La decisión que dividió Segovia en dos

La ciudad celebra el acuerdo que lideró Ramón Escobar hace 25 años para cortar el tráfico bajo los arcos del Acueducto

Vista aérea del Acueducto con el tráfico pasando por los arcos centrales en los primeros años de la década de 1980 / Archivo Municipal
Miguel Ángel López
MIGUEL ÁNGEL LÓPEZSegovia

Fue un año de acontecimientos, en España y en Segovia. La Exposición Universal de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona 1992 marcaron un punto de inflexión en la modernización del país, y la prohibición de paso del tráfico bajo los arcos del Acueducto y las medidas asociadas cambiaron la fisonomía de la ciudad y la forma de vivirla. De aquella decisión que tomó el alcalde Ramón Escobar Santiago cuando llevaba solo un año en el cargo se cumplen veinticinco años, y el Ayuntamiento lo celebra este fin de semana. El tiempo, que dimensiona mejor que otros parámetros la evolución de las cosas, permite hoy considerar acertada aquella medida –«sabia», en palabras de Clara Luquero– que impulsó una nueva restauración del Acueducto (pues la encargó al día siguiente la Junta de Castilla y León), y una transformación urbana que aún no ha terminado.

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El siglo XX acrecentó los riesgos y aceleró los daños. El tránsito que había sido de personas y carretas hasta finales del XIX, con un trasiego ‘normal’ bajo los arcos para pasar de un lado al otro de la ciudad, había ido aumentando poco a poco al crecer el parque de automóviles. El Acueducto había sido cruce de caminos durante siglos, pero en la segunda mitad del siglo pasado fue lugar de confluencia de cinco carreteras, con dos de ámbito nacional que atravesaban la ciudad entre los pilares monumentales, la N-110 y la N-603. Pero los vehículos continuaron pasando (de hecho, aunque solo los de emergencias, siguen pasando) hasta julio de 1992, cuando los científicos alemanes que estudiaban la inscripción de la cartela del sotabanco encontraron el monumento «peor de lo que habían imaginado». La corporación municipal que presidía Ramón Escobar tomó entonces la decisión (valiente, a tenor de las críticas de antes y las que se sucedieron en los meses siguientes) de cortar el tráfico, e incluso anticipó la fecha: previsto para el 1 de agosto, el corte fue efectivo el 15 de julio.

Claudia de Santos, actual concejala de Patrimonio Histórico y Turismo, recordó ayer, al presentar el programa de actos del vigésimo quinto aniversario del corte, que «lo que ocurrió en 1992 es una larga historia que comienza en 1957, cuando un camión sin frenos desde Padre Claret se estrelló contra uno de los pilares y murió el conductor». Fue el primer suceso que hizo pensar en la necesidad de suprimir el tráfico bajo los arcos y alejarlo del monumento.

Clara Luquero tiene un nuevo plan para la plaza de Artillería

Hace un par de semanas, la alcaldesa de Segovia anunciaba en una entrevista que tiene planes para ir alejando un poco más el tráfico del Acueducto. Sin el dinero suficiente para abordar un proyecto integral de la plaza de Artillería y todas las vías que confluyen (Vía Roma, Padre Claret, San Juan, Paseo de Santo Domingo de Guzmán, Gascos y Ochoa Ondategui), como intentó en su día Ramón Escobar con un concurso internacional de ideas cuyo resultado quedó guardado en un cajón, el Ayuntamiento solo puede ir adoptando medidas con una cierta provisionalidad.

En época de escobar el Ayuntamiento situó unas grandes macetas para separar el tráfico del Acueducto, y años después los maceteros fueron sustituidos por bolardos de granito (semejantes a los que se utilizaban en las carreteras antaño para marcas los kilómetros y la denominación de la vía) unidos con unas cadenas.

Señaló Luquero que en los próximos meses comenzará el arreglo de la calle de San Juan y el pavimento de la plaza de la Artillería, pero el resto tendrá que esperar. «Siempre hemos querido alejar más el tráfico del Acueducto, pero hacerlo como nos gustaría significa un gran proyecto de obras que no estamos en condiciones de afrontar ni a medio plazo, pero hay medidas más pequeñas que podrían ir alejándolo con un coste más modesto». La alcaldesa ha pedido un anteproyecto y está viéndolo con los técnicos. No da detalles, solo indica que «el criterio es adoptar pequeñas medidas, ir dando pasos», y la única precisión que hace es mencionar que «en la plaza de Artillería tenemos dos rotondas... y podemos aprovechar una para ampliar la zona estancial, moviendo los bolardos, hacer una especie de plaza, en el lado oriental del monumento». Probablemente aprovechará las próximas obras de la plaza de Artillería. Y acabará con los coches estacionados a cinco metros de los pilares.

