, también entran en este tipo más conflictivo aquellos reos con amplios antecedentes por agresión tanto a funcionarios como a otros reclusos, con alteraciones muy graves del orden e intentos de fuga. Sin embargo, la Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias asegura que las instalaciones de Perogordo no están preparadas ni tipificadas para esta elevada afluencia de este tipo concreto de internos.

Capítulo aparte merecen los reclusos relacionados con yihadismo. El nivel de alerta en la que trabajan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado ha incrementado la presión y estrechado el cerco sobre el terrorismo islámico. Como consecuencia de las operaciones ejecutadas, el Ministerio del Interior indicaba recientemente que ya hay más presos en las cárceles españolas relacionados con este tipo de delitos que reclusos de la banda terrorista ETA. En concreto, 270 personas están ingresadas por yihadismo.

Ampliación de locutorios

Aunque el número fluctúa en función de traslados para evitar concentraciones en un mismo lugar que puedan constituir un foco a mayores de problemas y conflictos, los representantes de Acaip señalan que «al menos diez yihadistas» están internos en la cárcel de Perogordo. De hecho, recientemente se han ampliado los locutorios dentro de las dependencias penitenciarias.

El régimen en el que se encuentran forma parte de la confidencialidad, aunque por lógica a algunos se les aplica el aislamiento en aras de preservar la seguridad interna. La agrupación profesional hace un inciso en su retahíla de quejas para aplaudir el papel que desempeñan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en la lucha contra el terrorismo islámico y en sus contantes anticipaciones a los planes yihadistas.

Asimismo, portavoces de Acaip matizan que más que este tipo de reclusos propiamente dicho –porque en el interior del centro su comportamiento no suele ser conflictivo–, los problemas suelen venir por parte de familiares.

En cuanto a la dotación de personal, la agrupación profesional también exhibe su indignación más profunda ante la falta de provisión de plazas suficientes para satisfacer la obertura de las vacantes que se han ido acumulando a lo largo de los últimos años. El manifiesto estatal de la asociación, realizado con motivo de la acción de protesta de ayer, llama la atención sobre la pérdida del 15% de la plantilla en las prisiones españolas, «lo que da a lugar a situaciones tan anacrónicas como la de que al menos tres centros penitenciarios finalizados se encuentren sin inaugurar por la falta de plantilla», se queja la representación de los empleados.

En el caso de la cárcel segoviana de Perogordo, esta problemática también está muy presente en el día a día de los funcionarios, con el consiguiente riesgo añadido en caso de que estalle un conflicto interno.

Agresión en febrero

El pasado mes de febrero, la prisión de Perogordo lamentó un incidente en el que un trabajador resultó herido durante una trifulca entre dos internos. Esta agresión no fue contabilizada por la dirección explica visiblemente molesto Javier Albertos– porque «el funcionario no era el objeto del ataque».

En la reivindicación de ayer, Acaip reclamó una oferta pública de empleo que cubra las necesidades reales y acuciantes del sistema penitenciario español. «A pesar de que se han convocado 700 plazas, hay más de 2.100 vacantes», puso de manifiesto el representante de la ejecutiva estatal de la asociación, Nacho Gutiérrez. En este capítulo, Acaip demanda la creación de una oferta de 3.500 plazas de nueva incorporación en toda España a lo largo de los próximos cuatro años.

Asimismo, exige una «regulación específica» en la que, además, se reconozca a estos trabajadores como agentes de autoridad, ya que a día de hoy no disfrutan de esta catalogación. Esto quiere decir, por ejemplo, que a diferencia de policías nacionales o guardias civiles, los funcionarios de prisiones han de corroborar su versión de lo ocurrido ante el fiscal con un parte.

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