¿Unos baños de origen árabe bajo el Alcázar de Segovia?

Grabado de Gil Gabilondo en el que puede verse el edificio del antiguo gimnasio. / El Norte

El investigador Ubaldo Martínez-Falero halla documentos que prueban la existencia de unos antiguos baños en el monumento

Carlos Álvaro
CARLOS ÁLVAROSegovia

Las pruebas documentales que el investigador Ubaldo Martínez-Falero ha encontrado en el Archivo de Simancas son concluyentes: en el Alcázar de Segovia, debajo del antiguo gimnasio del Real Colegio de Artillería, hubo unos baños cuyo origen debe ser investigado porque puede deparar agradables sorpresas.

En 1563, el rey Felipe II, tras una estancia en la fortaleza segoviana, ordenó al maestro mayor de las obras reales en Segovia, Gaspar de la Vega, que se construyeran unas nuevas cocinas en una terraza del edificio. En uno de los documentos consultados por Martínez-Falero, el maestro mayor comunica al secretario del rey que «en los baños se han de hacer dos cocinas y dos oficios y tejarlos de pizarra»; en otro documento posterior, el mismo Gaspar de la Vega asegura que «en el Alcázar se van haciendo las cocinas en los baños como VM dejó ordenado y van bien adelante»; y un manuscrito del pagador Baltasar de Rueda, fechado varios meses después, certifica que se ha pagado por sacar piedra de las canteras del Ciguiñuela «para las nuevas cocinas y oficios que de nuevo SM mandó hacer en los baños viejos del Alcázar».

Según el investigador, es «absolutamente concluyente» que esos «baños viejos» estaban ubicados en la terraza hoy denominada Jardín Almohade, pues en las sucesivas partidas de las obras aparece indicado «con claridad» que la cocina estaba situada junto a la puerta falsa, «y la descripción que se hace del edificio, de sus ventanas, puertas, etcétera, coincide exactamente con el plano elaborado por Juan Gómez de Mora en 1626», explica.

Por otra parte, el nombre de «baños viejos» invita a pensar que en 1563 existían unos baños nuevos cuyos restos, hasta el momento, no han sido hallados. «La existencia de baños en ciudades y fortalezas cristianas llamó la atención de Torres Balbás, que en 1954 se encargó de estudiar este fenómeno. Según Torres Balbás, hubo baños en ciudades cristianas nunca ocupadas, y tanto los de origen cristiano como musulmán se parecían en su aspecto a los romanos, pues disponían de cuatro cámaras abovedadas con pequeños tragaluces para la iluminación, una para el vestuario y las otras tres para el cuarto frío, el templado y el caliente. Para el servicio de los baños había además un aljibe y un horno para calentar el agua. Afortunadamente, los baños del Real Alcázar de los Reyes Cristianos de Córdoba se han estudiado y restaurado y actualmente se conocen como los Baños de Doña Leonor, mandados levantar por el rey Alfonso XI para su favorita Leonor Núñez de Guzmán», cuenta Martínez-Falero.

En 1844, el edificio que en su día ordenara construir Felipe II para albergar las cocinas se encontraba en ruinas, por lo que los artilleros, que ya por entonces ocupaban el Alcázar, aprovecharon para levantar en el mismo lugar un gimnasio con grandes ventanales que el incendio de 1862 respetó, como se observa en la ilustración. La restauración posterior acabó con el edificio y dejó la explanada actual, aunque aún puede verse sobre la muralla una parte del arranque del muro sur del antiguo gimnasio.

«Un estudio arqueológico en esta terraza permitiría, con toda seguridad, encontrar algún resto de los baños, o incluso de un nuevo aljibe, que arroje luz sobre el pasado de la fortaleza. Podríamos estar ante una construcción de origen mudéjar, si es que el origen es cristiano y contemporáneo a los baños del rey Alfonso XI, o quizá ante un edificio de origen musulmán, que sería el único de este estilo y periodo encontrado hasta ahora en Segovia», concluye el investigador.

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