El cierre de la plaza del Azoguejo cambió los hábitos de los segovianos. De forma tajante, de un día para otro. Y el tráfico interurbano, también. La travesía de la carretera N-110, que entraba en la ciudad por Vía Roma y, cruzando el Acueducto, salía al otro lado de la avenida Fernández Ladreda, hasta la carretera de Ávila, fue desviada por Padre Claret y la avenida Juan Carlos I... el recorrido de cinco minutos (con tráfico y semáforos) se alargaba muchos minutos más, y cruzar la ciudad por el lugar de costumbre en coche particular ya era un cantar del pasado.

En agosto de aquel año, los segovianos tuvieron que aprender de nuevo a circular por la ciudad. Si el Acueducto divide en dos la ciudad, para el tráfico fue una evidencia en el día a día, en el «caos» del que hablaban muchos y que no sufrían tantos, en los semáforos anulados que lucieron en ámbar durante semanas, en la remodelación del tráfico e incluso en las recomendaciones para los peatones, para que pasasen con cuidado bajo los arcos... ante el riesgo de desprendimientos. Los módulos blancos y rojos de plástico delimitaron varias rotondas provisionales para, como explicaba el jefe de la Policía Local, Julio Rodríguez Fuentetaja, aumentar la capacidad de las vías. Aunque las medidas previstas para el 1 de septiembre aún se retrasaron algunas semanas para que fueran modificadas las líneas de autobuses y cambiara de lugar la parada de taxis.

También estaba pendiente el alcalde de que el Ministerio de Defensa atendiera su petición de apertura de la calle Coronel Rexach, fundamental para desahogar el tráfico, pero todavía en enero de 1993 no lo había conseguido Escobar. El gobernador militar de Segovia y director de la Academia de Artillería, el general Víctor Rodríguez Cerdido, consideró suficiente haber consentido el paso de los autobuses urbanos (con el izado cada vez de la valla por los soldados) y declaró entonces que no le gustaba la solución de abrir por completo la calle al tráfico «porque a nadie le gusta que le partan su casa por la mitad».

Las reticencias del estamento militar no fueron las únicas. Solo mes y medio después del corte, los hosteleros acusaban a la corporación municipal de «indolencia e incompetencia» para solucionar los problemas de tráfico y, tras asegurar que con el «caos» estaban perdiendo dinero por el descenso del ritmo de trabajo de numerosos establecimientos, pedían medidas alternativas, entre ellas la apertura de algunas calles.

La restauración...

Aunque el propietario del Acueducto es el Ayuntamiento, el organismo competente en materia de patrimonio es la Junta de Castilla y León, y casi de inmediato al corte de tráfico encargó a la empresa Geocisa que realizara con urgencia un reconocimiento del estado del monumento para iniciar su restauración. El Acueducto ya había ‘sufrido’ una intervención entre 1970 y 1974, dirigida por el ingeniero Aurelio Ramírez, para consolidar la cimentación en los arcos superiores e impermeabilizar el canal superior, pero sin tratar los arcos centrales.

El primer objetivo de la restauración iniciada el 22 de julio 1992 con la colocación de los andamios era instalar las cimbras de madera para apuntalar las dovelas de los arcos inferiores y evitar posibles desprendimientos, además de realizar un mejor estudio de los deterioros.

Los primeros informes para la actuación urgente aconsejaban limpiar e impermeabilizar el monumento y el elaborado por los técnicos locales incidía en que el Acueducto de Segovia sufría agresiones físicas y químicas: vibraciones causadas por el tráfico, golpes y raspaduras, efecto de cuña del agua helada entre las juntas de los sillares, presencia de flora en cantidades notables; humos de los escapes que aumentan la acidez de la humedad ambiental y el depósito de hollines y grasas directamente sobre los sillares. Todos estos factores producían separaciones entre los sillares, con huecos de hasta 30 centímetros, fracturas y grietas del cuerpo y de las esquinas de los sillares, y separaciones entre las dovelas, que llegan hasta 15 centímetros en algunos casos. También se apreciaban pérdidas de las superficies externas de los sillares de hasta 10 centímetros de profundidad y una acusada arenización del granito. Casi como hoy, veinticinco años después.

