La bailarina cubana Alicia Alonso recibe a sus 96 años el homenaje de Segovia

Alicia Alonso, junto a su marido, Pedro Simón, recibe el diploma de ‘Visitante Distinguida’ de manos de la alcaldesa de Segovia, Clara Luquero.
Alicia Alonso, junto a su marido, Pedro Simón, recibe el diploma de ‘Visitante Distinguida’ de manos de la alcaldesa de Segovia, Clara Luquero. / Efe

La gran dama del ballet mundial recoge emocionada el título de ‘Visitante Distinguida’ de la ciudad, a la que asegura que «llevo en mi corazón»

César Blanco Elipe
CÉSAR BLANCO ELIPESegovia

La entradilla de Agapito Marazuela sonó en el patio de la Casa Consistorial en honor a la bailarina, maestra y coreógrafa cubana, Alicia Alonso. La gran dama del ballet mundial entró vestida de azul eléctrico. Lentamente se acercó a quienes ansiaban verla, escucharla y aplaudirla. La ovación se hizo más y más sonora a cada paso. Ese azul que la cubría de la cabeza hasta casi los talones simboliza su espíritu, su vida rebosante, sus movimientos elegantes y a la vez vistosos y llamativos, incluso provocativos.

Así, despacio y entre un coro de palmas anduvo hasta la silla que le esperaba para el homenaje. De un brazo, acompañada por su marido y escritor Pedro Simón; del otro, la ‘prima ballerina assoluta’ se agarraba del brazo que le ofrecía el profesor del Instituto de Danza Alicia Alonso de la Universidad Rey Juan Carlos, Ioshinobu Navarro. Sonriente, emocionada (con todos los premios que adornan su trayectoria vital y profesional) repartiendo agradecimientos, como si acabase de interpretar ‘Giselle’ en la Ópera de París, en la Scala de Milán o en el Carnegie Hall de Nueva York.

Entrega al público

Entonces la diva se detuvo un momento. Era como si intuyera la formidable devoción y expectación del público y les dedicó un ondulante movimiento aflamencado de brazos y manos. Alicia Alonso (La Habana, Cuba, 1920) recibió los elogios de todos. En privado y en público, los expresados en voz alta durante el acto oficial por el que la corporación municipal de Segovia la reconoce con el honor de ‘Visitante Distinguida’, correspondieron a la concejala de Cultura, Marifé Santiago y la alcaldesa, Clara Luquero.

Mientras escuchaba cada regalo y alabanza mirando al cielo, apretaba fuerte la mano de su marido, con el que intercambiaba confesiones al oído para que sus ojos, ocultos detrás de unas suntuosas gafas de sol, no se perdieran las instantáneas del homenaje. La bailarina y coreógrafa ve, a pesar de esa ceguera. Descubre las cosas a través del tacto de sus manos y de los cicerones que no solo la guían y quieren, sino que la guardan auténtica veneración y devoción. Bastaba con verles cómo la miran y miman, con que cariño y respeto se dirigen a ella.

«¡Es café de verdad!»

Cuando se sentó, antes de que empezara el protocolo, le trajeron un café solo al que dio unos pequeños sorbos . «¡Es café de verdad!», exclamó la maestra aprobando el gusto. Dicen que a pesar de no ver, aún está al frente del Ballet Nacional de Cuba, que por cierto estos días se encuentra en Segovia con motivo del Congreso Mundial del Instituto Internacional del Teatro.

Y en el marco de este foro planetario de las artes escénicas, al que asisten y participan alrededor de seiscientos delegados de 91 países se encuadra la distinción a la bailarina y coreógrafa cubana. La compañía que fundó Alicia Alonso y su temperamento fueron también revoluciones en el encorsetado mundo de la danza. Hitos que también fueron ensalzados en el acto de ayer.

Tras triunfar en el Ballet Theater de Nueva York, abandona todo, retorna a Cuba y funda su propia formación, el Ballet Alicia Alonso. Rápidamente alcanzó predicamento y prestigio. En 1955 el proyecto adopta el nombre del emblemático Ballet Nacional de Cuba.

Conservar el apellido latino

La alcaldesa también destacó de la diva el haber sido pionera en el psicoballet y en la integración social a través de la danza. Por estas «hazañas» y muchas más, Luquero subrayó que «cada uno de los pasos que ha ido dando en su vida ha dejado un camino abierto de humanidad y buena voluntad».

Entre las conquistas de Alonso, está la de «sentar un estilo que no tenía que renegar de su condición latina, que parecía identificarse con algo subsidiario respecto a los centros de poder mundiales, resaltando la idiosincrasia particular en ese territorio que, hasta entonces, era considerado patrimonio de unos pocos tan solo». De hecho, ha mantenido el apellido latino de su primer esposo: Alonso. Algo que fue romper otra regla no escrita en el ballet.

La ‘prima ballerina assoluta’, ya en el atril y sin las gafas de sol, mostró una oratoria escueta y algo entrecortada pero pasional y sentida que emocionó a admiradores y curiosos. «Les llevo en mi corazón», dedicó a la ciudad. En cuanto a la distinción, «es lo más grande que se le puede hacer al ser humano, que se le reconozca su trabajo, su deseo de ser y de dar», afirmó como si impartiera cátedra. Y tras elevar a la enésima potencia sus agradecimientos, remachó: «Aunque me muera, sepan que les estaré siempre dando las gracias», y entonces saludó como lo hacen bailarinas, con una genuflexión que arrancó el aplauso más bello del homenaje. Y es que Alicia Alonso confiesa sentirse bien y «comprometida con la vida».

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