Las almas alborotadas

Una de peñas del barrio. / Tanarro

Alrededor de 800 personas se enfundan los uniformes de cada peña

EL NORTESegovia

El bullicio explotó con el pregón. Fue el paréntesis de las palabras inaugurales; porque antes y después, el mando de las celebraciones corresponde a las peñas. El sentimiento de pertenencia aflora más que el resto del año durante estas jornadas. Son el alma del barrio, el corazón que en estas fechas late más alborotado por la emoción de los encierros (los únicos urbanos que se desarrollan en las capitales de provincia de Castilla y León), por la música de las verbenas y conciertos, por la adrenalina de los torneos deportivos... en definitiva, por la pasión por San Lorenzo. La ilusión desborda no solo por la jarana, sino por las ganas inabarcables de que el barrio viva y disfrute con su participación e implicación en el frenesí.

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Alrededor de ochocientas personas se enfundan los uniformes de cada peña, los colores de su fiesta particular que, al final, no es otra que la exaltación de toda una comunidad: San Lorenzo. Y cómo no, los disfraces (más o menos originales) con los que cada año los peñistas tratan de sorprender incluso al propio jolgorio, incipiente aún en las primeras horas de festejos.

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