La procesionaria acecha a los seiscientos vecinos de Marugán

La procesionaria acecha a los seiscientos vecinos de Marugán
/ Orugas de la procesionaria del pino. Miguel Herreros
  • El alcalde urge a la Junta una solución para mantener saneada la urbanización, que en los fines de semana alcanza los 1.000 habitantes y en verano, los 5.000

El PSOE pide al PP de la Diputación Provincial que urja a la Junta de Castilla y León una solución a los graves problemas que ocasiona la oruga procesionaria en Marugán. El portavoz del grupo socialista, Alberto Serna, señala que «el asunto se ha convertido en un problema sanitario, que vienen sufriendo los vecinos de la urbanización de Marugán desde 2013».

Serna considera que «la Junta, más en concreto el Servicio Territorial de Medio Ambiente, vienen echando balones fuera desde hace más de tres años, en lugar de tomar cartas en el asunto», y advierte de que es necesaria una solución «urgente» para mantener saneada esta urbanización. En ella residen diariamente más de 600 personas, «1.000 los fines de semana, que llegan a los 5.000 durante el verano», explica el alcalde de Marugán, Francisco Roque, quien lamenta que «la situación del pinar donde se encuentra la urbanización es penosa, y la de los vecinos insostenible en muchos casos; hay que dar una solución ya, la Junta debe adoptar la decisión más efectiva».

Tanto el portavoz socialista como el alcalde de Marugán recuerdan que para erradicar la oruga procesionaria «se fumigaba por vía aérea, con buenos resultados, hasta que esta práctica quedó prohibida por ley en 2012». Desde entonces, «el Ayuntamiento de Marugán y las entidades urbanísticas que componen la urbanización han ido fumigando el espacio, con la dificultad que esto entraña, dada la amplia extensión de la zona -–630 hectáreas con más de 1.800 parcelas y 1.200 chalés construidos–, y no se ha podido terminar con el gran problema, que se ha ido incrementado con el paso del tiempo».

Precauciones

Expertos alergólogos y veterinarios señalan la necesidad de tomar precauciones, sobre todo con los niños y las mascotas, cuya curiosidad les convierte en objetivos habituales del contacto con este lepidóptero. El peligro no reside en la oruga como tal, sino en los miles de filamentos anaranjados –cerca de medio millón– que recubren su cuerpo y que funcionan como dardos venenosos y extremadamente urticantes, cuyo contacto (directo o por su presencia en el aire) provocan en los humanos afecciones cutáneas (picor, hinchazón) que no son graves, pero sí muy molestas.