«Corro en San Fermín desde hace 37 años y es la primera vez que sufro un percance»

José María López (izquierda) junto al arevalense Javier Gómez, herido en el encierro del día anterior. / Efe

El riazano José María López, ‘Josechu’, de 57 años, sufrió una luxación en el hombro derecho tras «caerse» en la calle Estafeta

EVA ESTEBANSegovia

José María López, conocido popularmente como ‘Josechu’, es uno de los ocho heridos de distinta consideración que dejó tras de sí el penúltimo encierro de San Fermín. Este vecino de Riaza, de 57 años y funcionario administrativo del Ayuntamiento de esa localidad desde 1988, sufre un traumatismo en el brazo derecho causado por un percance a la altura de la emblemática calle Estafeta:«He tropezado y me he caído, pero he sabido reaccionar rápido», señala el corredor.

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El riazano fue trasladado al Complejo Hospitalario de la capital navarra, donde fue atendido de una «luxación en el hombro derecho». Sobre las 10:30 horas, le dieron el alta. José María López es un habitual de los encierros de San Fermín. «Llevo corriendo 37 años seguidos y es la primera vez que sufro un incidente», recalca ‘Josechu’.

Pero solo ha sido un susto, y en veinte días, anuncia, volverá a correr un encierro. «He salido por mi propio pie, no ha sido nada grave», insiste. Según explica, solo quedaban unos metros para llegar a la plaza de toros cuando el destino (y los cientos de corredores) ha sido caprichoso. A la salida de la emblemática calle Estafeta, «un grupo de personas se ha colocado hacia la izquierda», pero el riazano decidió «ir hacia el centro», momento en el que «me empujaron por detrás» y cayó al suelo.

Experto en la dinámica de los encierros pamploneses, «me di cuenta rápido» e intentó «apartarse para evitar que cayeran los de detrás». El pasado 29 de junio, José María sufrió otro incidente cuando un caballo se lo llevó por delante, pero no quería faltar a su cita con los toros:«Tenía una leve molestia en el hombro izquierdo, pero me encontraba bien para correr», afirma.

Apenas 15 días después, y consciente de la importancia de no recibir golpes en el hombro previamente luxado, «puse las manos» al tropezar.

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