El corazón de la nobleza segoviana

 Acceso al colegio de las Madres Concepcionistas.
Acceso al colegio de las Madres Concepcionistas. / Antonio Tanarro

En la plaza del Conde Cheste se dan cita el arte, la enseñanza y la literatura

CLAUDIA CARRASCAL Segovia

La del Conde Cheste es una de las más majestuosas plazas segovianas, rodeada tan solo por media docena de edificios, eso sí, tan elegantes y distinguidos que todavía puede imaginarse a la más alta nobleza de la ciudad saliendo de sus engalanados pórticos. Los tradicionales esgrafiados de origen mudéjar decoran las fachadas de los palacetes y casas blasonadas que se alzan en esta irregular plaza adoquinada. Desde 1963 alberga un pequeño jardín en el centro con castaños de indias, cedros, lauros, robinias, una sencilla fuente y el Monumento a la Juventud del escultor José María García Moro.

En ella confluyen las calles de San Juan, San Agustín, San Sebastián, Luis Felipe de Pañalosa y Luis Martín Marcos. Este enclave no siempre ha rememorado al conde de Cheste, Juan Manuel de la Pezuela y Ceballos. Antiguamente era conocida como plaza de San Pablo por tener en su lado occidental la pequeña iglesia del mismo nombre, con portada bizantina y alta torre con arcos de ladrillo, que fue derribada en 1881. Durante un tiempo también se llamó Plazuela de Colmenares y finalmente pasó a recordar a la figura del conde peruano que, especialmente al final de su vida, pasó largas temporadas en Segovia.

Don Juan Manuel de la Pezuela y Ceballos, conde de Cheste, nació en Lima el 16 de mayo de 1810, siendo su padre virrey de Perú. Fue capitán del ejército español contra los carlistas en la guerra civil. En el ejército combatió y se distinguió en muchas acciones, entre ellas la de Cheste en 1848. También ejerció como capitán general en Puerto Rico, Cuba o Cataluña, fue ministro de Marina, diputado, senador, capitán general, caballero de Toisón y clavero de Calatrava. En 1845 ingresó en la Academia Española de la que fue director, pero antes, en 1833 ya había demostrado sus dotes literarias al escribir la comedia ‘Las gracias de la vejez’. También tradujo ‘La Jerusalén libertada’ la ‘Divina Comedia’, el ‘Orlando Furioso’ y la ‘Luisiada’.

En Segovia era querido y respetado, además, era la primera figura en los centros oficiales, procesiones solemnes, y manifestaciones del sentir público. Atrajo a las fiestas académicas de la ciudad a intelectuales como Valera o Menéndez Pelayo. En su palacio, situado en esta misma plaza recreó en el último tercio del siglo XIX las fastuosidades y estilo de vida de los grandes aristócratas del pasado con relevantes comidas y brillantes recepciones.

Este palacio del siglo XV perteneció al regidor Juan de Contreras, por lo que en su portón gótico se puede observar un blasón de armas de este linaje que data del siglo XVII. En el siglo XIX la compró el Conde de Cheste, quien habitó sus amplias estancias hasta su muerte a principios del siglo XX. Actualmente, ocupa este edificio el colegio de las Madres Concepcionistas, orden que llega a Segovia en 1893. Tan solo unos meses después, el 29 de marzo de 1893, el Obispo de la Diócesis, José Pozuelo y Herrero, autoriza la apertura del colegio en la Casa del Hidalgo. En 1922 se trasladó al Torreón de Lozoya y desde 1951 ocupa el antiguo Palacio del Conde Cheste.

No obstante, el futuro de este emblemático edificio es incierto, ya que las Madres Concepcionistas planifican desde hace varios años el traslado de este centro educativo bilingüe a una parcela de 24.000 metros cuadrados en El Sotillo, pedanía de La Lastrilla. Entonces el viejo edificio podría ser destinado a uso residencial con hasta 74 viviendas.

