El legado de Ezequiel González

El legado de Ezequiel González
/ ILUSTRACIÓN: SUSANA SAURA
  • El filántropo dejó valiosas obras de arte

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Uno de los hombres que mejor personificó la Sociedad Económica Segoviana de Amigos del País, no solo por haber sido su presidente durante muchos años, sino también por su talante benefactor y patriota, fue Ezequiel González (1818-1903), ilustre prócer segoviano, cultísimo y devoto viajero, coleccionista de obras de arte y filántropo convencido. Hoy, casi ciento catorce años después de su muerte, continúa en boca de todos gracias al paseo de Ezequiel González, pero poco –o nada– se sabe de la vida de este espíritu inquieto que financió de manera desinteresada la apertura y sostenimiento de unas escuelas para niños pobres en el barrio del Salvador y legó una impresionante colección de objetos de arte, esculturas y antigüedades al Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, actual Mariano Quintanilla. Solo en el ámbito del instituto, donde se conservan estas obras de arte, las generaciones actuales recuerdan con auténtica devoción a quien deben parte de lo que son.

Ezequiel González de la Bodega nació en Segovia, en 1818, en el seno de una familia de burgueses asentada en el barrio del Salvador. Ejerció como abogado del Ilustre Colegio de Madrid y llegó a presidir la Diputación Provincial de Segovia. Liberal de vieja cepa, González encabezó en Segovia la Gloriosa, la revolución que en septiembre de 1868 acabó con el reinado de Isabel II, junto a otros notables progresistas segovianos, como Valentín Gil Vírseda, Vicente Ruiz, Manuel Entero o su propio hermano Siro Mariano González. Mantuvo una gran amistad con Juan Prim, Práxedes Mateo Sagasta y otros prestigiosos elementos de la revolución. Ya durante el periodo de la Restauración, permaneció alejado de la política activa, dedicando todo el tiempo a su labor al frente de la Económica Segoviana y a viajar por el extranjero, donde tuvo el privilegio de conocer otras culturas y civilizaciones (que se sepa, disfrutó de largas estancias en Italia, Egipto, Turquía y América) y pudo adquirir muchas de las obras que poco a poco fueron dando forma a una notable y variada colección: bustos, esculturas, relieves, armas, tapices, vestuario y otras alhajas.

Fue un firme defensor del patrimonio histórico y artístico segoviano. De hecho, el comienzo de la restauración del Alcázar tras el incendio de 1862 se debió en parte a su empeño y concurso, y no dudó en enfrentarse al Ayuntamiento de Segovia en una furibunda y a la vez brillante campaña para salvar la Puerta de San Martín de la demolición, aunque, en este caso, sus esfuerzos resultaron inútiles. Desde la presidencia de la Económica, González supo recabar asimismo beneficios para el pueblo segoviano.

Un año antes de su fallecimiento, en 1902, González donó de su peculio cincuenta mil duros para la puesta en marcha y mantenimiento de una escuela de niños pobres, que abrió sus puertas en la plazuela del Salvador, barrio donde el filántropo residía. A su muerte dejó como patrono de estas escuelas gratuitas a la Diputación Provincial y legó al instituto de Segunda Enseñanza todas las obras de arte de su propiedad, con el fin de que pudiera constituirse un museo provincial de escultura, el llamado Museo González, y enriquecer así el árido panorama cultural y educativo segoviano. Los fondos del museo se encuentran hoy día en el IES Mariano Quintanilla.

Murió el día 6 de noviembre de 1903. Su entierro constituyó una auténtica manifestación de duelo popular. Los niños de las escuelas que él financió acompañaban la comitiva fúnebre. El ‘Diario de Avisos de Segovia’ reprodujo entonces una breve semblanza que ya le había dedicado un año antes con motivo de la apertura de las escuelas en el barrio del Salvador: «Sus nobles empeños y sus fecundas iniciativas se han dejado sentir varias veces en provecho de los intereses generales de Segovia», escribió el periódico local.