Gonzalo Jiménez. Secretario de la Fundación Las Edades del Hombre

«La denuncia contra Las Edades ha hecho mucho daño a la exposición de Cuéllar»

Gonzalo Jiménez, secretario general de la Fundación Las Edades del Hombre./Gabriel Villamil
Gonzalo Jiménez, secretario general de la Fundación Las Edades del Hombre. / Gabriel Villamil

A unos días de que ‘Reconciliare’ baje el telón, el responsable prevé «menos gente que en Toro, pero más satisfecha»

César Blanco Elipe
CÉSAR BLANCO ELIPE

Los números bendicen Las Edades del Hombre. La exposición más importante de arte sacro ha exhibido más de 4.700 obras nuevas que no se han repetido a lo largo de las veintidós ediciones; su celebración ha sido el pretexto perfecto para haber restaurado más de dos mil de ellas, y su atractivo artístico ha atraído a cerca de doce millones de personas. Salmantino de nacimiento y abulense de acogida, Gonzalo Jiménez lleva ocupando la secretaría general de la institución desde hace más de seis años. La brillante longevidad del acontecimiento ha sobrepasado lo que imaginaron hace tres decenios los ideólogos de la exposición, entre ellos el que fuera director de El Norte de Castilla, José Jiménez Lozano. «Si se le hubieran preguntado entonces si las Edades iban a estar vivas treinta años después, creo que lo hubiese dudado», comenta el religioso.

Ya hay cola de municipios que han llamado a la puerta de la Fundación para acoger el evento. La última, la localidad leonesa de Ponferrada hace unos días, tal y como confirma el secretario general.

«El mensaje de 'Reconciliare' ha captado la atención y el corazón de la gente porque el hombre está necesitado de reconciliación»

–El domingo 12 echa el cierre la muestra de Cuéllar. A escasos seis días de la clausura, ¿qué balance prevé de ‘Reconciliare’?

–Es positivo. Me permitirá que no dé datos de visitantes porque quedan unos días y además nos tenemos que reunir el patronato de la Fundación. Todas las ediciones de Las Edades tienen un gran arraigo en Castilla y León y también fuera de la comunidad. Sobre todo se nota en la gente que viene de Madrid, que siempre es muy numerosa.

–Hablemos entonces de sensaciones. ¿Qué regusto le queda?

–Creo que ha obtenido una muy buena acogida y ha estado muy bien valorada. No tanto por las piezas seleccionadas para la exposición sino por el propio tema de la reconciliación, que ha calado muy hondo en la gente porque, en cierto modo, expresa una situación que vivimos todos. Vivimos en un mundo necesitado de reconciliación, el hombre necesita reconciliación.

–Lo cierto es que la actualidad parece haber cargado de razones el motivo de la exposición. Mire Cataluña, por ejemplo.

–Y no solo lo de Cataluña, que quizás sea lo que más nos ha impactado y dolido; rompen el corazón de las personas porque se genera odio y distancia, aunque no haya violencia física. Es triste poner los telediarios cada día. Por eso digo que estamos necesitados de reconciliación.

–¿Qué singularidades van a marcar el paso de Cuéllar y su ‘Reconciliare’ en la trayectoria de Las Edades del Hombre?

«El patrimonio ha cambiado: ha pasado de ser un fósil a algo que habla de una historia común»

–Precisamente lo que comentaba. El mensaje de la reconciliación es lo que ha captado más la atención y el corazón.

–Dicen que las comparaciones son odiosas, pero habla de afluencia.

–Le puedo decir que habrá menos gente que en Toro pero que ha salido más satisfecha.

–Usted se refiere a Las Edades del Hombre como un elemento generador de riqueza, un producto económico, turístico y de inversión en la zona a la llega. ¿Cree que se ha cumplido el objetivo?

–Las instituciones han hecho un enorme esfuerzo, sobre todo el Ayuntamiento de Cuéllar, que se ha volcado en acondicionar la villa para acoger la edición. La ciudad está maravillosa. También hay que destacar todos los esfuerzos de otras administraciones y de la Fundación para embellecer la localidad. El recorrido por las tres iglesias es fantástico. Lo único, quizás, es que ha quedado demasiado concentrado en la parte de arriba; si alguna de las sedes hubiera estado más abajo o si se hubiera tenido que atravesar el pueblo en el itinerario, es posible que hubiera habido una mayor interacción con el turista.

–Bueno, la elección al final de la iglesia de San Esteban al trío de sedes fue precisamente para que la exposición no se localizara únicamente en la parte más alta.

–Sí, es así. Se agregó no solo por las bulas, que también, sino porque su situación podía impulsar la convivencia entre los vecinos y los visitantes. Luego, hay que ver que las cuestas son considerables y no permiten un trayecto cómodo.

–¿Cómo definiría al público que acude a la exposición?

