Segovia no es ciudad para bicicletas

Punto de préstamo de bicicletas en la calle Teodosio el Grande, junto al Acueducto. /Óscar Costa
Punto de préstamo de bicicletas en la calle Teodosio el Grande, junto al Acueducto. / Óscar Costa

El servicio municipal de préstamo solo recauda un 6% de lo que cuesta

CLAUDIA CARRASCALSegovia

Los adoquines y las cuestas hacen que Segovia no sea la mejor ciudad para circular en bicicleta. De hecho, «es complicada y las medidas para favorecer su uso escasas», asegura el portavoz de la asociación Bicicla, Roberto Segovia, quien estima que en un ranking nacional sobre el uso de la bici, Segovia estaría entre las cinco últimas posiciones tanto por las infraestructuras de la ciudad como por el grado de concienciación ciudadana.

Y eso a pesar de que desde 2012 calcula que el número personas que utilizan este medio de transporte a diario se ha multiplicado por diez, aproximadamente un 80% más. «Hace cinco años éramos tres locos los que utilizábamos la bici por Segovia y los conductores nos increpaban, ahora por los menos han asumido que somos un vehículo más y que tenemos derecho a circular», comenta.

La afirmación de que Segovia no es la ciudad más apropiada para las bicicletas la comparte también el concejal de Tráfico, Transportes, Movilidad y Seguridad Ciudadana, Ramón Muñoz-Torrero. No obstante, advierte de que hay que trabajar para hacer una ciudad para las personas y no para los coches, y menos en Segovia, que es pequeña y los turismos no son necesarios para desplazarse. El problema, a su juicio, es que se ha impuesto el «‘cochecentismo’» y aunque muchas de las grandes ciudades europeas, como París, Londres o Madrid, ya están tomando medidas para frenar el cambio climático y extender un medio de transporte más eficiente, «España está a la cola, va retrasada entre 20 y 30 años con respecto al resto de Europa, y a Segovia todavía hay que sumarle entre cinco y diez años más de retraso», expone. Por eso, en su opinión, «el peatón tiene que ser la base de la movilidad y las ciudades deberían hacerse para ellos».

En este sentido, defiende que el casco histórico de Segovia, compuesto fundamentalmente por calles estrechas, debería peatonalizarse en lugar de tratar de ampliar las zonas de aparcamiento. La segunda apuesta para la movilidad tendría que ser la bicicleta porque es un medio de transporte limpio y saludable, seguida del transporte público que, según explica, necesita importantes modificaciones, y la última opción el coche. «El objetivo debería de ser desincentivar el uso del coche y esto solo se puede conseguir con una combinación de educación desde la infancia y legislación». Aunque es consciente de que cualquier medida que suponga limitar el uso de vehículos a motor o reducir la velocidad es antisocial y no da votos a corto plazo, por lo que «nadie se atreve a legislar en este sentido».

El préstamo de bicicletas de Segovia puso en marcha en 2008 para fomentar vehículos más sostenibles en la ciudad. El servicio comenzó con 100 bicicletas, de las cuales 50 eran eléctricas. Nueve años después quedan aproximadamente 80 bicis, la mitad siguen siendo con ayuda al pedaleo y el resto tradicionales, pero no se han realizado incorporaciones ni sustituciones, tan solo se efectúa todos los años la reparación y mantenimiento correspondiente. Las bajas registradas desde entonces, 20 vehículos, se deben fundamentalmente al vandalismo y los robos.

Fue la primera ciudad de Europa en implantar el préstamo de bicis eléctricas, y de hecho, son las únicas que cumplen con las expectativas de uso, ya que este servicio público nunca ha funcionado bien en el caso de las tradicionales. «Su utilización siempre ha sido escasa y los beneficios que reporta bajos», admite el concejal de Movilidad, quien, no obstante, insiste en que el servicio «no está peligro» y seguirá incentivándose en Segovia a pesar de la escasa rentabilidad. Eso sí, se tratarán de reducir los costes en próximas campañas.

El presupuesto anual de la concejalía para el sistema público de bicis ronda los 24.000 euros, de los cuales en torno a 15.000 son para la asistencia técnica de mantenimiento, reparación, recogida, reubicación y limpieza de bicicletas. El resto está destinado a la autorización para el acceso a la plataforma informática que regula los anclajes, la contratación de revisión de infraestructuras y la puesta en marcha de la plataforma. Sin embargo, los ingresos obtenidos, según Tesorería, en 2016 eran de 1.440 euros.

Modificación

Para abaratar costes, Muñoz-Torrero ha propuesto modificar el sistema de bancada y liberalizarlo, para que en lugar de emplear el anclaje electrónico, que supone uno de los costes más elevados, las bicis se fijen con un candado tradicional. Los usuarios recibirían en el momento de registrarse una llave que permitiría abrir cualquiera de los candados de las siete bancadas repartidas por la ciudad.

