«Lo de este fin de semana ha sido descomunal»

Unos vecinos de La Estación comentan lo sucedido.
Unos vecinos de La Estación comentan lo sucedido. / A. de Torre
  • Los vecinos de La Estación de El Espinar no recuerdan algo parecido

Que lo vivido y sufrido es algo extraordinario, sí. Que más de treinta horas seguidas de tromba de agua no es normal, también. No cabe duda. Ni siquiera para algunos vecinos que ya vivieron hace años una situación similar, pero no tan grave. «Nevó mucho y luego calentó y llovió y, claro, hubo riadas». Pero lo del fin de semana ha sido «descomunal», explica Manuel. Ayer se juntaba con otros residentes del núcleo de La Estación del Espinar para comentar lo sucedido y evaluar causas y consecuencias. Antonio añadía en este intercambio de opiniones a pie de calle que «se habían desbordado los riachuelos» y que «creía que la fuerza de la riada se llevaba mi coche». Los dos coincidían en el mismo dicho: «El problema es querer poner puertas al campo».

¿Qué es lo que quieren decir? Pues que no están muy de acuerdo con la política urbanística desarrollada en la zona.

Un riachuelo 'entubado'

Manuel señala con el dedo la ladera de la montaña a cuyos pies está La Estación del Espinar y en cuya falda se han levantado edificaciones. «Por ahí había un riachuelo, pero construyeron e hicieron una canalización para que fuera por ella». Bosquejado uno de los motivos, este vecino reclama que se sea «más racional» a la hora de planear dónde se puede construir. Por ejemplo, «en la ladera no se ha cuidado mucho y presenta sus problemas». Manuel confía en que la riada de destrucción sirva de escarmiento y lección. «Espero que seamos más conscientes y que se den por enterados de lo que puede pasar; ante todo hay que prevenir y defender el medio ambiente».

Antonio, por su parte, incide en que ese arroyo que pasaba antes por aquella zona se recondujo por un tubo que se instaló en la vaguada que separa la montaña de la zona residencial que ahora ha padecido el castigo de las inundaciones. «Cuando baja mucha agua y la rejilla queda tapada con todo lo que arrastra, entonces ya no traga nada y se desborda y se producen inundaciones en la zona de la vereda».

Carreteras abiertas

Por otra parte, la Diputación reabrió a primera hora de ayer la carretera SGV-3131 entre Marugán y Abades, que permanecía cortada por la crecida del río Moros a la altura del puente de Allas. Más tarde se despejó la SGV-3312 entre Garcillán y Carbonero de Ahusín, que la institución se vio obligada a cortar en la noche del lunes por el desbordamiento del Eresma.

Mientras tanto, la última información de Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) advertía en la tarde de ayer de que el cauce del Eresma alcanzaba el nivel de alarma a su paso por los términos de Coca y Bernardos.