El padrón se hunde con la pérdida de extranjeros

Una mujer musulmana observa a un par de niños de la misma nacionalidad.
Una mujer musulmana observa a un par de niños de la misma nacionalidad. / Antonio de Torre
  • En los últimos cinco años, la comunidad inmigrante asentada en la provincia de Segovia ha sufrido cerca de 5.000 habitantes

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Al leer esta información puede que empiecen a sudar frío. No se asusten por las cifras, solo les ayudarán a comprender mejor el punto de desesperación y las llamadas de auxilio de los pueblos. La provincia, incluida la capital, está en una encrucijada demográfica. Los datos del Instituto Nacional de Estadística a 1 de enero de 2016, recientemente publicados por el organismo oficial, dan la razón al presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, en su petición sobre la financiación autonómica.

También se la da a las fuerzas políticas gobernantes o en la oposición; a instituciones y colectivos; a los agentes sociales y económicos, y al resto de voces que llevan tiempo con el botón rojo de la alerta apretado y encendido. La provincia se va quedando lenta pero paulatinamente deshabitada. Los últimos en dar el toque de atención, la directiva de la patronal segoviana.

El primer guarismo obligado es situar cuántos ciudadanos conforman el padrón. La fecha de referencia es el 1 de enero de 2016. No es baladí, ya que el padrón que figure ahí, publicado por el Boletín Oficial del Estado, va a afectar directamente a los ingresos que perciban los ayuntamientos vía la Administración General del Estado. Ese guarismo no es uno más. Al fin y al cabo es la base sobre la que se definirán las aportaciones a cada municipio en las transferencias de participación en los ingresos generales del Ejecutivo central. Hace un año la provincia contabilizaba 155.652 habitantes. En los doce meses precedentes perdió 1.918 residentes.

471 bajas en la capital

Este dato es otro que merece ser subrayado en color rojo de alerta. La media de la sangría demográfica durante todo el ejercicio 2015 fue de algo más de cinco vecinos diarios. Y fallan si creen que la capital salva el tipo y que son solo las zonas rurales las más damnificadas por esa progresiva desertización. Y no todas. Segovia, la capital, se dejó por el camino de 2015 un total de 471 empadronados inscritos. Pasó de 52.728 a 52.357. Conviene matizar que la ciudad ha atenuado esa caída de población en comparación con otros cursos no muy lejanos en los que llegó a perder entre ochocientos y mil vecinos anuales.

No es consuelo. De hecho, desde los años ochenta no se conocía un padrón capitalino tan exiguo. Por otra parte, el padrón provincial también ha viajado en el tiempo y hacia atrás. Seis años seguidos con la curva descendente le conducen a niveles de 2005, precisamente un ejercicio en el que empujón del fenómeno de la inmigración propulsó las cifras de población tras unas subidas más modestas en años anteriores que parecieron preparar lo que se avecinó a mediados de la década pasada.

La cifra de extranjeros que asentaron su residencia en la provincia pasó de los 1.492 con los que empezó el siglo a más de 21.000 entre los cursos 2009 y 2012, ambos inclusive. A partir de ese año el fenómeno de la inmigración se desinfla poco a poco, pierde fuelle y deja a la vista las costuras de la emigración emprendida por los autóctonos hacia otras provincias e incluso a otros países.

Saldo migratorio

Otro dato, este sí invita a un leve optimismo, es que en el primer semestre del año pasado, el INE registra un saldo positivo en el movimiento de población. En los seis primeros meses de 2016 entró más gente de la que se dio de baja en el padrón de la provincia. En concreto, 396 inmigraciones procedentes del extranjero, frente a 273 salidas de segovianos al mundo.

Desde 2008, solo hay tres excepciones que confirman la regla del saldo migratorio negativo. El citado curso y 2010 y 2011. Esto quiere decir que en los últimos cuatro ejercicios completos que analiza la serie histórica del Instituto de Estadística, las despedidas han ganado a las bienvenidas. La comunidad extranjera empadronada en la provincia la componen 16.774 (a 1 de enero de 2016). En solo un lustro, esta población inmigrante que había tirado de la locomotora demográfica ha perdido 4.954 ciudadanos. A una media de casi mil bajas por año.

El peor comportamiento se localiza entre 2012 y 2013. En dicha anualidad, los números rojos del saldo migratorio alcanzaron las 956 unidades. Es decir, que mientras la afluencia de extranjeros se quedó en 615 altas, las emigraciones al extranjero sumaron 1.571 bajas.