Los hijos de la diáspora

Dos vecinas conversan en la Plaza del Centro Segoviano de Madrid.
Dos vecinas conversan en la Plaza del Centro Segoviano de Madrid. / De Torre
  • La plaza del Centro Segoviano de Madrid, situada en La Albuera, recuerda a quienes emigraron a otros lugares en busca de un futuro mejor

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Quedarse en el lugar donde uno ha nacido es cada vez más difícil. La falta de oportunidades laborales hace que muchos tengan que irse a vivir fuera de su lugar de origen dejando atrás los recuerdos de su infancia, su familia y amigos para labrarse un futuro y una vida mejor. Una diáspora que hace que cada vez sea más común encontrar a segovianos repartidos por cualquier parte del mundo y por supuesto, de España. Uno de los lugares donde viven un buen número de ellos es en Madrid, donde muchos han asentado su residencia por motivos profesionales.

Gracias a las nuevas tecnologías y a las buenas comunicaciones, en la actualidad es fácil comunicarse con los seres queridos. Quién no sabe de un amigo, familiar o conocido que vive fuera y que procura venir siempre que puede a Segovia a reencontrarse con los suyos.

Sin embargo, hace unos decenios no era tan fácil volver y por eso, los que estaban fuera procuraban hacer piña para encontrarse con sus paisanos. Por eso, en la capital de España, el 6 de mayo de 1920 se fundó el Centro Segoviano de Madrid, «un hogar grande donde caben todos los segovianos del mundo», apuntan en su web, y al que en sus orígenes acudían figuras tan destacadas como Aniceto Marinas o Teófilo Hernando.

Durante casi un siglo, y de forma ininterrumpida, ese ha sido su lema: ser el punto de encuentro de los segovianos. Es tanta la pasión que sienten estos segovianos por su tierra que la ciudad de Segovia les reconoció ese mérito hace más de treinta años, dedicándoles un espacio en el barrio de La Albuera, un gesto que «es halagador», como resalta su presidente, Antonio Horcajo.

Entre la avenida del Marqués de Lozoya y la calle Tejedores, existe una pequeña plaza dedicada al Centro Segoviano de Madrid. Es un espacio sencillo, flanqueado por dos bloques de ladrillos de apenas cinco pisos de altura, y entre medias un espacio de tierra donde la hierba crece sin control. Hace años, entre esos bloques había columpios para niños. Hoy solo los recuerdan los vecinos más veteranos y las marcas de cemento que siguen siendo visibles en el suelo de arena. «La falta de seguridad», apunta José, fue la causa de su retirada, en los años noventa del siglo pasado.

El acceso a esta plazuela se puede llevar a cabo por ambos lados, bien por unas escaleras y una rampa donde hace años existió un gran árbol, del que ahora solo queda un tronco cortado; o por la zona que limita con la avenida del Marqués de Lozoya, un espacio más llano, donde se han colocado unos bolardos para que nadie meta los coches donde no deben.

En uno de los extremos, todos los portales de ese bloque cuentan con una placa donde se puede leer ‘Edificio propiedad de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Segovia’, unos inmuebles que se construyeron en la década de los setenta por la extinta sociedad y en los que durante años han vivido matrimonios que cada vez son más mayores. No es de extrañar que varios pisos, que no tienen ascensor, estén a la venta. Es precisamente esa venta de viviendas lo que está variando un poco el perfil de los vecinos de esta zona, donde «siempre ha habido mucha gente mayor, pero que poco a poco va cambiando a personas más jóvenes», comenta José, un vecino que lleva 25 años residiendo en la zona.

Por eso, no extraña ver de vez en cuando a algunos chavales dirigirse a sus casas portando en sus espaldas mochilas, que van a comer después de un día en el instituto o que llegan del colegio público Eresma, a escasos metros de esta plazuela.

A pesar de ser un lugar sencillo y «tranquilo», como señala otro vecino, José Sanz, que vive allí desde hace poco tiempo, el espacio supone mucho para los hijos de la diáspora, para todos aquellos que un día tuvieron que salir de Segovia y que con esta calle ven reconocida su trayectoria vital. «La simpatía por los vecinos es evidente, nos sentimos identificados con ellos», destaca el presidente del Centro Segoviano de Madrid, Antonio Horcajo.

La plaza lleva más de treinta años dedicada a todos los segovianos que se fueron, cuando volver a Segovia no era tan fácil como lo es en la actualidad gracias a las buenas comunicaciones, porque antes, «a principios del siglo XX, se trabajaba de lunes a domingo, mientras que ahora salen miles de personas los fines de semana para volver a Segovia o ir a su pueblo», destaca Horcajo.

Numerosos premios

Para el Centro Segoviano de Madrid, contar con un espacio en el callejero de la ciudad es un reconocimiento muy destacado. «El Centro Segoviano siempre ha respirado por Segovia, para defenderla y para aglutinar a sus hijos alrededor de una mesa camilla», afirma su presidente. Este reconocimiento se suma a otros muchos premios que les ha concedido la ciudad a lo largo de los años, como las medallas de plata y oro. En la actualidad, el Centro Segoviano de Madrid está ubicado en el número 14 de la calle Alburquerque y cuenta con unas magníficas instalaciones, en cuyo interior destaca una importante obra de Lope Tablada de Diego. Cuenta con 450 socios de cuota, aunque «socios son todos los que llevan a Segovia en el corazón», precisa Antonio Horcajo. Con frecuencia realizan homenajes en sus instalaciones a segovianos que destacan en el panorama nacional por diversos motivos de muy diversa índole, y en Segovia entregan todos los años los prestigiosos premios ‘Tierra de Segovia: Sus Hijos y sus obras’, con el objetivo «de querer distinguir aquellas trayectorias, personales e institucionales, que sobresalen en cada una de las facetas que se quiere significar y siempre que resalten la laboriosidad, los comportamientos ejemplares así como los valores que hacen de la creatividad y el esfuerzo realidades que, entendemos, merecen ser destacadas para estímulo de los demás».

Mientras, en la ciudad, los que aquí viven no olvidan a todos los que un día se fueron lejos, al otro lado de la sierra, esa sierra nevada que se alza imponente y que se puede contemplar desde los extremos de la plaza del Centro Segoviano de Madrid, en el barrio de La Albuera.