–Es un público muy fiel. Luego siempre digo que hay dos tipos muy generales de asistentes. Por una parte, parroquias, asociaciones y colectivos que tienen que ver con, digamos, lo religioso; y por otra, los amantes del arte que acuden sabiendo que solo van a poder ver esas piezas en ese momento y en ese lugar. Además, están los escolares. Es muy reseñable que hayan pasado por la exposición más de 5.000 niños. Esto me satisface muy especialmente.

–Si hay que poner un pero, quizás sea la denuncia por supuesta financiación irregular que presentó el director del Museo del Libro ‘Fadrique de Basilea’. Hace poco la Audiencia Nacional rechazó investigar dicha denuncia porque no apreciaba ningún delito. ¿Cómo ha vivido ese conflicto, que además tuvo bastante ruido mediático alrededor?

–Nos ha hecho mucho daño. La denuncia no tenía ni pies de cabeza. Se trataba de hacer el mal por el mal habiendo detrás una cuestión personal; pero claro, nunca sabes con este tipo de cosas. Difama, difama que algo queda. Y la verdad es que ha hecho mucho daño a la edición de Cuéllar. Tengo que agradecer el seguimiento absolutamente respetuoso realizado a través de algunos medios; pero otros...

–¿La Fundación piensa tomar alguna medida legal?

–No lo sabemos porque de hecho no tenemos el auto [se refiere al de la Audiencia Nacional]. Sin embargo, estamos clausurando una edición que precisamente trata de la reconciliación, y eso nos lleva a pensar y a reflexionar. Aunque le sorprenda a la persona denunciante, es un mal que hace a todos los castellanos y leoneses porque el proyecto de Las Edades del Hombre consiste en el acercamiento al patrimonio histórico, a la cultura de los habitantes de una comunidad, a su identidad. Una de las grandes cosas que ha hecho la Fundación es socializar el patrimonio y despertar un sentimiento de identidad para el reconocimiento en las propias raíces comunes. Por eso, la denuncia es un atentado contra todos los castellanos y leoneses, contra nuestro patrimonio, contra nuestra historia. Es una tontería casi infantil; pero claro, palabras que se han utilizado como ‘malversación’ resuenan mucho.

–En cualquier caso, ¿la decisión que tomen va a ser después de la clausura de ‘Reconciliare’?

–No va a ser inminente. Insisto en que una cosa es lo que piense yo particularmente y lo que haría con gusto y otra diferente es reflexionar con sosiego sobre lo que hay que hacer. Se piensa, se reza... No es una decisión que tenga que tomar solo, sino que se ha de adoptar en el seno del patronato, que todavía no se ha reunido [la reunión está prevista esta semana].

Aguilar 2018, en Intur

–Miremos pues al futuro de Las Edades. ¿Contempla algún cambio o algo que mejorar?

–Mejoras introducimos en todas las ediciones de la exposición. Siempre hay cosas nuevas y técnicas expositivas nuevas. Creo que no hay edición en la que no se haya mejorado la temática a la hora de intentar hacer una narración clara que facilite el seguimiento por parte del espectador. Luego, cada lugar determina el tema y cada espacio determina las técnicas expositivas.

–La próxima edición será en Aguilar de Campoo, Palencia. ¿Podría avanzar algo de cómo será?

–No, pero lo iremos diciendo. La presentación suele hacerse en Intur. Allí se presentará el cartel y otras cuestiones.

–Otros territorios han tratado de seguir su ejemplo pero han fracasado. ¿A qué cree que se debe?

–No tienen el patrimonio de Castilla y León y tampoco existe una fundación como Las Edades, que posee una estructura permanente capaz de abordar proyectos de gran envergadura. Es lo que ha pasado en Galicia o en otros lugares, que no han contado con una fundación, con técnicos y personas adecuadas que permiten que el proyecto persista. En nuestro caso también es muy importante la colaboración entre lo público y lo privado. La Junta, a través de las Consejería de Cultura, es un ejemplo de esa colaboración y hay que reconocérselo.

–Si echa la vista atrás, retrocede a aquel 1988 de la primera exposición de Valladolid, ¿le entra vértigo de todo lo logrado?

–Cuando empiezan a andar proyectos como este nunca te imaginas que fueran a obtener la complicidad que se ha conseguido con Las Edades. Ha tenido momentos álgidos y más críticos, pero ha sido capaz de socializar el patrimonio y hacerlo ver de una manera distinta, de plasmar que no es solo una carga, sino que también genera beneficios.

–¿Cómo piensa que ha cambiado el concepto de patrimonio a lo largo de este tiempo?

–Fundamentalmente ha despertado la conciencia de pertenencia a una fe y a una historia común. A los castellanos y leoneses, por nuestra naturaleza y a diferencia de otros ciudadanos, nos cuesta reconocer nuestras raíces; si no fuera por hechos como Las Edades no hallaríamos elementos de identidad. El patrimonio ha pasado de ser un fósil a ser algo que habla que mi historia y cultura, del pasado y presente.

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