SOS del obispo ante la falta de curas

El obispo de Segovia, César Franco, este miércoles.
El obispo de Segovia, César Franco, este miércoles. / A. de Torre
  • César Franco lamenta la repercusión en al diócesis de la falta de vocaciones

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La falta de vocaciones y las jubilaciones que se han registrado en los últimos años han provocando que cada vez haya menos sacerdotes en las diócesis españolas. Segovia, a pesar de que en siglos pasados fue cuna de seminaristas, no es una excepción de una situación que se repite por toda la geografía nacional.

Una circunstancia que preocupa a los responsables de la diócesis de Segovia, donde se vive una situación de «enorme escasez» de sacerdotes, según reconoció ayer el obispo de Segovia, César Franco, en el tradicional desayuno navideño que ofrece a los medios de comunicación para felicitar las fiestas. La situación se repite desde hace años por la crisis de vocaciones, lo que provoca que los sacerdotes están sobrecargados de trabajo ya que muchos religiosos tienen que atender «siete u ocho pueblos», además de atesorar cargos de responsabilidad diocesana, que en circunstancias normales serían «incompatibles», puntualizó.

Sin embargo, en Segovia no se está para elegir y es necesario adaptarse lo mejor posible a esta situación para poder atender en condiciones las 339 parroquias, que están diseminadas por los pueblos de toda la provincia.

En la actualidad, existen en activo unos 120 sacerdotes que se esfuerzan para llevar la palabra de Dios a todos los puntos de la provincia. De hecho, en los últimos años se les han unido «un grupo de sacerdotes procedentes de otras diócesis» .

Un número reducido al que se añade un handicap importante, la edad avanzada de los religiosos, que se sitúa en una media de «setenta y pico años», puntualizó Franco. Incluso el obispo, reconoce que aunque la edad de jubilación de los curas es de setenta y cinco años «si me presentan la carta de dimisión y están bien no se la acepto», apuntó.

«Un rayo de luz»

La carencia de sacerdotes se suple con un buen número de laicos, a los que la iglesia recurre donde no puede llegar el sacerdote. Según Franco, están promocionando la escuela de formación de laicos, donde importen cursos, para poder formar a estas personas y «queremos que adquiera fuerza». Ellos realizan la celebración de la palabra y están autorizados a dar la comunión. Su función es esencial para que los pueblos estén bien atendidos aunque «no pueden decir misa, pero así vamos cubriendo estas necesidades», explicó el obispo. Sin embargo, entre toda esta situación, la diócesis de Segovia cuenta con un rayo de luz porque este curso han reabierto el seminario menor, que llevaba cerrado desde el año 2000.

Para Franco, es un un lugar de referencia para que a todos aquellos niños, adolescentes y jóvenes, si alguna vez se les pasa por la cabeza ser sacerdotes, tengan un lugar donde se les acoge y educa. De momento, está integrado por seis chavales con edades comprendidas entre los doce y catorce años, que de lunes a viernes estudian internos y los fines de semana los pasan con su familia.