Calle Capuchinos: un rincón para la historia

Vista general de la calle./Antonio de Torre
Vista general de la calle. / Antonio de Torre

Esta vía del casco histórico alberga la Academia de San Quirce y el Archivo Histórico Provincial

CLAUDIA CARRASCALSegovia

Una estrecha calle en la que comparten calzada peatones y vehículos y donde los antiguos edificios de piedra se alzan a los lados es la encargada de albergar gran parte de la historia de la ciudad. En la calle Capuchinos alta, situada a escasos 200 metros de la Plaza Mayor,se encuentra el Archivo Histórico Provincial que ocupa lo que en su origen fueron dos viviendas de sólida construcción del siglo XVI.

Actualmente, el archivo cuenta con cuatro plantas de depósito, con un total de 965 metros cuadrados y casi 10.000 metros lineales de estantería, aunque la superficie útil del nuevo centro es de 2.220 metros cuadrados, distribuida entre los distintos servicios. En el ejercicio 2016 recibió a 1.645 investigadores, atendió 4.426 consultas y realizó 103 préstamos, asimismo recibió 704 ingresos nuevos, según los datos aportados por la Junta de Castilla y León, intitución encargada de su gestión. El Archivo Histórico Provincial de Segovia reúne fondo notarial centenario, documentación de las delegaciones y organismos provinciales del Estado o de la Junta de Castilla y León, archivos judiciales, y fondos privados o de organismos locales.

Junto al amplio volumen del Protocolo Notarial, de entre 1503 y 1910, cuenta con un conjunto documental infrecuente y de una riqueza extraordinaria, el fondo del Corregidor o del Alcalde Mayor, preferentemente judicial pero también gubernativo y complementario del notarial. Asimismo, alberga datos sobre procedimientos civiles y penales de momentos cumbre de las Edades Moderna y Contemporánea como la Guerra de Sucesión, la de Independencia y el proceso de Desamortización. Junto a estos temas, otros como la atribución de mayorazgos, las regulaciones de montes y plantíos, los abastos o el orden público entre otros.

El fondo judicial antiguo se imbrica con los expedientes de los juzgados de Primera Instancia e Instrucción del régimen liberal y de todo el siglo XX, también la documentación proveniente de la delegación del hoy Instituto Geográfico Nacional, así como de las oficinas de Conservación del Catastro y del Centro de Gestión Catastral. Entre los fondos privados se integran un pequeño volumen del linaje Arias Dávila, el archivo del Conde de Velarde y, de modo muy especial por su alcance, el archivo del Marquesado de Lozoya.

Del siglo XVIII

El actual edificio en el que se encuentra el archivo lo mandó construir el caballero de Alcántara Juan de Ortega Lara y Angulo en 1702. Era una sola casa de mayores dimensiones, ya que buscaba el engrandecimiento de la familia y su medro en la corte del monarca al que apoyaba, el Archiduque Carlos de Habsburgo, futuro emperador Carlos VI, según los datos aportados por la Junta de Castilla y León. No obstante, sus planes no llegaron a término y la obra no la pudo rematar hasta la guerra de Sucesión porque la caída del archiduque obligó a Ortega a exiliarse.

Además, la vivienda fue apedreada por la muchedumbre amotinada contra los seguidores del Archiduque. Juan de Ortega regresó del exilio en 1721 y recuperó el inmueble tras avenirse con Mollina, pero ni vivió en él ni volvió establemente a Segovia. Su hijo Juan de Ortega Lara y del Río remató los pequeños detalles de construcción que quedaban pendientes y fue el primer y último miembro de la familia que ocupó la casa porque su sobrino lo arrendó o cedió el uso del inmueble a la Artillería, que en 1773 lo utilizaba como cuartel.

En el siglo XIX aparece como propiedad del Conde de los Villares, sucesor de los Alaiza y militar, y por siguientes transmisiones pasa a la pertenencia de otro oficial del Ejército, apellidado Tuya Valdés, quien la vendió en 1905 a la familia Castro. Tras la Guerra Civil, en los años cincuenta, albergó la Caja de Reclutamiento y Zona de Movilización de Segovia, recayendo el edificio en su apego a destinos o propietarios dedicados a las armas, y sirvió de local a una academia privada constituida por oficiales destinados en Segovia. De nuevo deshabitada, la casona de Ortega Lara fue sometida a expediente de declaración de bien de interés cultural, incoado en 1982. Esto, permitió al Ministerio de Cultura, en ejercicio del derecho que le concede la Ley de Patrimonio, instalar en ella el Archivo Histórico Provincial.

La calle, al igual que la barriada Capuchinos se denominan así por el convento de estos frailes que había en la plazuela del mismo nombre. En esta vía también se accede a la Casa de Hércules, famosa por su celebre torreón, que se supone era de construcción romana. Ahora ocupada por una comunidad de dominicas que antes habitó la iglesia y el convento de San Gabriel. Era una de las casas destinada a la defensa de Segovia por su parte norte, con su fortaleza, espesas paredes y torreón, que perteneció a Juan Arias de la Hoz hasta que en 1513 se dedicó a convento. Precisamente, en esta calle se entra al local donde dichas monjas ponen a la venta sus obras de artesanía religiosa. Prestigiosos autores como Diego de Colmenares afirman que Hércules fue quien fundó la ciudad de Segovia, de ahí el nombre de la torre, aunque como dice Mariano Grau investigaciones modernas la suponen de origen celta, calculando la fecha de la fundación hacia el año 700 a.C.

San Quirce

La sede de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce es, posiblemente, el edificio más emblemático de la vía, situado en la antigua iglesia románica con dicho nombre. Desde mediados del siglo XIX, en que se trasladó su feligresía a la parroquia de San Esteban, esta construcción pasó por varios usos, con el consecuente deterioro, hasta que en 1927 fue adquirido por la Universidad Popular que se encargó de acondicionarlo. El salón de actos fue inaugurado el 29 de mayo de 1928 y en 1933 se amplió la sede con un edificio adosado para ubicar habitaciones adicionales y biblioteca, según explica Juan Antonio Folgado en su libro Las calles y plazas de Segovia y sus barrios incorporados.

La Universidad Popular había sido fundada en 1919 por un grupo de prestigiosos intelectuales entre los que se encontraba como principal impulsor Mariano Quintanilla, al que acompañarían Segundo Gila, José Rodao y Antonio Machado, entre otros. La finalidad era divulgar la cultura en general, principalmente entre la clase trabajadora, por lo que organizaron muchas clases gratuitas, conferencias, conciertos musicales, exposiciones artísticas, y publicaciones, explica Folgado.

La mayor parte de los profesores de la universidad instruyeron en 1947, tras la Guerra Civil, el Instituto Diego de Colmenares cuyo objetivo era el estudio de la historia y el arte de Segovia, y cuyo órgano de difusión escrita sería la prestigiosa revista ‘Estudios Segovianos’ actualmente boletín de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce.

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