El Norte de Castilla

«Nos gusta cuidar de las personas mayores, es una vocación»

Marisol Martín  y Lola Galayubero. El Norte
Marisol Martín y Lola Galayubero. El Norte
  • Marisol y Lola acaban de recuperar el centro de día de Escalona del Prado, cerrado desde hace 10 años, con la intención de ayudar a las familias de la Campiña a atender a sus mayores

De trabajar en el bar de la plaza de Mozoncillo y en una granja de vacas en Escalona del Prado a gestionar un centro de día que aspira a dar servicio a todos los ancianos de la Campiña Segoviana que lo necesiten. Es el recorrido de Marisol Martín (44 años) y Lola Galayubero (51 años), que acaban de inaugurar el Hogar del Bienestar en Escalona.

Marisol comenzó su andadura profesional trabajando en el Bar de Paco («Paco era mi abuelo», cuenta) para luego encaminar sus pasos hacia el cuidado de ancianos como auxiliar de geriatría para diversas residencias y hacia la ayuda a domicilio. Lola ha trabajado 20 años como encargada en la granja de vacas familiar: «con mi padre y con mi hijo atendíamos a unas 100 vacas de ordeño del 1 de enero al 31 de diciembre y desde las 5 de la mañana hasta las tantas de la noche, nunca se libra», dice. Lola confiesa que no ha parado de trabajar «desde muy pequeña». El momento en que su destino profesional confluye con el de Marisol es cuando comienza a acudir a cursos y a obtener títulos de geriatría gracias a los que trabajará durante 8 años en distintas residencias.

Su proyecto consiste en poner en funcionamiento el centro de día de Escalona, dotarlo de médico y fisioterapeuta y ofrecer todo tipo de servicios a los mayores de la zona. Entre ellos, destacan las tareas cotidianas que muchos no pueden afrontar, como la comida y la limpieza. «Queremos dar un servicio de catering para el día a día, que vengan aquí a comer y que se puedan llevar la cena, o llevársela nosotros. Y, también, ofrecer servicio de lavandería: les recogemos la ropa, se la lavamos, se la planchamos y se la entregamos», relata Marisol, que señala como uno de los principales valores de su empresa la flexibilidad: «abrimos todos los días hasta la hora que haga falta, si alguien quiere recoger a su familiar a las 9,30, aquí estaremos».

La idea surgió en el otoño de 2015 «en una conversación tonta sobre lo que podríamos hacer. Entonces no pensábamos que íbamos a llegar a nada», relata Lola, que cuenta también que el impulso que se necesitaba para convertir una charla en una empresa se lo dio José Luis Sanz, diputado provincial y vecino de Escalona. «José Luis me dijo que esto era una cosa que no les había pedido nadie, porque el centro llevaba 10 años cerrado -explica Marisol-. Nos dio cita para noviembre, nos pidió que lleváramos a la Diputación un plan de viabilidad y cuando lo hicimos les encantó».

A partir de ahí no todo fue fácil. Para empezar, las cosas se retrasaron: «hubo muchos tropiezos con los papeles, queríamos abrir en primavera y abrimos en noviembre. Contratamos a un gestor que no nos lo llevó bien. José Luis nos recomendó a otro que en 20 días nos lo ha resuelto todo», cuenta Lola. Con los retrasos, aumentaron los gastos y varias de las socias iniciales se descolgaron del proyecto, que ahora es solo de Marisol y de Lola.

Pero el Ayuntamiento, la Diputación y su entorno familiar les apoyaban, así que decidieron seguir adelante. «El mejor consejo que nos han dado es que tengamos paciencia, que no decaigamos y que sepamos que los principios son malos para todos. El ánimo, la alegría y las ganas no se nos han quitado», expone Lola apenas una semana después de una fiesta de inauguración que reunió en el centro a cerca de 250 personas, numéricamente más de la mitad de la población de Escalona.

El Hogar del Bienestar cuenta con una sala de ocio, un comedor con dos turnos (para los válidos y para los que no se las apañan tan bien), una zona de fisioterapia con camilla y un despacho médico. Pero, sobre todo, para las dos socias es un lugar de encuentro para los mayores, un espacio donde poder estar a gusto comiendo o tomando un café.

«Nos gusta cuidar a los mayores, es una vocación», explica Marisol. Lola coincide en que «nos gustan las personas mayores, somos cariñosas, quizás porque cada una hemos tenido que cuidar de algún familiar». «Yo, llevo toda la vida detrás del mostrador tratando con la gente –añade Marisol– especialmente con los abuelillos. Si tú les das cariño, ellos te dan cariño. Cuando estoy cuidando a los mayores, me siento realizada». Ambas comparten la experiencia de tener que irse de una residencia de ancianos al finalizar su contrato y notar la tristeza de la despedida. «Lloraban ellos y lloraba yo», dice Marisol.

Ser mayor en Escalona no está mal, tal y como explican. «Tienen sus reuniones por las mañanas, da gusto verles ahí, en La Viga (los soportales de la plaza)», destaca Marisol. «Hablan de una cosa uno y de otra otro, que si esta tierra ha nacido o no, que si va a llover, que si este año el campo qué bien va o qué mal va…. La vida de ellos es pasear, juntarse en la plaza, algunos se van a por el pan o a un recadillo al que les manda la mujer… En verano se animan más, tienen un camino para dar un paseo, van a misa o a la piscina y todo se pone muy bien de gente. Ahora, en invierno, se quedan en La Viga, se van a echar la partida a un centro de jubilados que tiene el Ayuntamiento y en dos o tres horas se vuelven a casa», explica Lola.

Las dos emprendedoras han estado colgando carteles en las localidades vecinas y confían la promoción de su negocio al boca a boca de las familias de los clientes satisfechos. Quieren asegurarse el futuro, pero también crear puestos de trabajo. Y también creen en la economía de proximidad: aseguran que «gastarán» en el pueblo todo lo que haya; los huevos de Ballesteros, el pan, el queso…

Ahora andan detrás de una licencia multiservicio que les permita ofrecer las seis camas que ya tienen preparadas; quieren gestionar la residencia del espacio aledaño cuando concluyan las obras; pretenden arreglar el jardín trasero como una zona de ocio y tertulia; aseguran que organizarán excursiones; explican que ya han hablado con dos monjas de la zona para que se acerquen a estar con los ancianos los martes y los jueves… Marisol y Lola están llenas de proyectos y saben que lo que viene ahora va a ser un camino duro y «a base de horas» –«al principio, todo lo vamos a hacer nosotras», dicen–, pero creen en su empresa, que, consideran, «es buena para los ancianos, para los familiares y para Escalona».