...y la circunvalación

Una medida que quedó pendiente fue construir la circunvalación. El alcalde Ramón Escobar y toda la corporación eran conscientes de la necesidad urgente, sobre todo para alejar el tráfico del Acueducto porque las travesías de las carreteras seguían pasando a pocos metros con Padre Claret como vía de subida y bajada. Que la administración municipal estuviera gobernada por el centro derecha y el Gobierno central por los socialistas había retrasado el proyecto. Pero el corte de tráfico y las gestiones directas de Escobar, que se fue a Estrasburgo para pedir el apoyo del Parlamento Europeo y presionar así al Ejecutivo, dieron resultado. Solo quince días después de la supresión del tráfico, el senador del PSOE Manuel Agudíez explicaba en rueda de prensa que el entonces Ministerio de Obras Públicas se había comprometido a agilizar los plazos para elaborar el anteproyecto, que estaría en seis meses, y que las obras estarían en marcha en 1994. Luego, como casi siempre, los plazos se alargaron mucho más, pero la circunvalación estaba en marcha.

Por Día Sanz hasta 1998

En realidad, en el verano de 1992 el corte de tráfico fue parcial. Aparte de que por los arcos centrales de la plaza del Azoguejo seguirían pasando durante un tiempo los vehículos de emergencias (ambulancias y policía, como hoy) y los de transporte urbano (autobuses y taxis), el arco que separa la calle Pintor Montalvo y la plaza de Día Sanz continuó siendo accesible hasta marzo de 1998.

En principio la excepción era para permitir el paso de los vehículos de servicio público y de los residentes del barrio de El Salvador, pero al no estar abierta ni cedida a la ciudad la calle Coronel Rexach (entonces adscrita al Regimiento, por lo que temporalmente los autobuses urbanos pasaban con el ‘permiso’ de los mandos militares y con la apertura manual de la valla por los soldados de servicio) se consideró conveniente que pudiera seguir pasando el tráfico. Y la posibilidad (limitada, pero en la práctica generalizada cuando no había agentes de la Policía Local) se prolongó más de cinco años.

La Policía Local constató que las medidas de control de paso habían sido insuficientes porque «menos de un 1% de los vehículos que pasaban por el arco de Día Sanz eran de vecinos o taxis». Y el equipo de gobierno del Ayuntamiento decidió el cierre definitivo tras consultar a los vecinos, que aprobaron la medida con ciertas reticencias. Lo había pedido el concejal de Izquierda Unida, Luis Peñalosa, aunque también había solicitado otras medidas como canalizar parte del tráfico por la calle San Gabriel que no fue aceptada entonces.

Ramón Escobar pudo seguir aplicando algunas medidas de tráfico más y, aunque no logró reordenar toda la plaza de Artillería para alejar más los coches del monumento emblema de la ciudad (el resultado del concurso internacional de ideas quedó guardado en un cajón), no debió hacerlo tan mal porque en 1995 fue reelegido con mayoría absoluta. Después, las sucesivas corporaciones municipales han ido aplicando otras también para proteger y preservar el Acueducto. Pero el tráfico sigue pasando (y parando) a poco más de cinco metros. Por el momento.

Celebración

La alcaldesa actual, Clara Luquero, cree que hay motivos suficientes para celebrar «aquella decisión de Ramón Escobar, que generó polémica pero que se ha demostrado con el tiempo que fue una sabia decisión».

Entre las actividades que ha programado el Ayuntamiento para este sábado, 15 de julio, está previsto 'Abrazar el Acueducto', formar una cadena humana que recorra sus pilares; también visitas guiadas 'El Acueducto por dentro', para ver el desarenador de la avenida Padre Claret y el registro del canal subterráneo que está en la Plaza Mayor; la posibilidad de subir con una plataforma extensible en la plaza de Día Sanz a 17 metros de altura para contemplar una imagen poco frecuente del monumento y, entre otros actos, la iluminación en color rojo (símbolo de la prohibición) de los arcos centrales.

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