Cuéllar da la bienvenida al nuevo año con la danzas del Niño de la Bola

Los cofrades y el alcalde llevan en andas la imagen./M. Rico
Los cofrades y el alcalde llevan en andas la imagen. / M. Rico

La procesión es una tradición secular y, en un trayecto corto, se prolonga durante horas

MÓNICA RICOCuéllar

Desafiando al frío y a la lluvia, entre campanas y cohetes, los cuellaranos dieron este lunes la bienvenida al nuevo año cumpliendo con una de sus tradiciones más arraigadas, la procesión del Niño de la Bola. Los actos en honor de la imagen comenzaron por la mañana, con la misa solemne de Año Nuevo, en la que participa la cofradía de El Niño. Ya por la tarde, a partir de las cinco, los hermanos de la cofradía se reunieron en la iglesia de San Miguel, para dar inicio a la procesión que lleva la imagen del Niño Jesús de la Bola por las calles de la villa, en un trayecto corto, de apenas unos centenares de metros, pero que se prolonga durante horas, animado por las danzas tradicionales, que un año más fueron interpretadas por el grupo de dulzaineros Hermanos Ramos.

A pesar del frío, que fue aumentando según caía la noche, decenas de cuellaranos se fueron sumando poco a poco a la procesión, que partió de San Miguel y realizó una parada en la iglesia de San Esteban, que abría por primera vez sus puertas al público después de haber sido una de las sedes durante el año 2017, de ‘Reconciliare’, la exposición de Las Edades del Hombre que albergó Cuéllar de abril a noviembre.

San Esteban era el templo que acogía la figura en su origen, pero fue desplazada hasta la parroquia de San Miguel por el deterioro de la primera. A pesar de su rehabilitación, el templo no guarda culto, por lo que sigue siendo la iglesia situada en la Plaza Mayor la que alberga la imagen del Niño durante el resto del año. En el interior de San Esteban, el sacerdote Emilio Calvo recordó la apertura de la iglesia y señaló que se está trabajando en un proyecto para su apertura al público de forma más continuada. También allí, tal y como manda la tradición, se realizó la oración al Niño de la Bola y se cantaron villancicos, tan populares en esta época navideña.

Tras esta breve parada, la procesión continuó acompañada por decenas de devotos, danzantes, miembros de la cofradía y vecinos de la villa y de distintos puntos de la comarca. Cabe destacar el aumento de personas que acompañaron con las castañuelas cuellaranas, similares a las tejoletas, uno de los sonidos tradicionales de esta cita que la cofradía se ha propuesto mantener. Hace unos días, desarrollaron un curso en el que más de una treintena de vecinos se animó a participar.

La música de las tejoletas acompaña a las dulzainas y tamboriles, que entonaron durante el trayecto algunas de las piezas recuperadas de hace años y que eran tradicionales en este ritual. En el momento en el que comienza a sonar, la procesión se detiene, los danzantes se sitúan en parejas y bailan siempre de cara a la imagen del Niño, costumbre que se mantiene desde hace cientos de años.

Historia

Estas danzas son otra de las tradiciones arraigadas. Hace años eran únicamente ocho los danzantes que participaban en la procesión. Vestían con un traje especial formado por amplias blusas, pantalones bordados en colores verdes y naranjas, polainas verdes y sombrero de ala ancha. Esta tradición se perdió, pero dio cabida a que hoy todo el mundo pueda sumarse a esta peculiar celebración, a sus danzas y su seguimiento.

Según cuenta el historiador cuellarano Juan Carlos Llorente, que a su vez es hermano de la cofradía y uno de los mayores expertos sobre la misma, la historia de esta tradición «que se fraguó hace siglos y ha pasado al acervo cultural de la villa» comenzó en el siglo XVII. El libro de actas que se conserva en el archivo parroquial se inicia en el año 1679 y cierra en 1891. No se conoce qué ocurrió hasta 1912, cuando se inició otro libro, que se dilata hasta 1949. En 1950 se abrió otro, que permanece hasta la actualidad.7

Sobre esto Llorente realiza una observación: no se conoce el libro fundacional, es decir, aquel en el que se señalarían los objetivos que pretende la cofradía, por lo que se señala como muy posible que la fundación tuviera lugar antes de 1679. Señala que la talla del Niño Jesús de la Bola es típicamente barroca y fechable en torno a esos años y apunta que últimamente se ha recogido la tradición oral de que la imagen del Niño procediera de Nueva España (México), además de que existen rasgos que se pueden apreciar en las facciones del rostro, y que sería viable teniendo en cuenta que hubo dos Duques de Alburquerque que fueron virreyes de aquel territorio, por entonces español.

Variaciones

Son muchas las variaciones que se han vivido en la historia de la cofradía, desde la estructura y la organización hasta costumbres, el recorrido de las dos procesiones o su horario. También han desaparecido las novenas, loso trajes de danzantes que procedían de la cofradía de Las Candelas pues los del Niño se perdieron en un incendio en la casa de un Mayordomo, o los bailes tras finalizar las procesiones.

Hoy en día, los cofrades, además de mantener su propia devoción al Niño Jesús, pretenden que continúe viva la tradición dando testimonio de fe en las Navidades cuellaranas, esfuerzo que ha logrado suscitar una gran aceptación en estos últimos años. A la cofradía puede pertenecer la persona que lo desee, así como ostentar el cargo de mayordomo, que este año ocupa Ramón Olmos.

Los actos en honor al Niño de la Bola se volverán a repetir el próximo 6 de enero, día de Reyes. La cofradía participará en la misa solemne que se celebrará en la iglesia de San Miguel a las 12:30 horas, mientras que la procesión partirá desde ese mismo templo a las 17:00 horas.

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