Don Antonio y sus años segovianos

Don Antonio y sus años segovianos
/ Ilustración de Susana Saura
  • El poeta vivió en la ciudad del Eresma de 1919 a 1932

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No es difícil imaginárselo en su paseo diario de Desamparados al Azoguejo y del Azoguejo al instituto, envuelto en su abrigo negro, algo desaliñado, apoyado en un bastón y, como decía Mariano Grau, sumido "en la honda meditación del que va escuchando las voces de su alma".

Antonio Machado (1875-1939) llegó a Segovia en el otoño de 1919 para ocupar la cátedra de Francés del Instituto General y Técnico. Se alojó en el hotel Victoria, pero las cinco pesetas diarias que pagaba por habitación individual e independiente eran demasiado costosas para su bolsillo. Así que pronto se instaló en una casa de huéspedes situada en el número 11 de la calle Desamparados, propiedad de Luisa Torrego, una mujer viuda y de mediana edad que vivía con su hijo, de apenas veinte años. La casa no era un dechado de comodidades. El poeta solía decir que en invierno hacía en ella tanto frío que tenía que abrir la ventana para calentarse porque el aire de la calle era más cálido que el del interior, aunque nunca se planteó abandonar la pensión, consciente como era de la difícil situación económica en que madre e hijo podrían quedar sin su contribución diaria.

La modesta habitación de don Antonio siempre estaba llena de libros y papeles. Grau da fe de ello: "Libros en las sillas, en la mesa, en el suelo, en la cómoda, en los rincones, hasta en la misma cama". No es extraño. En una carta que escribió a la patrona después de haber salido de la ciudad de manera precipitada, el autor de "Campos de Castilla" dice: "Pienso ir uno de estos días a Segovia para recoger algunos libros y papeles. Mientras tanto le ruego cuide de que no se extravíen, pues entre muchas cosas inútiles quedaron en desorden sobre las mesas, cuadernos, libros y papeles que son de gran interés para mí. Perdone esta molestia".

Que don Antonio era ese hombre "en el buen sentido de la palabra, bueno" que él mismo describió en su célebre "Retrato" queda patente en los testimonios de quienes lo conocieron en su tarea docente. Según Rubén Landa, profesor del instituto y amigo, no le gustaba su trabajo de enseñar Francés a principiantes y le horrorizaba la educación oficial, pero se mostraba comprensivo con sus alumnos, sobre todo, a la hora de pasar el examen. En realidad, era difícil suspender con él. "Un día –escribe Landa– tuvimos que examinar a una mujer joven que sabíamos se había quedado viuda y con hijos, y para ganarse la vida había decidido hacerse enfermera. Entre otros requisitos le exigían el examen de ingreso en la segunda enseñanza. Don Antonio presidió el tribunal (...). Como presidente, tomó la iniciativa. Háblenos usted de la geografía de España, dijo a la señora. Usted sabe que el río Tajo pasa por Toledo y desemboca en el Atlántico por Lisboa. Y antes de que pudiese hablar, continuó: Sí, eso lo sabe usted. Ahora díganos algo sobre Aritmética. Usted también sabe que cinco por cinco son veinticinco, ¿no es verdad? Sí, eso también lo sabe usted. Y así continuó hasta que dijo a la señora: Puede usted retirarse (...). Propuso un aprobado. No hubo discrepancias".

El compromiso político del autor de "Soledades" maduró durante sus años segovianos. Eran tiempos convulsos: la desintegración del sistema canovista, la dictadura de Primo de Rivera, la cuestión africana... El 11 de febrero de 1926 su firma aparece estampada en el manifiesto de Alianza Republicana, el alegato que los distintos grupos republicanos rubricaron en favor del advenimiento de un nuevo régimen basado en el respeto a los derechos de los ciudadanos, la sujeción a la ley de todas las instituciones y la supremacía "indiscutible" del poder civil. Antonio Machado pertenecía a Acción Republicana, el partido de Manuel Azaña y José Giral, y en 1931 encabezó el acto de presentación de la Agrupación al Servicio de la República, que se celebró en el teatro Juan Bravo dos meses antes de la marcha de Alfonso XIII. Ortega y Gasset, Pérez de Ayala y Gregorio Marañón estuvieron con él.

Durante los gobiernos de Berenguer y Aznar, el café de La Unión, en la calle Juan Bravo, fue punto de encuentro de los elementos republicanos locales; de hecho, de sus veladores salió la candidatura al Ayuntamiento de Segovia que triunfó en las elecciones del 12 de abril de 1931. Dos días después, Machado y los suyos asistían a la colocación de la bandera tricolor en el balcón de la Casa Consistorial, acto que forma parte de la memoria más querida del republicanismo español, del mismo modo que su encuentro con Pilar de Valderrama (la musa Guiomar), en el vestíbulo del hotel Comercio Europeo, ocupa un lugar destacado en la intrahistoria de nuestra literatura.