Un ilustrado para el ejército español

Un ilustrado para el ejército español
/ Ilustración de Susana Saura
  • El conde de Gazzola creó y organizó el Real Colegio de Artillería

El italiano Felice Gazzola figura en la historia de Segovia por haber sido fundador e impulsor del Real Colegio de Artillería, centro que sigue en funcionamiento –con el nombre de Academia de Artillería– casi doscientos cincuenta y tres años después. Bajo su mando, el Real Colegio emergió como un centro educativo puntero y de primer orden, que alcanzó gran prestigio gracias a su excelente organización, las materias impartidas y el extraordinario nivel de profesores y alumnos. El Real Colegio de Artillería es otra de las grandes obras que el siglo XVIII, el Siglo de las Luces, dejó en Segovia.

Gazzola nació en Piacenza (Italia), el 25 de octubre de 1699. Era hijo de Giovanni Angelo Gazzola, aristócrata, general gobernador de las Armas de Piacenza y embajador de los duques de Parma y Piacenza. El empleo del padre, que obligó a la familia a itinerar por distintas cortes europeas, favoreció la formación del joven Felice, que fue acumulando una vasta cultura y absorbiendo poco a poco las ideas de la Ilustración que florecían en Europa. Durante cinco años, entre 1745 y 1750, dirigió Gazzola uno de los primeros proyectos arqueológicos de la historia, la investigación de las ruinas de Paestum –halladas en aquella época–, que contó con hombres tan cualificados como Sabatini, Natali, Magri y Bertolozzi.

Cuando, en 1761, el rey Carlos III encomendó al ilustrado italiano la reforma de su artillería, Gazzola gozaba ya de méritos incontestables. El monarca, que acababa de llegar al trono de España, conocía a Felice de su etapa en Parma y Nápoles y sabía que era la persona mejor preparada para ejecutar el proyecto que tenía en mente. Para que Gazzola contara con todo el carisma y la fuerza que la reforma requería, Carlos III le confirió el mando del ejército: el 2 de agosto de ese mismo año fue nombrado teniente general de los Reales Ejércitos y, poco después, inspector general de Artillería.

No tardó el sabio italiano en ponerse manos a la obra y en 1762 hizo público su proyecto, "Reglamento del nuevo pie en que Su Majestad manda se establezca el Real Cuerpo de Artillería", documento que preveía la creación de un colegio en el que habían de formarse –y formarse bien, bajo principios ilustrados– los caballeros cadetes, nuevos oficiales del Arma. El Real Colegio de Artillería, instalado en las dependencias del Alcázar de Segovia, echó a andar el 16 de mayo de 1764, bajo la dirección del propio Gazzola, que cuidó hasta el extremo la selección de los profesores, consciente como era de la responsabilidad contraída y de la confianza que en la empresa tenía depositada el mismísimo rey de España. Al frente del cuadro docente colocó a una persona muy especial, el jesuita Antonio Eximeno, hombre sabio y polifacético a quien correspondió la lectura de la lección inaugural. Al margen de materias como Cálculo, Geometría, Mecánica, Fortificación y Artillería, Dibujo o Esgrima, los alumnos del Real Colegio, cuya edad oscilaba entre los doce y los quince años, debían hacer frente a la instrucción con los materiales propios del Arma en sesiones que se desarrollaban en la plazuela del Alcázar o en la Dehesa. En muy poco tiempo, el Real Colegio de Artillería se convirtió en una prestigiosa academia militar. Los conocimientos que adquirían en sus aulas hacían de los artilleros españoles excelentes ingenieros. El Real Colegio de Artillería permaneció en el Alcázar hasta 1862. El incendio ocurrido en marzo de ese año obligó a trasladar las clases al antiguo convento de San Francisco.

Gazzola recibirá otros encargos del rey, como la decoración del Salón del Trono del Palacio Real de Madrid, pero el motín de Esquilache supuso, en cierto modo, el ocaso de los consejeros italianos de Carlos III, que fueron perdiendo influencia. El conde de Gazzola, Sparavia, Cereio, Landi y Mazineso murió en Madrid, el día 5 de mayo de 1780. Tenía ochenta años.