De este modo, el Consistorio cobraría únicamente por el candado y por la llave, pero el préstamo sería gratuito. «Es un sistema mucho más económico, sobre todo para el Ayuntamiento, pero también para los usuarios», indica. Sin embargo, este año no ha sido posible introducir esta modificación porque los grupos de la oposición no estaban del todo de acuerdo, ya que consideran que sería muy fácil hacerse con la llave y las bicis podrían desaparecer.

El sistema de préstamo de larga duración de las eléctricas tiene más éxito

En 2016 se introdujo otra modificación en la ordenanza que regula el préstamo de bicicletas municipales que, según Muñoz-Torrero, está dando «muy buenos resultados». Es el sistema de alquiler de larga duración y solo se emplea para las bicis eléctricas. Los usuarios tienen que solicitar el vehículo y con una fianza de 125 euros y una tasa de 20 euros pueden alquilarla por un periodo de tres meses, prorrogable otros tres por un coste adicional de otros 20 euros. Gracias a este tipo de préstamo, en 2016 se lograron alquilar las 40 bicis disponibles y este año solo quedan unas pocas, aunque no se contempla aplicar el mismo mecanismo al préstamo de las tradicionales.

«Gasto innecesario»

Por su parte, desde la agrupación Bicicla insisten en que el dinero que invierte el Ayuntamiento para mantener sistema de alquiler de bicicletas es un gasto «innecesario», que en su momento se hizo con una subvención de la Unión Europea, pero que «ni ha funcionado ni sirve para nada». Roberto Segovia solo ha valorado positivamente la iniciativa de las bicis con ayuda al pedaleo por la novedad y el coste que implican para los usuarios. En este sentido, considera que sería mucho más útil emplear los fondos en señalización, infraestructuras adecuadas para la circulación de ciclistas, e incluso, en campañas de concienciación ciudadana. «Lo que no se puede hacer es empezar la casa por el tejado», asevera. Entre otras medidas, Segovia propone que en los laterales de las vías con adoquines se ponga asfalto liso, que se conecten los carriles bici, la reducción generalizada de los límites de velocidad, pintar y delimitar las zonas por las deben circular los ciclistas en el casco urbano y el fomento de iniciativas para concienciar a los conductores de que las bicis son un vehículo más al que tienen que respetar.

El incremento de aparcabicis es otra de las reivindicaciones del colectivo, que considera ilógico que lugares como la biblioteca pública, colegios o polideportivos no dispongan de estas instalaciones. Además, piden que se tenga en cuenta la seguridad y la tranquilidad del ciclista y en los recintos en los que sea posible se instalen los apacabicis en el interior de los edificios.

Bicicla ve más útil destinar los fondos a infraestructuras para los ciclistas y señalización

En cuanto a los ciclocarriles, que está delimitando la concejalía en varias vías de doble sentido, Roberto Segovia reconoce que es una medida adecuada y efectiva para una ciudad que ya está construida y en la que es complejo y costoso construir carriles bici nuevos. Estas calzadas, en las que no dan preferencia a las bicicletas, y también para que los usuarios de este vehículo a pedales circulen sin miedo.

Ciclocarriles

Hace poco más de un año se estableció el primer ciclocarril en la avenida Gerardo Diego, la avenida de la Constitución fue la segunda y la última ha sido la Vía Roma, que se pintó el pasado mes de julio. Esta última ha sido elegida por la gran afluencia de ciclistas que la recorren a diario. El objetivo de Muñoz-Torrero es convertir en ciclocarriles todas las calles con dos carriles para un mismo sentido antes de finales de 2018. La siguiente será el paseo Ezequiel González que conectará con Gerardo Diego a través de Conde de Sepúlveda y la carretera de San Rafael. De este modo, se conectará uno de los ejes estratégicos de la ciudad y los ciclistas podrán compartir vías con los coches de forma segura hasta llegar al carril bici de la carretera de La Granja.

La concejalía seguirá apostando por este tipo de vías para que el uso de las bicis en Segovia sea cada vez más destacado y seguro, porque son «un método ideal de desplazamiento», afirma el responsable del área. «No contamina ni genera emisiones, es saludable, no consume espacio, ni emite ruidos», explica.

Bicicla aplaude estas medidas aunque subraya que son «lentas y llegan tarde». Además, su portavoz considera que para que sea realmente un lugar para bicis habría que ir más allá y tomar como ejemplo ciudades como San Sebastián o París, que incluso en calles de un solo carril para cada sentido han dejado un pequeño espacio para bicis, a veces en sentido contrario a la circulación para dar más visibilidad a los ciclistas.

En cuanto a los principales puntos negros de la ciudad, destaca las vías rápidas como Ezequiel González, Vía Roma, la bajada de Santo Domingo o la avenida Padre Claret. También las rotondas, pero «el principal punto negro es la mentalidad de los automovilistas», lamenta. El portavoz de Bicicla reconoce que desde 2012 se ha conseguido mucho y la afición que hay en la ciudad por el ciclismo contribuye a crear conciencia. Sin embargo, está convencido de que «lamentablemente, los cientos de atropellos a ciclistas de los últimos años han contribuido de manera decisiva tanto a cambiar la mentalidad de la gente como a que las instituciones tomen medidas legales y emprendan campañas».

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