El Norte de Castilla

Tres fines de semana de vino y rosas

Participantes en una cata del Otoño Enológico. Diego Gómez
Participantes en una cata del Otoño Enológico. Diego Gómez
  • He vuelto a comprobar que el vino es un antioxidante neuronal fantástico que nos sitúa en estadios placenteros, siempre y cuando lo consumamos desde la moderación

No he estado en todas, pero tampoco me he perdido en las que tenía que constar. He sido uno de los dos mil apasionados que ha participado en alguna de las veintenas propuestas de la Fundación Caja Rural de Segovia, que han tenido al vino y a la gastronomía, a la gastronomía y al vino (tanto monta, monta tanto), como grandes protagonistas de veladas, catas y degustaciones inolvidables, repartidas por toda la geografía capitalina con embajadas provinciales en Carbonero El Mayor (Los Mellizos) y en Peñafiel (Pago de Carraovejas). He visto caras expresivas tras los balsámicos emanados de una copa de cristal; rostros abducidos por la armonía entre bocado y vino, o cuerpos relajados tras saborear un tinto y escuchar la voz frutal de Henar López o las aterciopeladas melodías del dúo Both of Roth.

Y he vuelto a comprobar que el vino es un antioxidante neuronal fantástico que nos sitúa en estadios placenteros, siempre y cuando lo consumamos desde la moderación, que otras bebidas no son capaces de aportar. Eso lo he comprobado a partir del prisma lógico de admitir al vino como algo más que una bebida; de sentirlo como una cultura ancestral, identitaria, tradicional y con profundas raíces umbilicales entre ayer y hoy sin olvidar la proyección de mañana.

Pero no podemos pensar en la VIII edición del Otoño Enológico sin tener las garantías de que Beatriz Serrano y Prudencio Mateo, directora y secretario de la Fundación Caja Rural, respectivamente, van a estar al frente de este evento que compite ya en popularidad local con otros programas culturales capitalinos de relevancia nacional e internacional como Titirimundi, Hay Festival o Muces, si bien es cierto que entre estos apoteósicos acontecimientos culturales y la fiesta del vino distan años luz en seguimiento y participación ciudadana, pero todo se andará.

Sin embargo, no puede esperar un reconocimiento explícito de la restauración y hostelería hacia el equipo que lidera Serrano, porque siete años intentando convencer a los segovianos (y a tenor del seguimiento, consiguiéndolo) de los beneficios del vino, bien merece el premio y el agradecimiento de todo el sector, nunca antes señalado tan profusa y acertadamente desde que se pusieron en marcha los Otoños Enológicos de Segovia, que ni los más entusiastas vaticinaban una permanencia tan longeva que, hoy por hoy, la Fundación ya está pensando en la organización de la VIII edición.