La Casa de los Marqueses de Lozoya del siglo XIII se construyó en el número cinco de esta plaza para colaborar en la defensa de la desaparecida Puerta de San Juan. Tiene una portada románica pero el interior abarca desde el patio gótico del siglo XVI hasta salones decimonónicos. Sus blasones presentan las armas de los Contreras, Osorio-Virues y Segovia, porque perteneció a esta última familia hasta finales del siglo XV, cuando volvió a ser residencia de los Cáceres, por eso también es conocida como Casa de los Cáceres. En 1807 la condesa de los Villares vendió dicho edificio a Julián Thomé de la Infanta, padre de la esposa de Luis Contreras. Además, en ella nació Juan de Contreras y López de Ayala, quien la habitó toda su vida. Precisamente él colocó en la hornacina en 1960 una la Virgen de los Remedios del siglo XIII que estaba en la puerta de San Juan antes de su derribo en 1888, según relata Juan Antonio Folgado en su libro ‘Las calles y plazas de Segovia y sus barrios incorporados’.

Casa de las Cadenas

En el número seis de esta misma plaza se haya otra edificación defensiva conocida como Casa de las Cadenas o Casa de Segovia. Fue construida en el siglo XV, aunque algunos de sus muros almenados se remontan al siglo XIII. La muralla se adosa a sus paredes y un torreón circular evidencia la función defensiva para la que fue concebida. Perteneció a Andrés de Cabrera y Beatriz de Bobadilla, marqueses de Moya y protegidos de la reina Isabel La Católica. En 1842 se destinó este edificio a Instituto de Segunda Enseñanza hasta su traslado años después a la sede de la Fundación de Ochoa Ondategui en la plaza de Díaz Sanz. Posteriormente, pasó al conde de los Villares y en el siglo XX a la familia Escorial que realizó reformas en los años 60.

Tal es encanto de esta plaza y de sus fortificaciones que un simple paseo por ella ha servido para cautivar la atención del profesor, coleccionista y librero, Ángel de Andrés, quien asegura que la Casa de las Cadenas es un lugar con encanto que trasmite buenas vibraciones. Por eso, hace seis meses decidió dejar de lado la enseñanza para poner en este rincón de la plaza lo que el mismo denomina como bodega de libros y reflexión, ya que en ella también puede ejercer como profesor.

Montones de libros antiguos apilados, objetos de decoración, heráldica, revistas antiguas, chistes gráficos o una máquina de escribir Olivetti de los años 70 dan vida a este local, la Liberbodega de Andrés, un lugar ideal para nostálgicos en el que Ángel aglutina más de 40.000 títulos. Entre ellos se encuentran desde ejemplares de año 1800 que se venden por 250 euros hasta libros especializados en toros, arte, sobre Segovia o grandes clásicos.

Desde 1963 alberga un pequeño jardín en el centro, una sencilla fuente y el Monumento a la Juventud

También del siglo XV es la casa de los Marqueses de Quintanar que tiene sus blasones de las armas de Heredia, Peralta, Avendaño y Osorio. El edificio de dos plantas tiene un representativo patio palaciego con columnas de capiteles blasonados. En 1949 se instaló en este edificio la Escuela Normal de Maestros y ha albergado el Conservatorio de Música. Sin embargo, ahora es un centro cultural multidisciplinar de la Junta de Castilla y León que cuenta con una programación a lo largo de todo de diseño gráfico, diseño industrial, interiorismo y fotografía. Además, es la sede de cursos para extranjeros y la residencia de los pintores pensionados que acuden desde diferentes facultades de Bellas Artes de España.

Tres exposiciones

En estos momentos el Palacio de Quintanar, que cuenta con una superficie total de 2.836 metros cuadrados, acoge tres exposiciones de fotografía y arte contemporáneo y durante todo el año se celebran en sus salas y patios veladas musicales, talleres, debates, actuaciones teatrales o proyecciones audiovisuales.

Por último, se encuentra en uno de los laterales de la plaza una de las fachadas de la actual sede de la Diputación de Segovia, también conocido como Palacio Ulceda-Peralta, que se construyó en el siglo XVII y al que se accede por la calle San Agustín. También forma parte de la Diputación Provincial el palacio Maldonado, que, aunque fue levantado en el siglo XVI sufrió importantes remodelaciones en los siglos XIX y XX.

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