«No hay mayor dolor que el amor, y ese dolor puede ser tan devastador...»

Aitana Sánchez-Gijón interpreta a Medea en la obra homónina dirigida por Andrés Lima. L
Aitana Sánchez-Gijón interpreta a Medea en la obra homónina dirigida por Andrés Lima. L / uis castilla-Efe
  • La actriz Aitana Sánchez-Gijón habita la piel y la mente de ‘Medea’ en las dos funciones que ofrecerá hoy y mañana sábado, a las 20:30 horas, en la sala Ex.Presa 1 de La Cárcel

Puede parecer una extraña exageración, pero a Aitana Sánchez-Gijón (Roma, 1968) le daba hasta pánico tener que defender un monólogo ante el público. Una actriz con tantas tablas y escenas... En psicoterapia dicen que para superar un miedo hay dos formas de afrontarlo: O bien muy poco a poco y con tratamientos mixtos conductuales y farmacológicos o de golpe, a lo bestia. Imagínense. Es como si una persona con fobia a las arañas se encerrara de repente con cientos de ellas. Un ejercicio brutal de sufrimiento para la superación del miedo que llega a dejarle exhausto.

Sin caer en las profundidades de la psique (y muchos menos psicoanalizar a Aitana Sánchez-Gijón), el proceso que ha seguido la artista hasta meterse en la piel y la mente de ‘Medea’ ha sido y es «un recorrido emocional de enorme intensidad» que deja a la actriz extenuada al final de cada representación. Hoy y el sábado, el espectáculo inspirado en el texto demoledor de Séneca llega a la sala Ex.Presa 1 de La Cárcel de Segovia. Puro teatro en el Día del Libro. Las dos funciones serán a las 20:30 horas. Quienes acudan ‘padecerán’ con la actriz su fatiga mental y física de un montaje que mezcla la lectura dramatizada e interpretación. El gran papel de su carrera.

–¿Cómo le llega el reto de interpretar a Medea?

–Fue bastante casual hace dos años. Ya se estaba trabajando en una trilogía de tragedias, y en verano la Universidad Menéndez Pelayo me ofreció en uno de sus cursos una lectura y con ‘Medea’ vi que ya no se trataba de una simple lectura.

–La ‘Medea’ que interpretará en La Cárcel es diferente a la que estrenó en 2015. Para empezar, ahora está usted sola en el escenario.

–Sí. Cuando terminé la gira creí que me había dejado abierta alguna puerta abierta y quería cerrarla. Es la primera vez que me ocurre que creí que quedaba algo pendiente, así que seguí investigando. Nunca había necesitado revisitar un personaje hasta que me he topado con Medea. El duelo puede ser más largo o más corto, dependiendo de lo enganchada que estuviera, pero cuando termino un proyecto, ahí se queda.

«Se quedan sin aliento»

–¿Cómo se ha sentido?

–Creía que iba a ser más sencillo porque tenía la base del formato anterior de Andrés Lima [director] y que iba a ser algo más liviano o una simple lectura. En el trabajo original había una tarea físicamente extenuante que me dejaba destrozada. Claro, cuando empecé con este nuevo montaje no había caído en que no hay un respiro real porque tengo que hacer todas las voces del resto de personajes, lo que lleva consigo además un tremendo ejercicio mental al tener que estar cambiando de personaje en cerebro. Es un trabajo más árido y más duro.

–Esa extenuación que transmite cuando explica los entresijos de la obra y que sube al escenario, ¿cómo la percibe el público?

–Se quedan sin aliento porque el espectáculo posee tal intensidad emocional y es tan extremo... Todo lo que pasa te deja sin respiración, porque además es que es así la tragedia y el personaje de Medea. Yo trato de ser fiel a la historia y al personaje, encararlo con la mayor veracidad.

–Pero Medea es una tragedia que atrapa a quienes la encarnan. Le pasó a Nuria Espert y ahora a usted,.Habla de una hija de reyes, descendiente del dios Sol, que es abandonada y repudiada, una mujer a la que le arrebatan la dignidad y el amor y decide vengarse dando muerte a sus propios hijos.

–Medea es inabarcable. No puedo ni racionalizar lo que me pasa, pero me conecta con lugares emocionalmente extraños y desconocidos. Uno no puede más que espantarse y acaba comprendiendo el dolor. No se trata de justificarlo, sino de ver el descenso a ese pozo negro en el que meten a Medea y acabar entendiendo que pudiera llegar a esos extremos. Lo decía ya Medea que no hay mayor dolor que el amor, y ese dolor puede ser tan devastador...

–¿Qué tal conviven los clásicos con el teatro contemporáneo?

–Los clásicos siguen siendo clásicos porque son contemporáneos. Conviven muy bien. Los clásicos siguen siendo un espejo y se plantean preguntas, aunque luego cada director aporte su lenguaje y su punto de vista.

Gran momento creativo

–¿Qué estado de salud presenta el teatro español hoy en día?

–Estamos en un momento creativo espléndido, con una oferta teatral enorme. Al menos en mi caso no alcanzo a ver todo lo que quisiera.

–¿Hay que tomar el compromiso de rebaja del IVA de los espectáculos públicos, con la salvedad todavía del cine, como la luz al principio del túnel en las políticas culturales del Gobierno de las que tanto se queja el gremio?

–No hay que engañarse porque el IVA que se aplica en España para la cultura sigue siendo de los más altos de Europa. Esa rebaja es un paso indispensable –y mejor tarde que nunca–, pero llega con muchísimo retraso. Va ser difícil recuperarse de ese daño. Por otra parte, las políticas culturales han de abarcar muchas más facetas, como las partidas, las redes de teatro o el propio cine.

–Usted presidió la Academia de Cine. ¿Queda mucho por recorrer en la consecución de la igualdad entre sexos en la escena nacional?

–Lo pudimos ver en los últimos Goya. Las directoras tenían una presencia bastante satélite. La mayor parte de las historias eran muy masculinas y con protagonistas masculinos. Las mujeres representan la mitad de la población y nos gustaría vernos reflejadas. Hay poco espacio para las directoras, pero es un problema de voluntad política.