La asistencia del futuro

Residentes de la unidad de convivencia En mi Casa del Centro de Servicios Sociales La Fuencisla.
Residentes de la unidad de convivencia En mi Casa del Centro de Servicios Sociales La Fuencisla. / A. de Torre
  • Tres centros para mayores de la provincia cuentan ya con unidades de convivencia, que permiten vivir en la residencia como si fuera el propio hogar

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Los pequeños detalles se notan en la estancia. Luces cálidas, decoración personal y un ambiente agradable acompañan el espacio. Es lo más parecido a entrar en una vivienda cualquiera en vez de en una residencia de mayores. Son las denominadas unidades de convivencia, una experiencia que comenzó hace ya cuatro años en la región y que consiste en habilitar, dentro de una gran residencia, espacios más pequeños en los que conviven un número reducido de personas mayores, que reciben una atención más personalizada en zonas comunes adaptadas y con profesionales de referencia, siempre los mismos.

En Segovia arrancó de manera piloto en abril de 2013 en la residencia de ‘Prádena Salud’ y desde entonces, no ha parado de crecer, lo que hace indicar que se consolidará como servicio de atención a las personas mayores del futuro. «Lo que hemos observado es que las personas que conviven en estas unidades, están mucho mejor desde todos los puntos de vista, que en un centro tradicional», destaca el delegado territorial de la Junta de Castilla y León en Segovia, Javier López-Escobar.

El modelo de atención ‘En mi casa’ se desarrolla en una doble vertiente: unidades en estancias diurnas o centros de día y las unidades de convivencia en residencia. Este último caso se encuentra implantado en la provincia en tres residencias donde hay tres unidades de convivencia con un total de 40 plazas: el centro para mayores ‘Prádena Salud, con 14 plazas, el centro de servicios sociales La Fuencisla, residencia asistida de personas mayores de la Diputación Provincial, con 14 plazas y la residencia ‘La Alameda’, también de la Institución Provincial, en Nava de la Asunción, con 12 plazas. Aunque en este centro, «están realizando las oportunas obras de adaptación para integrar un nuevo ‘hogar’ en la residencia y poner en marcha la segunda unidad de convivencia», apunta el delegado.

Es en estas residencias, cuando los residentes deben permanecer las 24 horas del día en el centro, cuando tienen la posibilidad de vivir en unidades de convivencia estructuradas para aproximadamente 12 personas, con la idea de que sientan la residencia como su hogar. En estos centros donde están implantadas, los usuarios disponen de habitaciones individuales con baño privado, y comparten entre ellos cocina, comedor, sala de estar y rincón de lavado. «La unidad funciona bien y los participantes están contentos, con un ritmo más tranquilo», apunta la directora de Prádena Salud, Nuria Alberquilla.

Decoración propia

Todo transcurre en un ambiente cálido, donde se huye de elementos institucionales, como uniformes, y donde los residentes han decorado y personalizado su habitación con sus elementos preferidos ya que «aquí no ven gente uniformada, tienen una persona de referencia que les conoce y atiende y que se ocupa de su plan de vida de lo que necesita», destaca el delegado territorial.

De hecho, el funcionamiento de estas unidades no sólo es arquitectónico o ambiental, sino también organizativo. La atención es personalizada pero con un objetivo muy claro: se busca siempre la máxima autonomía de la persona mayor. Para lograrlo, los residentes pueden elegir las actividades que realizan, ajustadas a sus gustos o el estilo de vida que llevaban con anterioridad a vivir en el centro; los horarios en los que desempeñan esas actividades diarias, a qué hora se levantan, pasean, leen, se acuestan; su propia imagen (cómo se visten, se peinan o qué complementos utilizan) y el menú. El objetivo primordial es hacer de esta vivienda alternativa un lugar grato y confortable, lo más parecido al propio hogar, en el que la persona sigue manteniendo el control de su vida, se respetan sus derechos y decisiones, y no se interrumpe de forma brusca su proyecto y modo de vida anterior.

La experiencia del programa En Mi Casa tiene beneficios notables no sólo para la persona que está en el centro sino también para sus familiares porque pasan a ser parte muy activa al integrarse en la vida cotidiana. Con este programa se ha corroborado que algunas familias realizan más visitas y juegan el mismo papel que en una casa, al acompañar y ayudar al familiar, por ejemplo, para hacer la compra, o con detalles tan importantes como «en Navidad, que llevan manualidades que les hacen», destaca la directora del centro de Servicios Sociales de La Fuencisla, Carmen Galán. La implicación también se percibe en días especiales porque «si es el cumpleaños llevan dulces para todos».

Las unidades de convivencia buscan aplicar la nueva atención desde la perspectiva de unos valores éticos como la dignidad y la autodeterminación. El objetivo final es acabar con el concepto tradicional de residencia, en la que los usuarios viven de una manera impersonal.

Otros que también tienen cambios son los profesionales, que adoptan nuevos roles. Cada residente cuenta con un coordinador personal de referencia que le presta atención directa y estable, y hace un seguimiento individualizado de sus rutinas y cuidados. Los profesionales, que en el caso de la residencia del centro de servicios Sociales de La Fuencisla están coordinados por la psicóloga Lara López, demuestran siempre «una gran implicación», como comenta la directora del centro. De hecho, en todos los centros, estos profesionales deben tener una visión global de la persona mayor, de su historia de vida (quién es la persona, sus capacidades o su modo de vida) y de su proyecto de vida (qué quiere ser y hacer la persona, sus sueños o sus intereses). Y después de recabar toda esa información, elabora un plan de vida de la persona y mantiene informados a los familiares para que estos participen y se impliquen en la atención de la persona mayor.

La otra posibilidad del modelo de atención En mi casa son las unidades en estancias diurnas o centros de día. En esta opción, las residencias se convierten en centros multiservicios, que abren su oferta de servicios profesionales a las personas mayores que viven en la zona, con el objetivo de que puedan permanecer en sus domicilios el mayor tiempo posible. En la provincia, hay 75 plazas de estas características repartidas en la residencia Prádena Salud, en la residencia asistida de la Junta y en la Mixta. Allí los mayores también sienten la atención de sus necesidades y de la promoción de su autonomía personal porque, a juicio de López-Escobar, se les abre «el abanico de posibilidades». De esta manera, pueden acudir al centro a tomar un café o a comer, a dormir un fin de semana o llevar su ropa a la lavandería del centro. Y siempre de forma flexible y ajustada a las necesidades de los usuarios.