Cuatro jóvenes quinceañeras para una tradición centenaria

Las cuatro jóvenes, con mantones bordados, posan con músicos y vecinos de la localidad. /Pedro L. Merino
Las cuatro jóvenes, con mantones bordados, posan con músicos y vecinos de la localidad. / Pedro L. Merino

Navas de San Antonio rememora una costumbre que perdura pese a las dificultades por la despoblación

PEDRO L. MERINO Navas de San Antonio

Como manda la tradición, cada 8 de diciembre, jóvenes de Navas de San Antonio cumplieron ayer con un ritual centenario. En el momento de nacer, sus familias decidieron inscribir a Marisa Torres, María de Andrés, María García y Concepción Pozo para que a la edad de 15 años ejercieran de mayordomas en la fiesta de las Hijas de María. Normalmente son las abuelas las que se encargan de inscribir a sus nietas en esta tradición en la que ellas también participaron, puesto que, según cuentan los vecinos de la localidad, esta costumbre tiene más de un siglo. En los últimos años es difícil encontrar jóvenes para esta celebración, sobre todo por el problema de la despoblación, que también azota a este pueblo segoviano de 400 habitantes.

El protocolo que deben cumplir es muy sencillo. La música de la dulzainas marca el ritmo y recorrido desde la casa de cada una de ellas hasta la iglesia de San Nicolás de Bari, donde tienen lugar los actos religiosos, en los que participan de manera activa las jóvenes. Ataviadas con vestidos negros, mantilla y peineta, se encargan de la lectura de las escrituras dirigiéndose a todo el pueblo, que llena la iglesia para la ocasión. Tras la misa, que también se dedica a la Inmaculada Concepción por ser su día, tienen lugar actividades lúdicas y festivas, muy arraigadas en la localidad. Marisa Torres, María de Andrés, María García y Concepción Pozo abrieron el baile, primero ellas solas y después con sus padres o familiares más cercanos como pareja. Las jotas y pasodobles se sucedieron, siempre con la idea de bailar acompañadas por sus seres queridos. Un refresco con dulces y moscatel clausuraron esta primera parte de la celebración, a la que siguió una comida en familia.

Por la tarde se celebró la procesión. Las jóvenes portaron la imagen de la Virgen por las calles de la localidad, en un recorrido en el que los miembros de la Escuela de Dulzainas de San Rafael pudieron la música. Aunque la jornada suele coincidir con un día espléndido por el sol y calor, en esta ocasión el frío y la luvia han querido empañar, sin conseguirlo, la fiesta, celebrándose sin mayor problema que hacer el baile bajo techo en lugar de hacerlo en la plaza del Ayuntamiento.

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