«No me cabe en la cabeza que hayan robado lo más sagrado»

El obispo César Franco (centro), junto a su secretario, Rafael de Arcos, y el párroco de El Sotillo, Amando Sanz (derecha). /Antonio Tanarro
El obispo César Franco (centro), junto a su secretario, Rafael de Arcos, y el párroco de El Sotillo, Amando Sanz (derecha). / Antonio Tanarro

El obispo de Segovia, César Franco, celebra una misa de reparación tras la profanación del copón con las hostias en la Iglesia de San Alfonso Rodríguez de El Sotillo

EL NORTESegovia

El panorama en la Iglesia de San Alfonso Rodríguez de El Sotillo es desolador tras el robo del copón con las hostias sagradas sufrido el pasado fin de semana. Para reparar este acto sacrílego, el obispo de Segovia, César Franco, ha celebrado este domingo al mediodía una misa de desagravio en esa misma parroquia, que ha contado con el respaldo masivo» tanto de creyentes como de comunidades religiosas como los Maristas o las Hermanitas de los Pobres. En definitiva, «gente sensible» tal y como ha afirmado Franco.

Esta profanación, que llenó a toda la comunidad diocesana en un «profundo dolor», ha sido condenada por el obispo: «No me cabe en la cabeza, me produce una sensación muy triste e incomprensible, nos han quitado lo más sagrado que tiene la Iglesia», ha lamentado en la homilía.

Uno de los momentos que más expectación ha despertado ha sido saber qué copón se emplearía tras la sustracción: «Tenemos uno de repuesto y es el que utilizaremos de ahora en adelante», señala Amando Sanz, párroco de El Sotillo. Se trata de un ciborio del «mismo estilo» según éste, «aunque un poco más pequeño que el otro» y de apariencia similar, pues ambos están «bañados en oro pero hechos de materiales nobles».

Se da la circunstancia que hace apenas quince días se celebró la misa en conmemoración del cuarto Centenario de la muerte del santo segoviano, lo que «agrava» el hecho acaecido: «La alegría con la que celebrábamos el aniversario ha quedado empañada por la grave profanación del Santísimo Sacramento de esta parroquia», se ha quejado. «El copón no tiene un valor excesivo; no es de oro ni de plata, es difícil entender esa frialdad con la que nos lo han quitado». «¿A quién hace daño?, ¿a quién molesta?», ha concluido César Franco.

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